Sus pies representan la pobreza
Por:
María Interiano
Periodista
El dinero ya no alcanza, el alza en los precios es constante y acelerada. Lo que con dificultad crece son los ingresos. En muchos hogares salvadoreños no son suficientes para cubrir las necesidades humanas más elementales como: alimentación, vivienda, salud, vestuario, etc. Estas familias, como la de la “niña Cheve”, forman parte del amplio grupo denominado pobreza extrema.
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Foto: María Interiano |
La casa de María Servelia Maldonado apenas la protege de las inclemencias del tiempo. |
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El viernes 9 de noviembre en la comunidad El Chucte del Cantón Cerro Grande, Agua Caliente, Chalatenango, María Servelia Maldonado, de 75 años de edad, aprovechaba los últimos rayos del sol para lavar con agua las heridas que le habían hecho los perros en las pantorrillas, cuando buscaba una limosna que aliviara su hambre. “Una vez, por correrme de los chuchos me caí y me quebré una mano. Desde entonces, es como si solo tuviera una”, dice. Sin embargo, se las ha ingeniado para seguir adelante. Pone una bola de masa sobre el comal y le pega hasta que la masa se extiende y forma una tortilla, aunque no redondas como las tradicionales, pero que al final sirven para lo mismo: comer.
Con las arrugas muy marcadas en su rostro emite una breve sonrisa, mientras se dispone a tomar la cena: una taza de café caliente. En ese momento recuerda que siempre ha pertenecido a familias pobres. La manutención de sus dos hijas y luego sus nietos ha estado a su cargo. “Ya va a ser hora de dormir”, pensaba en voz alta, mientras que con su mirada visiblemente agotada señalaba una de las dos camas, hecha de madera con lazos entrelazados, en la que hace unos 30 años dormían sus niñas, después sus seis nietos y ahora lacomparte con Idalia, su nieta menor.
Así como la noche se acercaba, tambiénel momento de acostarse. La oscuridad se profundizaba en su pequeña casa. Desde hace 20 años su condición económica ha sido insuficiente para comprar un candil, el gas y la mecha o una vela para alumbrarse por las noches, mucho menos para pagar energía eléctrica. Dadas las siete de la noche, la abuela siente que no hay más que hacer, soloirse a la cama y tratar de calentar su fría sábana: una carpeta.
Su hogar está en una pequeña montaña, donde el viento sopla fuerte. Es de adobe y piso polvoso, el techo tiene tantas telarañas como tejas viejas. Hay una hermosa vista hacia diversos lugares, incluso, al oscurecer se ven las luces de San Salvador. Asimismo, algunas de las 50 casas de la comunidad, que no varían mucho, en donde habitan 150 personas. El30% tienen una infraestructura similar; el 70% restante ha mejorado un poco por las remesas que reciben de sus familiares en el exterior.
En los últimos años, el crecimiento económico ha sido del 5%, según el discurso del Presidente Elías Antonio Saca. A pesar de ello, la pobreza crece cada vez más.A nivel nacional, se han conformado cuatro agrupamientos para distinguir los diferentes grados en los que se da: severa (32 municipios), que es el caso de Servelia; alta (68 municipios), moderada (82 municipios) y baja (80 municipios), según el mapa de pobreza presentado por la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC).Másde 230 mil hogares en el área rural enfrentan situaciones similares. La economía ha ido cayendo poco a poco y es sostenida en gran parte por las remesas de las 200 mil personas que han emigrado a otro país para mantener a su familia. Las cuales suman $3060.6 millones en lo que va del2007, según el Banco Central de Reserva de El Salvador.
La “niña Cheve”, como es conocida, no tiene a nadie en el exterior. Su presupuesto diario es inferior a un dólar para los cinco que viven en la casa. Es decir que su canasta de bienes de consumo no alcanza a cubrir las calorías mínimas (entre 200 y 250) que necesita el cuerpo humano para que esté activo. Algunos nietos están en San Salvador, pero lo que ganan no les alcanza para ellos, mucho menos para sus abuelos y hermanos. Otros se han acostumbrado a vivir sin nada, no se esfuerzan porque son pobres: “Uno que es pobre no le queda de otra”, dice Idalia segura de que no hay más que hacer. Sus hijas han formado otras familias, en donde no hay cabida para los niños que tuvieron antes, no solo por sus otros maridos, si no porque no pueden mantener a tantas personas.
