Buses, el territorio de los agresores sexuales
Silvia Serrano/Ana Posada
Periodistas
En el transporte público existen acosos y abusos sexuales, especialmente contra las mujeres. Las víctimas señalan las rutas urbanas en San Salvador, como la 5, 42 A, 44, entre las peligrosas. Los casos suceden sin importar edades, y al parecer las autoridades no hacen nada al respecto.
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Foto: Enma González |
El transporte público carece de medidas efectivas que protejan a las mujeres de los hombres, quienes se sienten en la libertad de violentarlas. |
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Rosa Lissette Ramos, de 16 años, estudiante del Instituto Nacional de Antiguo Cuscatlán, departamento de La Libertad, pero residente en la colonia la Santísima Trinidad, del municipio de Ayutuxtepeque, en San Salvador, debe viajar todos los días en la ruta 44. El trayecto dura 45 minutos.
Un día la joven iba en los asientos de la parte de atrás del bus, cuando se subió un hombre, de aproximadamente 35 años. El sujeto se sentó a la par de Ramos, quien con el cuaderno en las manos trataba de estudiar. Luego de unos minutos sintió la mirada de los pasajeros y fue ahí que se dio cuenta que el hombre llevaba el pene afuera, y lo iba sobando. “Sentí miedo”, reconoce la muchacha.
Nadie le dijo nada al pasajero, a pesar de que toda la gente veía lo que iba haciendo. “Ni siquiera el cobrador ni el motorista”, recuerda Ramos. Ella logró bajarse en su parada. Únicamente contó lo sucedido a su mejor amiga, pero a su papá y mamá no para evitarles preocupaciones. “Me daba pena decirles, y por temor a que me regañaran”, acepta la estudiante.
Félix Pereira, motorista de la ruta 44, dice que aunque vean una situación de estas, “no se puede hacer nada, ya que si les decimos a los agresores que se bajen, nosotros corremos peligro. Mejor hacemos como si no nos damos cuenta de lo que está sucediendo”.
Alexandra Valiente, de 35 años, siente miedo de viajar en el transporte público. Lo hace por necesidad. ¿Su ruta? La 5. Un día al salir de su trabajo, tomó el bus y se ubicó en los asientos de en medio, a su lado, un sujeto, de su misma edad.
La trabajadora detectó cuando el hombre observó sus piernas y el busto, “estaba tranquila, porque creía que me estaba admirando”, recuerda. El bus estaba lleno, no se podía pasar con facilidad. Minutos después el hombre quiso aparentar un incidente y le tocó una de las piernas, pero al mismo tiempo se sacó el pene y en tono de autoridad le dijo: “Mastúrbame”.
La aludida no dijo nada y dirigió la vista hacia las otras personas, quienes aparentaron no darse cuento de lo que sucedía. Al no seguir la orden, el hombre sacó un cuchillo mediano, y la amenazó: “Mastúrbame, a las buenas o las malas”. Ella se quedó sin palabra, entonces el agresor tomó la mano de su víctima y se la puso sobre el pene, seguidamente le puso un cuchillo en la costilla. No hubo escapatoria.
Finalmente, el agresor se bajó sobre la Autopista Sur como si nada. La víctima no contó la agresión a su familia, aunque sí a una compañera de trabajo. Esta le aconsejó poner la denuncia, pero ella no aceptó. “Detesto a todos los hombres, me dan asco y creo que todos son iguales. Me da pánico andar en los buses, nunca me siento al fondo del asiento y trato de no salir mucho, solo cuando voy al trabajo,” dice Valiente.
Exhibicionistas
Según la supervisora de la clínica psicológica del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, María de la Paz Ayala, este tipo de abusos o acosos es una enfermedad en los hombres que consiste en exhibir sus órganos sexuales, porque les ocasiona más placer que les vean su pene que estar teniendo relaciones sexuales con una mujer. “A ellos les excita el solo hecho que una mujer les vea su pene”, explicó la profesional.
Saúl Panameño, agente de la Policía Nacional Civil (PNC), de la delegación de Antiguo Cuscatlán, dice que de acoso y abuso sexual en el transporte público no hay ninguna denuncia en las estadísticas, “es muy difícil encontrar al agresor, y muchas veces porque nunca son denunciadas por la forma que pasa. También en algunos casos ya hemos detenido sujetos, pero los dejamos ir porque no hay denuncia.”
