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Los estertores argumentativos del discurso oficial de Saca

Por: Ivón Rivera
Colaboradora

El desgaste mediático y discursivo de la figura omnipresente y omnipotente de Elías Antonio Saca es evidente. A tres años de iniciado su “reinado”, y con dos aún por seguir, “Tony” ya se jugó casi todas las estrategias retórico-propagandísticas existentes, aunque su equipo de campaña continúe creando slogans progresistas, optimistas y como sacados de un libro de motivación personal.

Saca se reinventa. Lo ha hecho desde su pre-candidatura presidencial en el 2003 al tener mayor y mejor presencia mediática que el mandatario en funciones de ese momento, Francisco Flores. Haciendo una breve revisión de los titulares de los principales medios escritos durante ese periodo, puede observarse una tendencia clara a construir la figura del actual presidente como amigable y familiar. Es desde este momento que comienza su presencia mediática tan avasalladora.

La historia continúa a unos meses de iniciado su gobierno. Saca construye una peligrosa y hasta molesta credibilidad en sí mismo. La estrategia consiste en probar la efectividad de su gobierno con la inauguración de chorritos y con dar la primicia de su programa de salvación a los pobres “Red Solidaria”, entre otras incontables buenas obras de su recién inaugurado gobierno. En este momento se escuda tras la estrategia argumentativa de apelar a su buena voluntad para “salvar” a los sectores vulnerables de El Salvador, específicamente, a las mujeres. El presidente promete a las mujeres salvadoreñas en este momento que “nunca estarán solas”.

La bandera de su segundo año de gobierno es izada con el uso de retórica mesiánica para resaltar el constante y sacrificado trabajo de su cargo. Saca hace creer a la población que a pesar de los embates de la naturaleza, del aumento de los índices delincuenciales, de la carestía de vida y de las fuerzas extrañas y antidemocráticas que dominan el destino macabro del país, “El Salvador vale la pena”. El presidente construye así la idea de que su figura como padre sustituto y sacrificado es necesaria para que este país huérfano y malogrado tenga alguna posibilidad de progresar.

Durante su tercer año de gobierno, el presidente nos vende la idea de que a pesar de haber implantado el Tratado de Libre Comercio y de los rumores de privatización de la salud, él dirige “un gobierno con sentido humano”.

No se discute el éxito mediático del presidente. Su presencia constante y sospechosamente favorable en la cobertura periodística de los principales medios escritos y cadenas televisivas lo comprueban. Su problema no está en que sus “seguidores” y “fanáticos” lo abandonen. Es más, él está envestido con más apoyo incondicional que nunca.

El problema tampoco es el FMLN, el cual, según la cobertura periodística, se empeña en crear grupos de presión y desestabilización en el país. El partido de izquierda, ante la rapidez y astucia propagandística de la derecha, no ha hecho otra cosa que escudarse con el silencio.

El debilitamiento de la figura de Saca es reciente. Viene de su desesperación al “llorar” públicamente y al bajar el perfil de hombre digno, serio y responsable –un hombre de medios que sabe lo que dice y cómo lo dice- para convertirse en un niño que se queja con su madre –el pueblo salvadoreño- de los abusos y travesuras de su hermano mayor –el FMLN-.

El problema es el lenguaje infantil de victimización y tono caprichoso que utiliza cuando se solloza públicamente de que “lo que ha hecho el FMLN es boicotearme de mañana, tarde y noche” (EDH, 8 de mayo 2007, p.2).

El tono de demanda y de condena que siempre ha utilizado ante huelgas y manifestaciones es sustituido por un tono de súplica cuando trata de llamar la atención del pueblo salvadoreño–su mamá- para “que abra los ojos y vean quiénes son los que quieren la paz” (EDH, 8 de mayo 2007, p.2).

Hasta ahora, el presidente salvadoreño, gracias a la buena labor de sus colaboradores y asesores de imagen, había sabido mantener la cordura y la dignidad ante los “ataques” del partido de izquierda. Sus “fieles seguidores”, al enfatizar este tipo de discurso no contribuyen a dar una imagen segura y profesional del presidente; es más, la infantilizan y la desestabilizan más que los raquíticos intentos de oposición de la izquierda.

El tono de este discurso no hace más que enfocar la atención en la desesperación del presidente. No lo hace ver como una figura política estable, sino que muestra la idea de un niño que tiene que recurrir a la manipulación y el chantaje emocional para poder cumplir sus caprichos. Un presidente, por más desesperado que esté, no debe darse el lujo de mostrarse débil y derrotado ante la opinión pública.