El “trajin” de los viajes en bus
Por
Fernando Garay
Periodista
Rítmicos minutos se agregaban a la séptima hora de la mañana del miércoles, en el centro de la Avenida, y de igual manera, una delgada niña de siete años sentada agarrada de la mano de su madre en el transporte público de la ruta 42-A dirigiéndose a un destino como todos los pasajeros de ese mismo bus.
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Foto:
Fernando Garay
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Muchas personas sufren ciertas dificultades al tratar de abordar el transporte público a diario para llegar a su trabajo. |
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Sus ligeros pies apenas y lograban tocar el suelo del autobús, quedaban subtendidos en el asiento, moviéndose al compás del vehículo y de las saturaciones de los pasajeros. Buscó refugio en los brazos de su madre para querer desaparecer del bullicio, del colapso que presentaba el viaje hacia su destino.
De pronto, abrió sus coloridos ojos buscando aquella voz que decía: “Señores pasajeros, nosotros por las buenas venimos a pedir la colaboración de un dólar, de lo contrario abran sus bolsas y echen los celulares y el dinero que anden si no quieren morir”. Metió su mano en la bolsa de su madre y con los ojos llorosos sacó aquél dólar que pedían. Ella ya entendía que los peligros en el transporte público están a la orden todos los días.
Respirando profundamente empezó a sonreír y a jugar con una muñeca que traía en el bolso de su madre. Seguido de varias sonrisas, oía cómo su madre platicaba con doña Juanita: “qué lleno van los buses a esta hora… parecemos vacas todos amontonados aquí”, comentó. Los servidores del colectivo no prevén lo incómodo que van las personas por las mañanas y por la tardes. El 65 y el 70 por ciento de la población salvadoreña recurren al uso del transporte público. “Qué desesperación vivimos todos los pasajeros que frecuentamos el transporte colectivo”, concluía doña Juanita.
Cuarenta y cinco minutos después, María, la niñita, llegó al monumento Salvador del Mundo. Guardó la muñeca. Y observó cómo doña Juanita bajaba del autobús. Desde la ventana le decía “adiós” mientras una estela de humo negro pintaba de gris el resplandor del día. “Buses viejos” dijo su madre.
Son pasadas las ocho de la mañana, secando el sudor de su frente con la manga de la camisa, María con su débil mano agita una bolsa con agua y la bebe. Suspiró profundamente, sus ojos se dirigieron al caos vehicular. Un choque estaba obstruyendo el paso habitual de los automovilistas. Un don murmura “ya llegué tarde” mientras se mezclaba con la bulla del musicón que acompañaba al conductor y los pasajeros.
El sentimiento es único todos los días, parece repetirse la misma historia. Los usuarios de las mil rutas de buses que existen en el país, tienen que pasar por muchas aventuras, atados a muchas violaciones: "Congestión vehicular, mal servicio, contaminación e inseguridad" gastando un 10% de sus ingresos en pasajes, soportando todas estas irregularidades por un servicio que la población paga.
Pasado de algún tiempo del viaje que comenzó en la Avenida del centro de San Salvador “se habrían subido más de 5 vendedores ambulantes, 1 payaso y 4 personas a pedir dinero en bus”. Todos aduciendo que la situación económica en el país esta mala.
Muchos se levantan temprano para llegar a sus destinos, pero en el camino del bus hacia el trabajo, la casa o la universidad, nos encontramos con muchas infracciones de los conductores del transporte público. Reflejando esto, María llega a su destino en la Plaza Merliot y al bajar del bus casi se cae porque el conductor arrancó abruptamente. Llorando mira la ruta 42-A alejarse con un escrito sombreado en la ventana del retrovisor: "Por afuera pura lata, pero en la calle soy tu tata". |