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Pacientes con cáncer obligados a viajar

Por Estéfany Mata
Periodista

La centralización de la Clínica Oncológica del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), en San Salvador, obliga a todos los pacientes que sufren de cáncer transportarse hasta la capital para ser atendidos por médicos especialistas y recibir los tratamientos de quimioterapia. La falta de estructura, doctores expertos y presupuesto hace que sólo haya una clínica oncológica.

Foto: Estéfany Mata

Además del tratamiento, Ana Virginia Santana Corleto supo sortear los avatares de viajar del interior del país a la capital.

Después de varios meses de estar enferma, en julio de 2006, a Ana Virginia Santana Corleto le confirmaron sus terribles sospechas: tenía cáncer en el colon. La idea de tener esa terrible enfermedad era dura para esta mujer de 60 años. Sin embargo, el cáncer no era el único obstáculo con el que se iba a enfrentarpara recuperar su salud.

Ana es originaria de Santa Ana. Es una mujer alta, de cabello corto y piel clara. Trabajó como profesora durante más de 20 años y ahora está jubilada. Ella realizó todos sus primeros exámenes médicos en el ISSS de la ciudad santaneca, pero paraser atendida por un oncólogo, médicos especialistas en cáncer, y recibir sus tratamientos de quimioterapia, debía desplazarse hasta San Salvador porque solamente allíestá la única clínica de oncología del ISSS en el país. Dos meses después de ser diagnosticada con la enfermedad, comenzó a viajar a la capital y así iniciaron todos los inconvenientes.

Como ella, todos las personas cotizantes del Seguro Social que no viven en el área de San Salvador deben trasladarse hasta allá para poder recibir la atención que necesitan para luchar contra el cáncer. La unidad de registro de la Clínica de Oncología no tiene contabilizadas cuantas personas son del interior del país ya que los registran sólo con el número de afiliación y no por el lugar de procedencia; sin embargo estiman que más del 60% corresponden a los pacientes que viven fuera de la capital.

Después de haber pasado consulta con el oncólogo José Finlander y hacerse una serie de exámenes, a Ana le dejaron un tratamiento de ochoquimioterapias cada 15 días. En octubre inició su primera sesión y para trasladarse hasta el oncológico, ella debía levantarse a las 5:00 a.m., pues el microbús que la llevaba hasta la capital salía a las 6:00 a.m. Santa Ana y Sonsonate son los únicos departamentos que poseen un microbús de parte del Seguro que traslada a los pacientes hasta la capital.

Por lo general, llegaban a las 7:30 al ISSS, pasaba consulta con el doctor y él aprobaba si debía ser hospitalizada o no. Esperaba durante varias horas para ser ingresada, la mayoría de veces hasta las tres de la tarde. Si había cama se quedaba si no, tenía que regresar hasta que hubiera camas disponibles. En oncología hay 70 camas, mientras que alrededor de 200 personas pasan consulta cada día, por esta razón muchos deben regresar otros días para ser ingresados, retrasando sus tratamientos de quimioterapia y gastando tiempo y dinero. “En una ocasión, allá por febrero tuve que llegar tres veces y no fui ingresada hasta el cuarto día porque no había cupo para las camas”, aseveró Ana.

Luis Morga, encargado de registro de cáncer, opina que los doctores, las camas y en general la Clínica Oncológica ya no da abasto para atender a todos los pacientes. Apenas son 15 doctores, de los cuales siete son oncólogos y el resto cirujanos o ginecólogos con especialidad en oncología. Por la misma escasez de médicos, éstos atienden a un promedio de 16 pacientes al día.

Por motivos administrativos, el microbús debía salir a la 1:00 de San Salvador para llegar a las 3:00 p.m. a Santa Ana, así que cuando Ana tenía cita después de esa hora debía pagar transporte para llegar hasta su hogar.

Para recibir las sesiones de quimioterapia, debía permanecer en el ISSS durante tres días hospitalizada, para ella era muy nostálgico permanecer allí ya que estaba lejos de su familia. Mientras estuvo recibiendo ese tratamiento, perdió más de 30 libras, la quimioterapia la debilitó en gran manera. No podía permanecer mucho tiempo de pie y caminar era muy difícil para ella ya que se cansaba rápidamente

Después de ser hospitalizada Ana salía a las 12:00, la mayoría de veces, pero por hacer todos los trámites administrativos, reservar cita y hacer todo el papeleo, se tardaba casi dos horas más, por lo que ya no alcanzaba irse en el microbús. Debía pagar un taxi que la llevara hasta la Terminal de Occidente, abordar el bus de regreso a Santa Ana y luego pagar otro taxi que la llevara hasta su casa. Lo cual implicaba un gasto de $9, seis en taxi y tres en bus, que ella debía poner de su propio bolsillo.

Esto le resultabamuy difícil, no sólo por el dinero que debía pagar, sino sobre todo, porque cuando terminaba sus sesiones de quimioterapia salía muy débil, se le dificultaba muchísimo subir las gradas del bus. Además se sentía mareada, con nauseas, dolor de cabeza y vómito. Afortunadamente no iba sola, su sobrina, Ruth Evelina Corleto, la acompañaba todas las veces y le ayudaba.

“Yo siento que tengo suerte porque Santa Ana está relativamente cerca, porque hay gente que viene de cantones de Chalatenango o de más lejos todavía. A ellos les resulta más difícil”, comentó Ana.

En marzo de 2007 terminó de recibir la quimioterapia. Ahora, más de un año después de haber sido diagnosticada, ella se ha hecho una serie de exámenes para ver si ya no hay ni una célula de cáncer. Las consultas ychequeos los realiza siempre en la capital.

La espera de los resultados parece interminable, ya que tendrá todas las respuestashasta el 7 de enero del próximo año, pero ellaguarda la esperanza de estar curada por completo porqueno desea volver a tener que pasar por la quimioterapia y todas las dificultades de viajar en las condiciones en que estaba. Sin embargo, está segura que silogró vencer la enfermedad una vez podrá hacerlo de nuevo.