La culpa de China
Por Juan Sánchez
Hace poco recibí un correo que explica que la culpa de todos los males no es del Órgano Ejecutivo sino de la misma población. Me hizo sentir que los problemas que acechan al país son nuestra responsabilidad; mía, de mis vecinos, amigos y enemigos. ¿Seremos nosotros? Todo está bien caro. El impulso de andar en bicicleta se acentúa con cada titular que anuncia aumentos de 20 centavos en el galón de combustible. Con los alimentos es la misma historia. El precio de la libra de frijoles del supermercado se incrementó en un 23% en el transcurso de una semana.
¿Será un plan malévolo de Francisco Callejas para aprovecharse de las necesidades fisiológicas de la población? Las gasolineras están disminuyendo sus ingresos, difícilmente es una estrategia de ellos. Tenemos muchos alfileres pero todavía no conseguimos al muñeco de vudú. Bueno, podemos clavárselos a nuestro señor presidente. ¡Maldito Tony Saca! Y, ¿por qué no? ¡Malditos empresarios!
Jaime López Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo, autores de “La Culpa es de la Vaca”, un libro de administración empresarial, explican que las organizaciones son decadentes cuando no se responsabilizan ante los errores de sus mismos miembros. Se refieren a cualquier población, desde casos en empresas hasta casos en países. La teoría explica que la gente, en algunas ocasiones, no tiene la culpa de los problemas, pero necesita una figura tangible para canalizar la frustración. Normalmente el culpable termina siendo algún líder: a ese que todos ven en la punta de la pirámide.
La crisis es mundial. El ritmo del crecimiento económico anual en China es cerca del 10%, hablamos de una población de 1.300 millones de consumidores. En los últimos 20 años, 300 millones de habitantes chinos se incluyen en esa carrera voraz disfrazada de patinaje artístico que se hace llamar "clase media". Ahora tienen las necesidades de cualquier persona con niveles económicos favorables. Se dice que ésta clase emergente ha adoptado la costumbre de tomar vino. La industria vinícola mundial está en decadencia por los flagelos de la sobredemanda. El caso se aplica a todos los granos básicos. Estamos hablando de una clase económica de más de 50 veces la población de El Salvador; eso sin contar a los estratos pudientes del mundo occidental, los veteranos del consumo.
La solución no es tan fácil. La tierra fértil del globo terráqueo ya no está disponible para la siembra de alimentos, parece ser que el biocombustible llegó antes para quitarle el puesto. Algunos economistas alrededor del mundo tiemblan ante la crisis y recomiendan austeridad. No importa. Poco tendrán que ver esas molestias con un país tan pequeño como El Salvador. Acá suben los precios de la canasta básica pero también sube el sueldo mínimo para contrarrestar el impacto. ¡Vamos a comprar nuevos celulares!
El alza en el precio del petróleo se volvió un problema de agenda alrededor del mundo. Tres tangentes son las que desembocan en este tema: la guerra de Irak, la política de energía que propuso George Bush en el 2002 y la demanda de la nueva clase media. En el pulgarcito de América es diferente. La culpa se le atribuye al Órgano Ejecutivo y a los dueños de gasolineras.
Tal vez la crisis era inevitable. Tal vez todo comenzó a finales de los setenta, cuando la China Comunista abrió sus puertas a la industria capitalista e impulsaron el desarrollo económico. Muy lejos de aquí. Sin implicar a ningún actor salvadoreño. El único problema es que, en ese caso, no tenemos a quién culpar. ¿Por qué nadie culpa la muerte de Mao?
No quiero decir que el ejecutivo esté libre de pecado. Las políticas de estado han acentuado la crisis y muchos gremios empresariales sólo cierran su argolla de poder donde algunas personas están haciendo mucho dinero.Sólo con la venta de los bancos, algunos asociados que sólo contaban con un punto porcentual de las acciones vendieron con precios de seis o siete cifras. Mientras tanto, muchos profesionales calificados buscan cumplir el sueño americano y la inversión extranjera cada vez se espanta más ante los índices de violencia. Hay desgaste institucional en las esferas de poder y desgaste económico en las clases trabajadoras.
Casi podemos encontrar a Caín en un gran segmento del pueblo salvadoreño. Siempre quejándose, siempre buscando los defectos en cualquier Abel que logra el éxito individual y lo restriega en la cara de todos los seres que no lograron salir adelante económicamente. Tan bonito El Salvador. Laureles al Edén de la hostilidad. |