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Billetes que invitan al placer

Carina Vásquez
Periodista

Dólares de diferentes denominaciones que circulan de mano en mano en San Salvador es la publicidad perfecta para atraer a las clientas de la prostitución masculina. Hombres, de 17 a 28 años de edad, se sitúan en puntos estratégicos de la capital para vender su cuerpo

En El Salvador, desde el año 2000, se incrementó la prostitución de los hombres de forma más liberal al ofrecerse en sitios públicos a la luz del día, ya que apenas unos años atrás ellos se anunciaban en los clasificados de los periódicos del país: “Joven da masajes, sólo a señoras”; “Jóvenes universitarios con servicio de compañía”, etc. Este método ya quedó en el pasado, porque surgieron otras formas de ofertar los servicios sexuales.

Hoy en día, los prostitutos usan los billetes para escribir su número de célular y una frase que llame la atención; después, al caer en manos de las mujeres, estas les marcan. También van sábado y domingo al restaurante Pueblo Viejo, en el centro comercial Metro Sur, y a Metrocentro, de San Salvador, donde el grupo de nueve hombres se ubican estratégicamente para “cazar” a las clientas.

Ellos cuentan que todavía en el 2003 se anunciaban por medio de los clasificados, pero casi siempre los llamaban para insultarlos y como en los periódicos se dejó de hacer este tipo de propaganda, entonces se les ocurrió promoverse en los billetes. “Ha sido la mejor publicidad”, comentan.

Miky, de 19 años de edad, dice que hace dos meses fue a un restaurante de comida rápida junto con Kike, de 17 años, ambos estudiantes de bachillerato. Al otro extremo de su mesa, estaban tres mujeres que los observaban. Kike tomó la iniciativa y se les acercó con el pretexto de que le cambiaran un billete; ellas, muy gentiles, le hicieron el favor, pero en el intercambio ya iba la publicidad. A los dos días, ya estaban siendo contratados por dos de las féminas.

Los prostitutos explican que son muy selectos con sus clientas, debido a que cobran 40 dólares las dos horas. “Nosotros escogemos a las clientas que sí nos puedan pagar lo que pedimos, porque a veces nos llaman cheras pero nos dicen que si les podemos cobrar menos, y la verdad es que no nos dedicamos a esto solo porque sí, tenemos que sacar un buen margen de ganancia”, afirma Joan, de 27 años.

Una clienta de Miky, contactada vía telefónica, dijo: “A mí me encanta el servicio especial y exclusivo que me da ese machote, además él me lo hace como yo se lo pido, mucho mejor que mi esposo”.

Según los hombres, el negocio se realiza desde que la clienta le llama a uno de ellos. Él le dice el precio, y en qué lugar se van a ver. “La clienta elige a dónde me quiere ver, comúnmente siempre escogen hoteles y moteles de caché, como en la zona de San Benito y Santa Elena (San Salvador). Ellas pagan el lugar. Es por esa razón que preferimos mujeres maduras y que tenga billetes”, expresó Joan.

El surgimiento

El grupo de prostitutos inició en el 2002. Hasta la fecha, son nueve. Tres se conocieron en un gimnasio, al cual acudían los sábados por las noches a ejercitarse. “Miky fue quien le dijo a Tony y a mí, pero al principio no nos pareció la idea, pero desde que vimos que tenía buenos ingresos económicos nos animamos”, asegura Alex, ambos mecánicos de oficio, de 22 y 20 años de edad.

Miky, de 25 años de edad, estudiante de economía de la Universidad Nacional de El Salvador (UES), asegura que se ha dedicado a este tipo de negocio porque veía las novelas, en donde los hombres se acostaban con muchas mujeres y cobraban muy bien. Esto le pareció interesante. En la parte moralista, asegura que tuvo algunos conflictos internos, porque sabe que lo que hace no está bien ante los ojos de Dios, aunque pudo más la atracción hacia el dinero: “Mi mamá es Testigo de Jehová, y mis hermanas también; yo dejé de ir hasta los 20 años, porque a mí me gustaba andar en fiestas y por eso me expulsaron. Un año después me comencé a prostituir hasta la fecha, y no me arrepiento”.