Para la denuncia de estos problemas se encuentra la Policía Nacional Civil, además está el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, ISDEMU. Este cuenta con el Teléfono Amigo, en cual se puede llamar y denunciar. Se atiende las 24 horas y la información es confidencial. Cuenta con varias oficinas en diferentes partes del país. (Ver recuadro)
En estos teléfonos se puede llamar para poner la denuncia, luego se manda a las instancias respectivas; si la víctima necesita asistencia psicológica se le da gratis y si ha sido amenazada, este Instituto cuenta con un albergue para atenderla, de acuerdo a Zoila Inocennti, directora del ISDEMU.
Del piropo al acoso
“Sss, que rico eso…”, dice el hombre a una joven que baja por la pasarela de la iglesia de La Ceiba de Guadalupe, en San Salvador. Él está sentado en una acera, y ella presiona sus libros contra su pecho y continúa su camino, finge no escucharlo.
En la cultura salvadoreña existen varias actividades que se realizan diariamente y que hasta se etiquetan con características que definen a sus habitantes. Así, los piropos que en la mayoría de los casos los hombres dicen a las mujeres cuando ellas caminan en la acera, cruzan una vía o descansan en un parque, son un tipo de práctica que se ve natural.
Sin embargo, estas frases son una manera de acoso sexual, debido a que agraden psicológicamente a las mujeres. Según la psicóloga Alicia Meyer, de 43 años, el piropo no es negativo, sino la implicación que este tiene, pues en la mayoría de casos es una forma de molestar a una mujer, debido a la vulgaridad que trae consigo, Además, puede convertirse en algo más que palabras cuando va acompañado de una acción, como tocar el cuerpo de la mujer, y eso ya es un acoso.
La ley
En El Salvador, el Código Penal, en el artículo 165, establece: “El que realice conductas sexuales indeseadas por quien las recibe que implique tocamiento u otras conductas inequívocas de naturaleza sexual será sancionado con prisión de seis meses a un año”.
Los municipios como Chalchuapa, en Santa Ana; Santa Tecla y Tamanique, en La Libertad; San Salvador, Ahuachapán, y Mejicanos, en San Salvador, desarrollan el artículo anterior a través de una ordenanza legal para su territorio, el cual sostiene: “El que en sitio público o de acceso al público dirige a una persona frases o proposiciones indecorosas o le hiciere ademanes o gestos indecorosos, realizase tocamientos impúdicos o le asediare impertinentemente de hecho o palabra, será sancionado con multa de trescientos a un mil colones o su equivalente en dólares”.
La realidad indica que tanto la ley como la ordenanza son difíciles de cumplir, pues uno de los requisitos imprescindibles en el proceso de denuncia es conocer el nombre, domicilio y tener referencia de Documento de Identidad del infractor. Pero en el caso de los piropos casi nunca se sabe quién es la persona que lo dice, usualmente es gente que el agredido o agredida ve únicamente en el momento del incidente.
Hacer valer la ley es un proceso largo y en ocasiones relegado. “Este tipo de delito a veces lo toman como de menor importancia, y ante tantas violaciones sexuales los delitos de acoso se van a un segundo plano”, afirma el abogado Rubén Meléndez, 28 años.
Por tanto, no extraña que ni la Policía Nacional Civil (PNC) ni la Fiscalía General de la República (FGR) tengan datos sobre acoso.
En tal caso, el acoso provoca principalmente miedo en las personas que lo sufren, como el caso de Cristina Pérez, quien asegura que ahora trata de estar alerta cuando camina en la calle o al subirse a un bus busca sentarse en los asientos delanteros, y jamás junto a la ventana. |
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| La cultura y el acosador |
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- Existe una cultura de machismo en la que el hombre trata de demostrar que puede ejercer poder sobre una mujer. Esto a través de diversas estrategias, como es el piropo.
- El machismo es una situación en la que un hombre tiene el derecho de manifestar abiertamente y en público lo que le parece una mujer. Normalmente, con un sentido sexual muy fuerte.
- Culturalmente es la manera como los hombres, salvadoreños en este caso, se relacionan con las mujeres.
- Casi siempre el acosador es introvertido y la única manera que tiene de sacar su patología es diciendo obscenidades y tratando de hacer daño al otro para sentirse que tiene el poder. |
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| La hora de llamar |
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| Las víctimas de una agresión sexual pueden denunciar ante las autoridades a la persona que cometió el delito. |
En San Salvador |
2221-2020 y 2800-999 |
En Chalatenango |
2301-1122 |
En Cabañas |
2382-4000 |
Santa Ana |
2440-6888 |
La Paz |
2334-4100 |
San Miguel |
2660-2977 |
La Unión |
2604-1999 |
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