La soledad del sueño americano
Por Ivonne Vásquez
Periodista
Enclavado entre montañas y repoblado luego de los acuerdos de paz, el municipio de San Antonio Los Ranchos, es uno de los principales exportadores del sueño americano debido a que el 33% de sus 1.500 habitantes se encuentran ya en Estados Unidos trabajando para superar la pobreza de sus familias.
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Foto: Ivonne Vásquez |
A partir del 2005 el flujo de inmigrantes aumentó en el municipio San Antonio Los Ranchos, dejando a su paso secuelas de soledad arraigadas en aquellos que tuvieron que quedarse a cuidar de los suyos. |
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La fría estadística proporcionada por la Alcaldía, determina que si la tendencia continúa ascendente, pronto en el municipio solo se encontrarán niños y adultos.
En aquel lugar, donde el tiempo se detiene, la soledad inunda el aire. Algunas casas han sido abandonadas; otras fueron dejadas al cuidado de familiares de los emigrantes o de personas que reciben uno que otro pago con lo que garantizan un poco más que un plato de frijoles sobre la mesa.
Ahí la realidad se vuelve compleja. La pobreza sigue cobijando algunos hogares y los programas gubernamentales han sido incapaces de crear fuentes de empleos, por lo que se alarga la lista de "hermanos lejanos".
A nivel nacional, según una proyección de la Cancillería, un promedio de 2.8 millones de salvadoreños emigraron, de los cuales 2.5 viven en Estados Unidos.
Dado que la migración "no solo representa nuevas y prometedoras oportunidades, sino que se vuelve un medio necesario para garantizar la supervivencia", aseguró el artículo editorial de la revista Estudios Centroamericanos (ECA), en su edición monográfica dedicada a la migración.
La principal razón es que la agricultura ha dejado de ser rentable, pues "el estado no se ha interesado en restablecerla o ayudar a los agricultores", afirmó José Otilio Serrano, Alcalde del municipio.
Ahora los jóvenes no son productores sino consumidores. Visten ropa de marca. Prefieren el dinero fácil y rápido. No conciben la idea de formar un hogar, de formalizarse. "Aquí los jóvenes al salir de noveno se van para los estados", aseguró Wilber Chávez, quien tiene 15 años de edad.
Conviertiendo a la juventud de Los Ranchos en personas ansiosas de invertir su fuerza de trabajo fuera y no dentro del país, debilitando así la tradición de cosechar la tierra que antes era pasada de generación a geneneración.
Esto sucede porque "la amplia disponibilidad de remesas para importar alimentos y la penetración creciente de las zonas rurales de actividades económicas no vinculadas a la tierra, hacen parecer a la agricultura como irrelevante para el desarrollo nacional", explicó el Informe de desarrollo humano realizado en 2005 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Sin embargo, el impacto de las migraciones no se limita a las remesas. Aun cuando el 22% de los hogares salvadoreños perciban ingresos económicos a través de ellas, los cuales, a su vez, representan para el Banco Central de Reserva el 16% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
También exiten problemas sociales
La desintegración familiar también está afectando al municipio de Los Ranchos. Chávez, por ejemplo, tuvo que despedirse de su madre en Agosto, del 2006, cuando ella decidió viajar al norte. Luego de que su esposo fuera deportado de los Estados Unidos, regresara al país, empezara a emborracharse y decidiera dejarla sin casa, con hijos a quienes mantener, y un empleo que no le permitía ni satisfacer sus necesidades más básicas.
"Ella dijó que quería salir adelantes y entonces se fue. A los trece días nos avisaron que ya iba a llegar, pero esa misma noche nos enteramos de que andaba perdida", aseguró el adolescente.
Su madre anduvo días sin comer, la piel se le pegaba a los huesos, el sol le arañaba el cuerpo, la suciedad le cubría el rostro. Ella soportó las tormentas del desierto donde muchos han muerto dejando atrás solo una historia, con su ropa manchada por la menstruación y el sueño americano quitándole el aliento, que a ratos se convertía en una inhalación de aire caliente que le dolía en los pulmones.
"Lo que pasa es que aquí no hay trabajo ni para los estudiados", aseguró María Murcia de Calderón, de 32 años de edad, quien se enfrenta sola a la tarea de criar a sus tres hijos desde que su esposo no está.
"El se fue a los estados porque no teníamos casa", comenta con la tristeza dibujándole el rostro a cada palabra pronunciada. "la primera vez no logro llegar porque lo agarro la migra. Fue hasta la segunda que pudo", afirmó aliviada.
Por supuesto, estar sola no ha sido fácil. La partida de su compañero de vida influyó mucho en el comportamiento de sus hijos, quienes estaban acostumbrados a convivir con él. El mayor "a falta de papá se empezó a juntar con mareros, hasta ya me le estaban enseñando a fumar", contó Murcia. Mientras el más pequeño lloraba por las noches al recordar la distancia que lo separaba de su padre.
Las fotos que les envia de vez en cuando su progenitor y la esperanza de que "talvez en noviembre", de este año, puedan empezar a construir su propia casa, son los pilares que sostienen su fe de volver a encontrarse pronto, y reconocerse así como una familia otra vez.
De igual manera, a consecuencia de las migraciones muchas familias en San Antonio Los Ranchos se han visto obligadas a adoptar nuevas formas de funcionamiento, aumentando, de forma progresiva, los hogares con jefatura femenina, separando a los padres de los hijos y reasignando roles al interior del núcleo familiar, porque aun cuando las familias receptoras de remesas han podido mejorar la cobertura de sus necesidades básicas materiales, han sido privados "del acompañamiento de sus padres o madres en otras áreas tales como la protección, seguridad; producción y reproducción de normas, valores y actitudes, y el apoyo afectivo requerido para su desarrollo emocional y físico", destacó el Informe sobre Desarrollo humano, del PNUD.
Necesidades en Los Ranchos
Fuentes de empleo es lo que necesita Los Ranchos, afirmó Serrano, ya que es la carencia del mismo la que aumenta el porcentaje de migración del municipio. Debido a que el flujo de remesas no está contribuyendo a crear mayores dinámicas económicas en el ámbito local, sino que, por el contrario, se está perdiendo la mano de obra más productiva.
Ya que a muchos no les importa seguir cargando al hombro la cruz del emigrante. A quien el coyote, en la mayoría de los casos, deja perdido en medio del desierto. Sin nada más que un abrazo en la memoria, el lugares apartados donde algunos, como la hermana de Murcia, le gritan a Dios que por favor la "migra" los encuentre antes que la muerte.
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Las remesas, nueva economía salvadoreña |
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En los primeros tres meses del año, El Salvador recibió 819.6 millones de dólares en concepto de remesas, la cifra es 7.9 por ciento mayor que la del mismo periodo de 2006. De acuerdo con un informe del Banco Central de Reserva (BCR), el flujo marca un nuevo récord para la primera etapa del año.
El BCR destacó que sólo en marzo el flujo de remesas superó los 300 millones de dólares y se situó muy cerca del récord histórico por mes, el cual se registró en diciembre de 2006 con 333.2 millones de dólares. |
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