Editorial
De regreso a tierra
La licencia para ser periodistas está a punto de expirar. En un par de semanas nos recogeremos las alas para volverlas a guardar. Pero quizá no todos lo hagan, quizá quede un Juan Salvador Periodista, disperso, herido de muerte (o hasta la muerte) por una pasión hasta ahora inadvertida.
Por lo pronto no voy a negar que el vuelo estuvo lleno de días soleados pero también nos encontramos con borrascas. No es fácil, lo sé. Decir que eres periodista es a veces como una broma de mal gusto y así te tratan: entre el desdén y la desconfianza; pequeños superhéroes que no saben cuál es su lugar.
Sea como sea tuvimos la oportunidad de decir “acción”, de dictar pautas y dejar una leve impresión en este efímero mundo. Y como sucede con los medios de comunicación, la revista se convirtió en un espejo de la sociedad en el que no todo lo que vimos nos agradó y no todo lo que se publicó, cambió.
Tal parece que volamos a ninguna parte. Hoy reporteamos la tala indiscriminada de árboles y mañana también. De cualquier forma no hay manera de aburrirse con semejante país. Sino fuera por los terremotos, las inundaciones de cada invierno, las tormentas con vocación de diluvio, la caza ilegal de animales, pingüinos en hieleras, la corrupción del gobierno, los pleitos entre partidos políticos, niños maltratados, los atropellados, las estafas, extorsiones, secuestros, las manifestaciones, la quema de buses, accidentes, robos, los goles anotados, el concurso de la miss, ancianitas que cumplen 100 años, héroes anónimos, las medicinas perdidas, el premio en el extranjero y carreteras de oro diría que aquí de todo nos podrá faltar menos las noticias.
Ahora las luces se apagan, regresamos al silencio y observamos como la función continúa sin nosotros; y yo que quería volar a mi aire.
Pero no mires atrás, no hay nada que mirar. De todo lo que hicimos, lo que dejamos de hacer y lo que planeamos sólo queda la espuma del mar. Porque todo lo que empieza acaba.
En todo caso todavía tengo mis alas, algún día podremos volverlas a usar. Mira al cielo y recuerda que ese es el espacio que tienes para soñar. Porque aunque nadie te comprenda seguirás siendo un periodista, un narrador de la realidad.
Fue hermoso, por un momento, volver a volar. |
|