Una historia sobre la Ciudad de las Colinas
Por
Jennifer Alfaro, Laura Rodríguez y Lisselt Palacios
Periodistas
Santa Tecla, conocida como la Ciudad de Las Colinas, ha sido beneficiada desde 1976 con el Fideicomiso de Walter A. Soundy. Durante 31 años, se han construido obras y realizado numerosas contribuciones y donaciones con un aproximado de 30 millones de dólares. Entre los principales favorecidos se encuentran el Hospital San Rafael, la Sociedad de Señoras de la Caridad San Vicente de Paul, el Hogar de Ancianos Pedro Betancour, la Cruz Roja, la parroquia Inmaculada Concepción yotras organizaciones de beneficencia.
Walter Soundy encomendó la administración de su legado al Banco de Londres y Montreal o al Banco Salvadoreño (en la actualidad HSBC El Salvador). Al declinar la responsabilidad el Banco de Londres, el Banco Salvadoreño asumió el compromiso y formóel Fideicomiso para administrar la herencia, según Soundy lo había especificado.
En la actualidad, han surgido especulaciones sobre el manejo del dinero, el cual proviene de las exportaciones de café y ventas locales del producto. Las plantaciones están al norte de la cuidad de Santa Tecla, en la finca San Antonio El Quequeisque, donde laboran cerca de 600 empleados que se encargan de procesar y empacar el producto que es exportado a Estados Unidos. Así también el Fideicomiso obtiene ingresos provenientes de depósitos bancarios, en concepto de intereses que se acumulan cada año.
“El Fideicomiso de Soundy obtiene ingresos exentos de depósitos bancarios. Esto significa que las sumas de dinero que la herencia entrega en depósito, el banco las coloca en operaciones activas de las cuales deriva su beneficio, y a cambio le paga al Fideicomiso sumas de dinero en concepto de intereses sobre los depósitos lo cual constituye la retribución de este último”, dice Noemí Alonso, de 35 años, administradora de HSBC, Santa Tecla.
En marzo de 1995, se dio a conocer que el Fideicomiso presentaba declaraciones falsas e incompletas desde septiembre de 1992, por tener ingresos provenientes de intereses bancarios. Oscar Maldonado, de 38 años, miembro de la Junta Directiva de la Fundación Walter Soundy, explicó que de acuerdo al artículo 46, literal F, de la Ley de Impuesto a la Transferencia de BienesMuebles y a la Prestación de Servicios, los ingresos del Fideicomiso se encuentran exentos de ese impuesto, y por lo tanto deben proporcionarse los créditos fiscales conforme los estipula el artículo 66 de la citada ley.
La Junta Directiva, presidida por Federico Samayoa de la Fundación Walter Soundy es la que se encarga de evaluar los proyectos que provienen de las instituciones que necesitan ayuda monetaria para realizar ciertas obras. Por lo general, se les ayuda donándoles parte de los gastos. Existe una comisión responsable de visitar los distintos lugares de donde se reciben las peticiones, esta se reúne con los encargados del proyecto y luego se les informa si se les aprueba la ayuda o no, pues las prioridades son las obras que mejoren la infraestructura.
Asimismo, el Fideicomiso construyó el reparto el Quequeisque, colonia formada por 101 casas que fueron donadas a los pobladores de la finca San Antonio. En este proyecto, se invirtió más de 14 millones de colones, entre 1995 y 1996. Los donativos también incluyen la construcción de 71 viviendas prefabricadas para la Asociación de Desarrollo Comunal en el cantón La Javia, del municipio de Tepecoyo, para los damnificados del terremoto de 2001, en el cual se gastó un total de un millón y medio de colones.
Cinco distinguidos tecleños han trabajado como presidentes del Fideicomiso desde su inicio: Roberto Parker, en 1976; José Zablah Touche, de 1977 a 1981; Julio Rivas Gallont, de 1981 a 1989; el padre Rogelio Esquivel, de 1989 a 1992, y Ramiro Chávez, de 1992 hasta la fecha.
El lado oscuro del Fideicomiso de Soundy
El Fideicomiso de Walter Soundy se creó el 13 de enero de 1976, un año después de fallecimiento de su fundador. Desde entonces ha sido administrado por el Banco Salvadoreño, ahora HSBC. El principal legado es la finca San Antonio El Quequeisque, de donde provienen los recursos para realizar proyectos a favor de las comunidades más necesitadas del departamento de La Libertad.
El Banco Salvadoreño, diez años después de la creación del Fideicomiso, decidió cambiar el personal que laboraba dentro de la finca San Antonio, pues tenían como objetivo contratar nuevos trabajadores a los cuales se les pagara una cantidad menor a la que ganaban los antiguos empleados. Como indemnización, les construyeron un complejo habitacional de 101 ubicada en Santa Tecla. Los trabajadores, en cambio, exigían dinero por el trabajo realizado. Fue así como en 1986, el Banco edificó las casas sin permiso y sin las prestaciones de la ley, pues hasta la fecha no cuentan con escrituras legales ni con la autorización de la alcaldía.
“Los trabajadores no tienen las escrituras que hagan constar que las casas le pertenecen. Incluso mucha gente de Santa Tecla sabe de las casas pero ignoran que se construyeron de forma ilegal. La junta de delegados del Fideicomiso ha mantenido en secreto dicha acción”, dijo Nery Díaz, de 48 años, sindica de la Alcaldía Municipal de Santa Tecla.
Por su parte, los habitantes del reparto El Quequeisque comentan no haber tenido otra opción que la de aceptar las casas a pesar de que deseaban el dinero para solventar sus necesidades familiares. Gregorio Paredes, de 75 años, uno de los ex trabajadores de la finca San Antonio afirmó que él no estaba de acuerdo en recibir una casa como indemnización, pues en aquel entonces estaba muy endeudado.
“Yo tuve que traerme a mi mamá y a mis hijos de San Julián (Sonsonate), porque tuve que vender el terreno para poder pagar el agua y la luz de la casa en San Antonio, pero lo más difícil fue encontrar un nuevo trabajo”, dijo Janeth Chicas, de 63 años, habitante del complejo habitacional El Quequeisque.
Al cuestionar sobre la construcción de las viviendas a Oscar Maldonado, miembro de la Junta Directiva de la Fundación Walter Soundy, se mostró nervioso y esquivo ante la interrogante. “¿Cómo es que ustedes saben eso, quién les dijo?”, expresó con un aire de desconfianza y curiosidad, y no brindóninguna respuesta.
En la actualidad, los habitantes del reparto El Quequeisque viven en incertidumbre debido ha que no saben si tendrán algunos problemas legales en el futuro por no poseer las escrituras de su viviendas. |