El estigma de un arte
Patricia Barrios
Periodista
Cuando el lienzo sobre el que se pinta es la piel, la obra de arte se convierte en un estigma, conocido como tatuaje. Un símbolo que, según su contexto social, puede denotar rebeldía, moda, pertenencia a una tribu o grupo e incluso ir en contra de Dios.
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Foto: Patricia Barrios |
El dolor se soporta con satisfacción con tal de tener un hermoso tatuaje en el cuerpo. |
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Mariposas, flores, estrellas, tribales,... los diseños para tatuarse en la actualidad son infinitos, así como los colores y tamaños. Hay quienes los diseñan para que tengan un significado más profundo, mientras que otros eligen el dibujo de los inmensos catálogos con los que cuentan los tatuadores profesionales en El Salvador.
El tatuaje se ha vuelto una forma de expresión globalizada, y el país no se queda afuera. Según datos del Registro Nacional de las Personas Naturales, en El Salvador existen 10 mil 906 personas, mayores de 18 años, tatuadas. Los tatuajes están catalogados como señales especiales, es decir visibles en el cuerpo a simple vista por lo que no cuentan los ocultos. De ese total, 9 mil 721 corresponden a hombres y mil 185 a mujeres.
Daniela Reyes, de 20 años y estudiante de diseño gráfico, pertenece a este grupo. Para ella, los tatuajes son “una forma de expresar sentimientos con tu cuerpo, de plasmar en tu piel lo que sos y de donde venís”. Reyes lleva en su pierna derecha un tatuaje de su creación en el que representa, a través de una llama de fuego, su vida, lo que es y lo que ha crecido. En el centro de la llama, una flecha que es desde donde ella partió para su crecimiento. También simboliza a una persona que le hizo ver que es mejor querer a los que tienes a tu lado, y no buscar que otras personas te quieran.
Sobre las llamas, como ardiendo en ellas, se encuentran tres estrellas que significan las personas más importantes de Daniela: su abuela, Petronila Acosta; su mamá, Sonia Acosta, y su tío, Eliseo Acosta. “El diseño lo hice yo, quería algo que me representara, algo original, no copiado”, afirma Reyes. “Desde que estaba en el colegio me quería hacer un tatuaje y aunque mi mamá no me dio permiso, igual me lo hice; yo sé que ella no me lo va a perdonar, pero es algo que a mi me gusta y ella lo tiene que aceptar”.
Así como la futura diseñadora son muchos los jóvenes que en la actualidad deciden marcar su piel, para siempre, con un diseño que refleje su personalidad, incluso si esta práctica no es aceptada por el papá o la mamá. Pero marcarse el cuerpo no es algo nuevo o recién descubierto. El tatuaje es una arte milenario que cambió y se perfeccionó a través del tiempo.
El tiempo en un tatoo
En cada época y cultura se le ha atribuido a los tatuajes un sentido distinto. En el latín, la palabra que designa un tatuaje es estigma: marca hecha con un instrumento afilado, marca para reconocimiento hecha en la piel de un esclavo o criminal y marca de culpabilidad.
El origen de la palabra “tatuaje” es el vocablo polinesio "Tatau" que significa "Cortar o herir". En la antigüedad, en esa región, el uso del tatuaje era más con fines esotéricos y tribales, como parte de la identificación con una tribu y su estatus dentro de la comunidad. Luego el arte del tatuaje fue redescubierto por los exploradores. Banks, artista científico que navegó junto al Capitán Cook, describió en detalle en 1769 el proceso del tatuaje de la Polinesia.
Los marineros de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y diseminaron rápidamente esta afición entre los marineros, quienes aprendieron el arte de los tatuadores polinesios. Llegó un momento que era ampliamente practicado entre los hombres de mar, trabajadores y convictos durante la primer parte del siglo XIX.
El tatuaje oriental aportó a la cultura del tatuaje mundial la recreación de grandes zonas de color. En Japón llaman "Iresumi" a un estilo de tatuaje utilizado por la "Yakuza" o mafia nipona, caracterizado por su variedad de colores y por cubrir gran parte del cuerpo, casi como la ropa, el cual únicamente es mostrado en privado y en condiciones específicas. En cambio, los tatuajes de los celtas se caracterizaban por sus diseños entrelazados, las garras, pavos y serpientes, todos elaborados en tinta negra obtenida de la destilación orgánica de elementos, y tenían fines esotéricos. Muchos artistas actuales se realizan este tipo de tatuajes, en ellos el actor de “La caída del halcón negro” y “Pearl Harbor” Josh Hartnett, quien lleva en su espalda un círculo celta.
No se puede obviar la historia de los tatuajes egipcios, relacionados con el lado erótico, emocional y sensual de la vida. En el antiguo Egipto, donde el arte de tatuar era patrimonio casi exclusivo de las mujeres, era un proceso doloroso que la mayoría de las veces se usaba para demostrar valentía o confirmar la madurez. Amunet, una deidad del amor y la fertilidad, es considerada como la mujer tatuada más antigua.
Romanos, griegos, fenicios y asirios también acostumbraban tatuarse, lo que confirma la antigüedad de esta actividad y lo que ha cambiado son las técnicas y el motivo por el cual una persona se tatúa.
