“Areneros” por necesidad
Por
Erik Henríquez
Periodista
La práctica de sacar arena de los ríos San Antonio y Güeviapa en San Lorenzo, departamento de Ahuachapán para luego venderla por metros a empresas constructoras, constituye la única fuente de ingresos para unas 20 familias de escasos recursos económicos.
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Foto: Erik Herníquez |
Las condiciones en las que viven las familias suelen ser decadentes debido a que la venta de arena no permite obtener grandes ganancias. |
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Son las cinco de la mañana y don Antonio Ortiz, de 43 años, se encuentra ya de pie para dirigirse a la principal actividad económica que le permite llevar dinero a su casa; de vez en cuando. Sacar arena del río. Lo acompaña el menor de sus cuatro hijos, Luis, quien sin falta acompaña a su papá religiosamente todas las madrugadas.
Ortiz y su familia viven a unos metros del río San Antonio. Un enorme caudal que atraviesa casi todo el departamento Ahuachapaneco hasta ser parte del río Paz. Las lluvias que azotaron por casi una semana dejaron el torrente más lleno que de costumbre lo que hará más difícil el trabajo del “arenero”.
Sin decir palabra alguna, don Antonio se sumerge en las crecidas aguas. La corriente y los palos que trae consigo a causa de las crecientes causan un rugir en el ambiente.
Y como el animal salvaje que espera a que el cazador se acerque para darle el tiro de gracia, el río espera a que, cada día, los areneros extraigan de las profundidades lo que les permite sobrevivir, pero lo mata lentamente. La arena.
“Yo no me meto”, exclamó Luisito. “Está muy helada el agua, mejor le aviso a mi papá si viene la creciente”, argumentó el pequeño de 6 años.Luego, tomó ánimos y decidió observar más de cerca el trabajo de su progenitor ya metido en el agua.“Pues nosotros así nos ganamos la vida.Este trabajo no es chiche. Se cansa y se enferma uno”, dijo don Antonio.
Río abajo, un camión esperaba para ser abastecido por arena.“Después, se va a venir para acá. A mí me encargaron cinco metros”, dijo el arenero. Mientras, no paraba de entrar una y otra vez al caudal.Salía de él con un balde lleno de arena, la cual depositaba a la orilla del río para ir formando los metros que el camión se llevaría.
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Foto: Erik Henríquez |
Generalmente, los niños no estudian por falta de dinero de sus padres. |
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Una muerte lenta
Así como don Antonio, unos 20 hombres más acuden diariamente a los ríos San Antonio y Güeviapa. Lo han hecho, no solo por años, si no por generaciones. “Yo tengo unos 25 años de sacar arena. No me gusta mucho, pero no tenemos otra cosita de donde ganarnos la vida. Tenemos niños y mujeres que hay que darles de comer”, dijo otro arenero conocido solo como “Pacheco”.
Pero la práctica, aunque parezca inofensiva, daña seriamente a los caudales. Según dijo Gonzalo Villalobos, jefe de promoción social de la comuna de San Lorenzo, “sacar arena provoca que el agua se profundice más cada vez y eso hace que el nivel de agua vaya disminuyendo de forma acelerada. Tanto que en pocos años ya se ve el daño”, argumentó Villalobos.
A pesar de ello, poco o nada se ha hecho para evitar que los ríos, se digan dañando. El deterioro al ecosistema es grave, ya que con un caudal bajo, disminuye hasta la reproducción de peces. “Hasta este momento solo se ha podido prohibir eso en algunas zonas del río, donde llega gente a bañarse por cuestiones de turismo”, agregó René Ortiz, técnico ambiental de la micro región norte de Ahuachapán.
Por su parte, Walter Ortiz, Alcalde Municipal del municipio, expresó su punto de vista acerca del problema.“No existe aùn una ordenanza que prohíba sacar arena del río. Solo hay un acuerdo entre los que se dedican a eso a no hacerlo en ciertas zonas. No hay que olvidar que son personas de escasos recursos que se ganan su comida de eso”, argumentó el edil.
Dijo además que “por años se ha visto como el caudal del rió va disminuyendo de forma rápida. Uno que ha visto siempre estos ríos sabe del nivel que deberían tener, pero no podemos quitarle a esta gente la única fuente de ingresos que tienen. El río es importante pero ante todo la sobrevivencia de las familias y sus hijos”.
¿Cazador o presa?
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Foto: Erik Henríquez |
Las crecidas de los ríos suelen ser una dificultad por la cantidad de cuerpos que la corriente arrastra. |
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Nadie, ni los mismos “areneros” podrían definir si la arena de los ríos los beneficia o los aniquila de igual manera que ellos al caudal. Y es que la práctica ha dejado su huella en la falta de salud de aquellos que llevan años ganándose la vida de esta manera. Tanto así, que muchos se han tenido que retirar por distintas dolencias.
Roberto Rodríguez es una de esas personas. Él relató que “los dolores de espalda se convirtieron en artritis. Y el problema es que uno hace un trabajo físico pesado y lo hace adentro del agua, entonces, el cuerpo a la vez que se calienta se enfría rápido”, dijo don Roberto.
Cada “arenero”, se pone la bata de médico para buscarle explicación al por qué de sus dolencias.“Lo que pasa es que a uno se le abren los poros. Cuando los poros se abren entra el agua helada y ahí es cuando uno se enferma de gripes, calenturas, dolor de cuerpo y de artritis. Son cambios bien bruscos”, analizó Antonio Ortiz.
Seguramente el conflicto entre areneros versus ríos, seguirá existiendo por muchos años. Ya que es un enfrentamiento por la existencia, por la vida misma y por las familias que dependen de la arena para poder alimentarse. Aunque esto último sea para lo único que alcance.
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