La hora de jugar con Dios
Marcela Bustamante
Periodista
El día de mañana, los niños y niñas tendrán el futuro de El Salvador en sus manos. De ahí que su formación sea importante. Una forma diferente de inculcarles valores cristianos desarrolla una iglesia luterana, por medio de “La hora feliz”.
En fila, un grupo de niños y niñas esperan entrar al salón. Los más pequeños eran acompañados por sus mamás; otros, jóvenes y adultos, guiaban a los demás hasta la segunda planta del lugar. Una mujer abrió la puerta. Estaba vestida con jeans, camisa de color anaranjado fosforescente, zapatos del mismo tono y en la cabeza, un peculiar sombrero en forma de gallina.
¡Revienten los globos!, ordenó. Inmediatamente un ruido que evocaba al abrazo de fin de año, con morteros, silbadores y todo tipo de cohetes, llenó el salón que tenía la vejigas en el suelo y las sillas, ubicadas en un medio círculo. Las niñas entraban y buscaban sentarse, mientras se tapaban los oídos, y los niños competían por reventar los globos con todas sus fuerzas hasta no quedar ninguno en el piso. Es “La Hora Feliz”, un programa religioso para niños y niñas que realiza una vez al mes la iglesia “La Familia de Jesús”, en el local 33 “D” del centro comercial Loma Linda, en San Salvador.
Según el pastor Roberto Cardona, el objetivo es atender a los menores y enseñarles, de una forma alegre y divertida, quién es Dios. “Hoy en día hay una carencia de valores espirituales y morales, es necesario fomentarlos; los niños necesitan modelos”, comentó.
Ligia Castillo, licenciada en Pedagogía de 27 años, es la encargada de desarrollar el programa. Con su camisa y zapatos anaranjados, se ríe y disfruta junto a los pequeños. Hace juegos de parejas y, por supuesto, los que ganan obtienen un premio: un enorme algodón de azúcar. “Es uno por pareja”, explica Castillo para recordarles que el tema de ese día es Jesús amigo, y en la amistad se debe compartir. Los ganadores comen juntos.
“Cada minuto se aprovecha”, dice Patty de Minero, una de las colaboradoras y madre de dos niños, Gerardo y Jaime, de 4 y 6 años. Su esposo, Jaime Minero, también participa y explica que cada ocho minutos se cambia la dinámica: “cada vez es diferente, pero siempre hay juegos, canciones, dramas, títeres, pero todo gira en torno a una historia de la Biblia que les deje una enseñanza”.
“A mí lo que más me gusta son las canciones y el baile”, dice Rebeca Santamaría, de diez años. Y al llegar la hora de cantar es una de las que mejor hace los pasos que acompañan la letra de una canción llamada “Mi corazón es una fiesta”. Después de saltar un rato, otra de las colaboradoras toma una guitarra y comienza a enseñarles una nueva, de ritmo más tranquila. Todos y todas están atentas escuchando, y luego se unen para cantar el coro: “Yo solo quiero estar contigo, Cristo; yo solo quiero estar cerca de ti…”
El silencio aparece por primera vez, cuando Patricia Galdámez, de 17 años, narra una historia de la Biblia que es dramatizada. En medio del relato, pide la colaboración de una niña y un niño para sentarse al frente de los demás. Un joven alto representa a Jesús, él es Roberto López, de 20 años, quien acercándose lava los pies de los voluntarios. El público infantil entendió cómo Jesús sirvió a sus amigos.
A “La hora feliz” asisten de 30 a 40 niños y niñas, entre uno a 13 años de edad. “Nos interesa que participen e interactúen, para aprender es necesario escuchar, ver y actuar”, expresó la licenciada Castillo.
Trabajo en equipo
Los colaboradores, padres y madres de familia, suman alrededor de 12 personas que participan en el espacio. El material y la comida es proporcionada por la Iglesia, además existen donativos de los miembros y miembras. La energía la ponen los voluntarios y voluntarias. Violeta Velásquez es una de ellas, “me gustan los niños por su inocencia y porque uno mismo aprende de ellos”, dice al tiempo que sirve las porciones de pizza, el refrigerio.
El pastor Cardona argumentó que aunque la iglesia tiene un rol importante al educar como institución religiosa, la responsabilidad mayor la tienen los padres y madres, pues son los principales modelos. “Para lograr resultados se necesita que sean el complemento”, acotó y especificó que en el caso de la iglesia la mayoría de los niños que asisten es porque también sus padres llegan a la asamblea general, en donde reciben también principios. En otros casos, solo asiste uno de los padres o los abuelos son quienes los invitan a asistir.
La Hora Feliz se realiza una vez al mes, pero todos los domingos tienen maestros que les dan enseñanzas. “Lo que cambia son las dinámicas”, comenta Laura Moreira, madre soltera de Francisco Javier, de 6 años. “Valoro las enseñanzas que recibe mi hijo en la iglesia, y trato de que no esté mucho tiempo solo expuesto a la televisión”.
Se importó
La Hora Feliz viene de dos países: España y Argentina. Ahí llevan años realizando este tipo de actividades, dentro de la iglesia y afuera de ella. Surgió en España hace 25 años ante la inquietud de ayudar a niños de escasos recursos; actualmente, en Argentina, la iglesia “Ríos de Vida”, cada sábado, lo realiza con niños de las “villas”, es decir de las marginales y de esta manera se les proporciona una comida a la semana.
En el país, se inició en febrero de 2006 con los niños y niñas que asisten a la iglesia, en su mayoría de clase media. Más adelante llevarán la experiencia a Jicalapa, un municipio camino a La Libertad, con la niñez de escasos recursos económicos.
Para la licenciada Carolina Ponce, psicóloga del Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para los Niños (UNICEF) en El Salvador, los primeros cinco años de vida son esenciales en el desarrollo del ser humano,y dependerá del contexto social en el que crezca. Por eso es importante que se desenvuelvan en espacios de recreación.
Además indicó que es un desafío para la población salvadoreña en general, pues la sociedad moderna demanda a los padres y madres estar mucho tiempo fuera de casa y sus hijos e hijas crecen guiados por la televisión más que por ellos.
“Es bien chivo. Todo me gusta, porque pasamos juntos y tenemos a veces mucha diversión; a veces, oramos y tenemos historias de Dios”, expresó Pamela Benítez, de nueve años. Su papá y mamá trabajan en los Estados Unidos, razón por la que vive con sus abuelos. Al terminar la celebración, la niña busca a la abuela María Teresa Rosales, esta sonríe al abrazar a su nieta, “debemos cuidarlos, pues sin ellos no tenemos futuro”. |
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| Los objetivos |
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La hora feliz tiene muy claro sus objetivos
*Fomentar valores en los niños que contribuyan a la sociedad.
*Que conozcan la vida de Jesús, cómo un modelo a seguir.
*Hacer una fiesta en la que el personaje principal sea Jesús como el salvador de sus vidas. |
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