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Ana y Mía no tienen hambre

Wendy Peña
Periodista

Las fanáticas a la anorexia y la bulimia se han mantenido escondidas, durante mucho tiempo. Pero hoy las personas que las padecen publican páginas web, donde se encuentra un sin fin de métodos para mantenerse al margen de la figura deseada.

Foto: Wendy Peña

Las jóvenes hacen todo lo posible por no ingerir alimentos y evitar engordar.

Oculta su rostro detrás de sus manos, y entre sollozos recuerda cómo fue su infancia. En los ojos está la confusión que lleva por dentro. Seca las lágrimas. “Era gordita y casi no tenía amigas”, cuenta Gabriela Hernández (nombre ficticio), de 21 años de edad. Ella, como tantas jóvenes en el mundo, adoptó un estilo de vida muy peculiar. Dejó que su vida girara en torno a Ana y Mía, quienes la han acompañado los últimos tres años.

Ana y Mía son los sinónimos con los que se conoce a la Anorexia y la Bulimia, respectivamente. Quienes viven en este mundo se denominan “Pro-Ana” o “Pro-Mía”, y las ven como un estilo de vida y no una enfermedad.

Ahora, gracias al Internet, se les facilita encontrar información sobre cómo mantenerse al margen de lo que para ellas es normal. Es común hallar avisos que traten de alejar a personas que buscan información sobre el tema: “Ya estoy harta de que la gente solo entra a molestar y a dejar mensajes ofensivos. Si eres de esas personas, fuera de aquí”, reza la advertencia de una de las páginas.

Desde dietas para rebajar de 11 a 17 libras semanales (cuando lo normal es de una a dos libras por semana), consejos sobre cómo mantenerse delgada, qué hacer antes de un examen de sangre para que no se detecte nada anormal y hasta causar dolor en el cuerpo para concentrar la atención en algo que no sea el hambre son los temas que se encuentran en la red.

Según Juan Pablo Amaya, de 50 años de edad y psicólogo desde hace 25 años, las personas que padecen estas enfermedades sufrieron algún trauma psicológico durante la infancia o se enfrentaron a una crisis depresiva severa. “En algunos casos, los padres influyen a que las pacientes quieran estar delgadas. Las ponen a dieta desde pequeñas, y esto hace que ellas luchen por tener los cuerpos que ven en la televisión o las revistas”, comenta el especialista.

Fátima Rivas, de 16 años de edad, es estudiante de noveno grado de un colegio privado en San Salvador. Ella fue puesta a dieta restringida y presionada a hacer ejercicios por su papá y mamá a los nueve años. “Les doy gracias (a sus padres) por haberme presionado, porque si no ahorita tuviera sobrepeso; ya tengo verdad, pero fuera un ‘tunco’”, afirmó la adolescente sin dejar de sonreír.

Rivas, a pesar de estar dentro del peso adecuado para su edad y estatura, no está conforme. Mide 1.68 metros de altura, y pesa 123 libras.

Fabricia Alfonsina Peña de Svendblad, de 47 años de edad, quien trabajaba en el Hospital Santa Gertrudis de San Vicente y actualmente reside en Estados Unidos, es una nutricionista con 23 años de experiencia. Ella afirmó que las jóvenes, desde determinada edad, son más vanidosas que los varones y es por ello que la mayoría de afectadas por la anorexia y la bulimia son las mujeres. También agregó a las causas el factor económico: “no hay suficiente dinero para comprar alimentos nutritivos”.

Peña sostiene que en muchas ocasiones los padres no les prestan atención a sus hijos e hijas, y esta es la manera en que la buscan, “por otra parte, las señoritas quieren ser bonitas y no les importa dejar de comer para ser como quieren”.

Por una depresión

Son las dos de la tarde y el sol brilla. Hernández lleva un suéter color rojo, dice que tiene frío y cubre sus manos con el abrigo. Las lágrimas emergen de los ojos expresivos de la universitaria, “ya, ya me pasó”, indica y sigue el relato: “Caí en la anorexia hace tres años. Cuando era pequeña, mi papá me dijo una vez que parecía chorizo mal amarrado, cuando me ponía ropa pegada. Y esa frase me marcó para toda la vida”.