“Solo comida hace falta, es lo que más me exige el cuerpo”, dice Servelia, quien ya recostada en su cama se desplaza unos años atrás y recuerda cuando a sus 37 años trabajaba en Honduras, como empleada doméstica. Vivía bien, al menos comía. Sin embargo, para la Guerra de las Cien Horas entre El Salvador y Honduras, en 1969, fue deportada a su lugar de origen y expuesta a ganar a penas unos 0. 25 centavos de colón cuando lavaba, planchaba o se iba al campo a “cortar maíz o a arrancar frijoles”. Sus padres no creyeron importante el estudio, no sabe leer ni escribir, sus nietos tampoco. Ella pensó igual que sus progenitores: es una perdedera de tiempo.
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Foto: María Interiano |
Un par de tortillas y café es a veces el menú de la familia que carece de los alimentos básicos. |
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Aunque los organismos estatales han declarado haber reducido la pobreza y convertir al país en una nación de renta media: ingresos por persona al año (per cápita) entre $746 y $9,205. Roberto Góchez, economista de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), aclara que no significa tener bienestar a nivel nacional, sino más bienque es el resultado de la circulación constante de los flujos monetarios entre empresarios, asalariados, vendedores ambulantes, etc. los cualesreciben sus ingresos, según la relación que tengan con el sistema productivo.Por esta razón, el crecimiento económico no se distribuye de forma unánime y da lugar a diferencias entre los ciudadanos. El 20% de las personas con pobreza extrema a lo sumo alcanzarán $385, no obstante, Servelia no llega ni a los $100, mientras que otras personas reportan ganancias de hasta $2 millones, según el informe de la Fundación para el Desarrollo Económico (FUNDE).
Unos tienen más que otros. Algo tan sencillo como ver televisión, Servelia nunca lo ha hecho, no alcanza a hacerlo,ni escuchado la radio, no sabe qué son los deportes. Solo sabe cuentos, canciones como el Carbonero y Chalatenango,poemas, bombas… “Papeles de china, papeles morados, que trabajo tiene los enamorados, que cuando miran los novios se quedan parados con la boca abierta y los dientes pelados”, exclamó mientras se reía feliz por lo que había dicho.
Su esposo Feliciano Vázquez, de 71 años de edad, la miró como disgustado porqueél recordaba la forma en que fue golpeado y encarcelado en Mariona por la Policía Nacional Civil (PNC), acusado derobar unas “mazorcas de maíz”, en el año 1999. “Teníamos dos días sin comer y la vecina me vio y me jodió”, dijo melancólico, dirigiéndose a su cama dispuesto a dormir. Estuvo seis meses y cree que no estuvo del todo mal porque al menos comía. Al recobrar su libertad, fue atendido de emergencia en el Hospital de la Nueva Concepción, Chalatenango, porque enese lapso se le infectó tanto una herida en su muñeca que la única solución era amputársela.Ya iba enfermo y no lo atendieron a tiempo. A partir de ese momento, tiene menos posibilidades de ayudar a su familia.
Al día siguiente, Servelia está lista para marcharse a la calle en busca de comida. Desde muy temprano sale a pedir de casa en casa. “Buenos días, mi mama”, saluda a todas la mujeres que visita, quienes ya saben el motivo que la tiene allí, junto a ellas en la cocina. Es la misma rutina después de las siete de la mañana. La diferencia es cada día es más corta. Muchos de los vecinos ya no le ofrecen nada y en algunas ocasiones regresa tal y como salió: con hambre.
Otras veces ha recibido ayuda no solo alimenticia si no también monetaria. “Hoy que Chano se infectó los golpes que se hizo cuando se cayó, recogieron dinero tres comunidades y lo llevaron en carro a medicina”. Por ser de escasos recursos, ningún hospital lo había atendido, hasta que tuvieron el dinero necesario: $150. Ahora que está bien ayuda a su mujer con lo que los vecinos le dan, porque lesvenda verduras, naranjas, leña y tambiénle lleva el agua porque ya está muy cansada.
ace unos 20 años, la mujer aún trabajaba. Lo que hacía era “traer niños al mundo”: matrona o partera. Recibía algunas monedas. Ahora su situación está cada vez más crítica porque ya no puede hacer nada. Al llegar el atardecer, también llega la tristeza para Servelia, porque muchas veces lo que consigue no le alcanza para la cena, mucho menos para un cigarro que es el “vicio” de su vida. “Con la puesta del sol, llega también la puesta del hambre”, dijo mientras lavaba nuevamente las heridas de sus endurecidos pies descalzos,antes de irse adormir.
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