La visión pecaminosa
La llegada del cristianismo marca un cambio radical en el modo de ver el tatuaje. Los cristianos eran hostiles al tatuaje ya que creían que si Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza, era pecaminoso que el hombre tratara de alterar su imagen. Constantino, el primer emperador cristiano de Roma, emitió un decreto en contra de esta actividad. Se cree que la actitud negativa tuvo su origen en esta orden y esta posición fue adoptada por varias religiones hasta nuestros días. De ahí que todavía los tatuajes no estén bien vistos, ya que la mayoría de la gente se deja influenciar por la iglesia.
Existe un pasaje bíblico en Levítico 19:28 en el cual se hace referencia a la prohibición de tatuar la piel, considerada condenable a la vista de Dios:“No haréis sajaduras en vuestro cuerpo... ni os haréis tatuajes”. Así mismo existe otra cita bíblica que al parecer apoya el arte de tatuarse: “Y te será como una señal en tu mano, y como un recordatorio en tu frente, para que la ley del Señor esté en tu boca." Éxodo 13:9.
Para muchos jóvenes, el debate sobre si tatuarse es irrespetar a Dios o no es algo sin importancia.“Dios se fija en lo de adentro, no en lo de afuera, se fija en el corazón y en la forma de ser de las personas, no en la apariencia de uno,” asegura Luis Avilés, un joven de 23 años de edad y con seis dedicado al arte del tatuaje.
Durante la década de 1950, en los Estados Unidos, se gesta un nuevo cambio en la concepción del tatuaje. Llegó el momento de considerarlo una cultura al establecerse los primeros tatuadores profesionales, entre los cuales destaca C.H.Fellows. También se abren los primeros estudios de tatuajes en Nueva York, en 1970, siendo el pionero Martín Hildebrandt, un inmigrante alemán. Parte de la transformación era gracias a la industrialización del tatuaje a partir de la creación de la primera máquina para tatuar en el año 1891, creada por Samuel O´Reilly a partir de un diseño realizado previamente por Thomas Edison.
Hoy en día el tatuaje es un arte que poco a poco logra su aceptación, formando parte de la vida de muchas personas de diferentes estratos sociales y podríamos decir que ocupando espacios cada vez mayores en la sociedad. La percepción de que era un código para ubicarte en ciertos grupos fue sustituido por las posesiones materiales que cada persona tiene. La gente, por ejemplo, luce los diseños celtas en sus brazos o espalda. Estos dibujos pasaron de significar grandeza o poder a simplemente ser una moda, una idea o un arte que utiliza como lienzo la piel humana.
El momento de ser arte
El proceso para realizar un tatuaje actualmente difiere bastante del utilizado en culturas ancestrales. Antiguamente, el proceso del tatuaje era mucho más elaborado que en la actualidad. Los picos y palos, de las tribus africanas, cambiaron por las agujas y máquinas profesionales. El diseño y acción de hacer tatuajes podría llegar a considerarse como un arte contemporáneo por el hecho en sí de ser una vía de expresión que retoma el cuerpo humano como soporte. La dedicación que implica realizarlo, el empleo y combinación de colores también son elementos que hacen de esta actividad una importante expresión corporal.
Ahora es más seguro hacerte un tatuaje, ya que las condiciones higiénicas mejoraron. Desde que el tatuaje se industrializó y hubo estudios de tatoos, los riesgos de infección son mínimos. La mayoría de negocios en nuestro país realizan los procesos establecidos para la esterilización del equipo, agujas nuevas, tintas profesionales que no contiene químicos que dañan la piel (tinta vegetal) y personas capacitadas o con experiencia en esta nueva rama del arte.
“Las tintas que nosotros utilizamos son profesionales, no te dañan la piel y las agujas, los guantes y las máquinas son importadas de los Estados Unidos”, afirmó Avilés, cuyo centro de operaciones está en la calle a San Antonio Abad, colonia Centroamérica Nº 22-34, contiguo al bar “Los 3 Diablos”, San Salvador.
Para realizar un tatuaje lo primero que se hace es limpiar la piel, depilarla y desinfectarla; preparar la máquina, adaptar la aguja y colocar el tubo de tinta. Luego se coloca la plantilla del tatuaje sobre un papel especial carbón, de color azul y se calca el diseño. Este se coloca sobre la piel y se fija con desodorante. Basándose en la plantilla sobre la piel, el tatuador realiza el contorno del diseño, para después afinar detalles, realizar efecto o rellenar. “Con este método de poner la plantilla en la piel, el margen de error en un tatuaje es mínimo; es como ir calcando”, comenta Avilés, mientras dibuja el contorno del tatuaje a uno de sus clientes, en su mayoría jóvenes entre los 18 y 25 años que deciden tatuarse más por gusto personal que por moda.
No se puede hablar del tatuaje sin hacer referencia al dolor que implica, “la primera línea es lo que más duele, es como si te clavaras una aguja y tirara de ella hacia arriba. Pero ya si aguantas la primera línea, lo aguantas todo”, comentó Reyes, después de haberse tatuado. El dolor es parte del ritual, tanto ahora como en el pasado.
Para Avilés, el dolor es el precio que pagas por tener una obra de arte en tu cuerpo: “me gusta tener arte en la piel, y sí arde cuando te lo estás haciendo; pero todo lo bueno tiene su precio, y por tener una obra de arte que te va a durar toda la vida vale la pena aguantarse un poquito”.
Y es que el tatuarse o no, aguantar el dolor, el hacértelo por moda, por rebeldía o porque aprecias el arte corporal, es decisión de cada uno y una. Ni la sociedad, ni el medio deben influir en la decisión de marcar tu cuerpo con un símbolo que te represente, el cual puede generar un estigma de tu persona que te acompañará hasta el final de tus días. |
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