Las palabras del progenitor quedaron en el subconsciente de la niña y salieron a flote un día que cayó en depresión. Era una época difícil, debido a que su papá y mamá estuvieron a punto de divorciarse. “Es difícil cuando haz visto una familia feliz toda tu vida, y te das cuenta de que no era tan feliz después de todo”, confiesa. De la noche a la mañana, los hábitos alimenticios cambiaron. Hernández perdió el apetito por completo y si comía lo hacía en cantidades mínimas, tampoco se sentaba a la mesa con sus padres y pasaba durmiendo todo el tiempo.

Luego comenzó preocuparse mucho por su figura. Trató de ocupar su mente en algo más que no fuesen los problemas familiares, y se enfocó en controlar su peso. “Cuando caí en la depresión estaba un poco pasadita de libras, y cuando vi que rebajé me alegré bastante y traté de mantenerme así… era lo único bueno entre tanta cosa mala”, reflexiona la joven.

Sin darse, Hernández aceptó esta ‘manera de vivir’, y ahora está atrapada. Ella cuenta que por error tuvo acceso al sitio web Pro-Ana y Pro-Mía. “Estaba buscando información sobre la anorexia, porque tenía curiosidad si eso era lo que tenía”, recuerda. “No quiero que mis padres lo sepan, porque no quiero preocuparlos. Solamente mis tres mejores amigas saben que padezco esta enfermedad, y ellas tienen ideas similares, aunque no la padecen”.

Hernández dice visitar estas páginas para pedir y dar apoyo a todas las personas que dejan que Ana y Mía rijan en sus vidas. Comenta que así se enteró de algunos tips:

Mantenerse siempre con frío. Esto hace que el cuerpo queme más calorías. Falso: el organismo se defiende disminuyendo el metabolismo para ahorrar energía y reservarla.

Beber mucha agua fría y masticar hielo obliga al cuerpo a compensar la temperatura. Falso: el ganar o bajar peso depende de la ingesta.

Tratar de comer menos de 500 calorías por día, pero comer más de vez en cuando hace que el organismo se despiste y no se acostumbre.

Escribir notas por todos lados que recuerden porqué se quiere ser delgada.

Utilizar ropa apretada por dentro y floja por fuera para que nadie se dé cuenta de que se está rebajando.

Beber café sin tener nada en el estómago hará que el cuerpo queme calorías gracias a la cafeína.

Dormir mucho, ya que la falta de sueño puede hacer engordar. Falso: al contrario de esta afirmación, quien no duerme puede estar quemando más calorías.

Si se es bulímica se debe enjuagar la boca con bicarbonato luego de vomitar para proteger los dientes. Falso: El mayor daño ya está hecho. El jugo gástrico es más dañino.

Peña de Svendblad dice que es alarmante la información que se publica en estos sitios web y que es necesario controlarlos, además de los tips para rebajar las páginas web proporcionan nombres de medicamentos para adelgazar. Estos no necesitan de prescripción médica y en su mayoría son poco accesibles. Los precios oscilan entre los $51.25 y $114.92, incluso, en algunas farmacias, hacen descuento hasta del 20%.

Sin embargo, Hernández afirmó que le parecen una fuente de información muy buena ya que sabe qué hacer y qué no hacer para mantenerse estable, “me ha ayudado mucho, ya que si no conociera este tipo de páginas no sé qué habría sido de mí”.

 

 

 

 

 

 

 

Sin estadísticas
 

-No hay un banco de datos específicos sobre personas que padezcan anorexia y bulimia, ya que los y las pacientes ocultan su dolencia.

-Los datos que se obtienen son los que se conocen por complicaciones severas que han requerido el ingreso a hospitales. De estos, el 80% oscila entre los 18 y 20 años de edad, y el 20% restante, entre los 20 y 25 años, aunque esto no quiere decir que no haya personas afectadas mayores a las edades planteadas.