El gran bosque de asfalto
Por Yizack Montoya
Periodista
El Salvador, de 20.742 kilómetros cuadrados, se ha convertido en uno de los países de América Latina que menos atención le ha prestado a la conservación y protección de sus árboles y medio ambiente.
Pero esto tiene una causa: la construcción de una y otra carretera por doquier –donde antes se oía el trinar de los pájaros- ha hecho que el mapa del país cambie. Su capital, San Salvador, adolece de deforestación enorme.
Cualquier “hermano lejano” que vuelva al país desde la década de los 80 se llevará la impresión de que en su nación, por fin, hay lindas carreteras. Pero, seguramente, regresará quejándose de que el calor es insoportable.
En 2006, el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente sacó a la luz un informe acerca de la protección de áreas naturales en Latinoamérica en el que la tala de árboles en el país está por encima de otras naciones como Chile y Brasil, cuya materia prima la ocupan para la producción industrial.
De acuerdo al informe, de la superficie total del El Salvador, un promedio de 939 mil hectáreas se encuentra talado por culpa de las carreteras Longitudinal del Norte y Anillo Periférico, cuyas construcciones iniciaron de lleno en 1999, bajo la administración del ex presidente Francisco Flores, de ARENA.
En un principio se pretendía que las conexiones viales del Anillo Periférico y otras adyacentes no incluyeran el tanque de oxigeno de San Salvador: Nueva San Salvador. Sin embargo, no fue así y hoy la capital es un verdadero “bosque de asfalto”.
El tramo del Anillo Periférico en el sureste de San Salvador abarca la conexión de la "Carretera de Oro", en Soyapango, con la autopista a Comalapa.
Tiene una longitud de unos 8.5 kilómetros hasta bordear el cerro de San Jacinto.
Las carreteras que atraviesan Nueva San Salvador, por el bulevar Chiltiupán, en Ciudad Merliot, hasta la San Antonio Abad, en el área metropolitana, abarcan entre nueve y doce municipios. Circunvalan en un área de entre 70 y 143 kilómetros cuadrados, con una longitud entre 37 y 61 kilómetros de este a oeste de San Salvador.
Asimismo, La Cima y las zonas cercanas al Boulevard Orden de Malta, en Antiguo Cuscatlán, están totalmente asfaltadas. Todavía en 1997 había frondosas fincas que oxigenaban a los habitantes.
Todo esto ha ocasionado que principales reservorios de agua y oxigeno queden al borde de la deriva.
El desorden genera preocupación
Roberto Rubio, director de Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), explicó que a las autoridades de Medio Ambiente se les escapó de las manos la conservación de los árboles.
“En nuestro país la naturaleza se está muriendo; está desordenada. El libre mercado y la puesta en marcha de la inversión extranjera se convirtió en una mala palabra de planeación, y hoy ya no se habla de ordenamiento territorial, sino de construcción territorial”, dice Rubio.
Se estima que en San Salvador unas 15 mil especies de árboles han desaparecido; asimismo muchas especies de flora y fauna entraron en camino de extinguirse.
Con la destrucción de la Finca El Espino y la construcción del boulevard Diego de Holguín, un área de 4.3 manzanas de bosque eran propiedad de las Alcaldías de San Salvador y Antiguo Cuscatlán.
La alcaldesa de Antiguo Cuscatlán, Milagro Navas, y la de San Salvador, Violeta Menjívar, entraron, el año pasado, en acuerdos estériles, que, al final, siempre dieron luz verde alos tractores en las continuas obras de carreteras.
David Gutiérrez, ex-ministro de Medio Ambiente, renunció al Gabinete al ser multado por Medio Ambiente; pero la erosión de los suelos quedó palpable en Ciudad Merliot.
En febrero 2007 el nuevo Ministro del Ambiente, Carlos Guerrero, dio el permiso ambiental para un campo de golf que requiere la tala de 55 manzanas de bosque en la zona norte de lo que queda de El Espino.
Carlos Umaña, experto en desarrollo territorial para el área metropolitana, indica que hay que entender que “la problemática del ordenamiento territorial está fuera de toda lógica preservista. “Hay un proyecto, hay intereses de por medio con grandes proyectos urbanísticos”, dice, en alusión a las construcciones de carreteras que se siguen realizando en San Salvador.
El asfalto vial
Lo que inició en 2006 con pasos a desnivel en las zonas del boulevard Constitución se ha convertido, en menos de un año, en la inserción de carreteras que conectan directo hasta Ciudad Merliot.
Con ello, se ha destruido a su paso la finca San Antonio Abad, bosques en la zona este de Ciudad Escalón y toda la parte baja del volcán de San Salvador, cuyas faldas ya están en su 75% urbanizadas.
El Gobierno de Antonio Saca asegura que no necesita pedir permiso para talar árboles; pero la Ley Forestal menciona que en el área urbana las únicas instancias autorizadas para dar conseciones de tala son las alcaldías.
Las principales firmas que dan el aval a la construcción de carreteras son: Grupo Roble, Constructora Dueñas, Credomatic y El Club Campestre, cuyos intereses son desmedidamente capitalistas.
“Lo que más necesitamos es una normativa que regule el desarrollo del territorio. O sea, necesitamos una ley de ordenamiento, de desarrollo y ordenamiento territorial. Si en este tema de verdad no nos ordenamos y no nos ponemos de acuerdo todos, va a ser muy difícil realmente tener un país viable”, dice el consultor de medio ambiente, César Rovira. |