Durante el día, los trabajadores del sexo tienen una vida normal. Estudian, trabajan en oficios varios y, por las noches, se reúnen para ir a venderse. “Casi todos los días, de lunes a viernes, tenemos dos clientas cada uno, y cuando uno no tiene otro se la pasa para que al menos gane algo”, afirma Jonny, el mayor del grupo, de 28 años y empleado en una agencia bancaria.

Cuando no tienen clientas, se van a un gimnasio a ponerse en forma para estar bien presentables. “Tratamos de estar lo mejor físicamente posible, porque a las señoras les gusta que les bailemos, y ellas se derriten cuando nos tocan nuestros músculos”, asegura Ronald, de 18 años, mensajero de oficio, quien tiene un año de estar en el negocio.

Según datos de los entrevistados, de cada diez clientas ocho son mujeres casadas. De vez en cuando hay personalidades de la política y la farándula. “A veces viene el hombre con su esposa, porque al hombre le gusta que la mujer tenga sexo con otro frente a él. Mientras paguen, yo hago lo que me pidan, pero cobro por adelantado y en efectivo. Eso sí, solo lo hacemos con mujeres, no lo hacemos con hombres ni homosexuales”, afirmó Peter, mientras observaba sin tapujos a una posible clienta en un centro comercial.

Por necesidad

Estos hombres aseguran que se dedican a este oficio porque les permite tener una mejor vida, ya que gustan de andar bien vestidos con ropa, zapatos y perfumes de marcas. “En mí caso, yo no me estaba muriendo de hambre; yo vivo muy bien, pero me gusta vestirme bien, es por eso que me dedico a esto. A parte de eso lo hago por puro placer, porque me gustan las mujeres”, dice Joan.

Todos comparten el secreto de que se prostituyen. Aseguran que nadie de sus familiares sabe lo que hacen para vivir mejor. Algunos ya están acompañados, otros tienen novias.

El licenciado Carlos García, sociólogo de la Universidad Nacional de El Salvador(UES), dice: “La prostitución masculina es un problema de crisis de valores, no de subsistencia, porque las personas que salen a prostituiser no están en un nivel de indigencia. No estaríamos hablando de suplir la necesidad de comer y vestirse, sino de consumir determinados bienes que no están a su alcance”.

“Necesidad siempre hay, pero yo lo hago porque me gusta el dinero y tener cosas que con el trabajo de mecánico que tengo de día no puedo comprar. En una noche, obtengo lo que gano en una semana. Yo amo a mi esposa, y no confundo el negocio con el placer”, asegura Alex, casado y con una hija de tres años.

Para Alexander Beltrán, representante de “Entre Amigos”, una Institución que vela por los derechos de los homosexuales, travestís, lesbianas, prostitutas, prostitutos, entre otros, dice que existe un buen número de prostitutos que trabajan para comer. Hay muchachos que mantienen hasta a siete parientes.

Aunque no descarta que también hallan jóvenes desorientados que ejercen la prostitución para “pasarla bien”, inconscientes de los riesgos a los que se exponen. A la vez, afirma que creen que hay más de un centenar de hombres trabajando en la prostitución. Lo más preocupante es que se encuentran entre los 16 y 22 años, con nivel de bachillerato.

Según Marisela de Parada, psicóloga de la clínica Simán, en San Salvador, la edad temprana de los jovencitos de 16 años que se están prostituyendo es alarmante. “Los chicos entran en este negocio por influencia de otra persona con experiencia, en donde les ofrecen los beneficios lucrativos, y como cualquier joven que a esa edad quiere tener todo lo que ve, acepta. El llamado es para que los padres pongan más cuidado en que andan sus hijos”, afirmó la galena.

Los prostitutos argumentan que se realizan exámenes del SIDA cada seis meses, y utilizan preservativos cada vez que tienen relaciones sexuales. “Mis amigas y yo requerimos los servicios de estos muchachos, cuando nos sentimos solas y nos queremos divertir. Ellos ofrecen un buen servicio, y por eso se merecen lo que cobran”, afirma una mujer satisfecha.

 

 

 

 

 

 

 

Clientas de clase media
 

- En la zona central del San Salvador son 275 hombres que se dedican a la prostitución.

- Un 35% son jóvenes de 16 a 20 años los que venden su cuerpo.

- La ganancia mensual que tiene cada prostitutoen este negocio es de mil 500 dólares.

- El 90% de las mujeres que requieren de los servicios sexuales son de clase media alta.

Fuente: Entre Amigos.