Más ingresos sin subir el salario mínimo
Por:
Rafael Macal
Periodista
Son las 5:00 a.m. y Susana Díaz, de 27 años, trabajadora de la maquila American Park, espera el medio de transporte que la conducirá hasta su lugar de trabajo. Está parada a la orilla de la carretera a la altura de Cantarrana, kilómetro 59, de la carretera que conduce de Santa Ana hacia San Salvador. Para ella es indiferente abordar un autobús del servicio público o subirse con algún motorista que se detenga para darle un “aventón”. Cualquiera de los dos puede servir de igual forma.
Frente a un grupo de trabajadoras que estaban en la parada de autobuses detuve mi automóvil de color gris. Bajé el vidrio y le pregunté a una dama: “¿Hacia dónde va?, puedo llevarla si usted quiere”. La propuesta encuentra eco de inmediato en Díaz que prefiere entrar al automóvil antes que tener que pagar un dólar que cobra el bus que la conduce hasta la maquila American Park.
La mujer se sube y el olor a loción llena todo el interior del vehículo. Ese día me dirigía a San Salvador a estudiar, cuando alcancé a distinguir la figura esbelta de aquella mujer que viste unos ajustados jeans color blanco y una diminuta blusa a rayas color café. El frío es intenso a esa hora de la mañana, pero eso no le impide mostrar el pronunciado escote que dejaba ver un poco más de su cuerpo. Su cabello aún estaba mojado, era obvio que acaba de tomar un baño.
Empieza la conversación. “¿Qué te gustaría hacer?”, pregunta ella con una voz nasal que me impactó cuando la escuché. Un poco nervioso, le contesté: “¿Y como qué podríamos hacer?”.La joven propone una gama de opciones, que van desde un beso sin compromiso hasta “un poco de diversión en la carretera”, como ella lo llama. Su mano acaricia mi pierna de forma constante y cada vez me pone más nervioso.
El reloj sólo ha avanzado diez minutos desde que Susana Díaz se subió al automóvil y la conversación se ha vuelto más fluída. El intercambio de preguntas se hace cada vez más intenso. “¿Qué haces en tu trabajo?”, pregunté. La respuesta de ella se parece más a una queja, que a la descripción de una actividad laboral. Empezó a relatar el bajo salario que recibía y terminó por contar una relación que llevaba con uno de los supervisores de su maquila.
Varias de las mujeres que trabajan en American Park recurren todos los días al “aventón” como una forma para llegar a su trabajo. Pero lo que pasa durante este viaje, va más allá de lo que se hace, con normalidad, cuando se va camino al trabajo. Algunas mujeres ofrecen servicios sexuales a los conductores por una contribución económica durante el tiempo que dura el recorrido, ya sea cuando se conducen hacia su empleo o de regreso.
Más interesante es lo que ocurre en el ámbito laboral dentro de la maquila. Con un salario de $151.20mensual que recién experimenta un aumento del 4%, equivalente a $6.05, Susana, una madre soltera, no tiene muchas opciones para mantener a sus dos hijos, uno de 7 años y otro de 3. Para esto, ella dice que recibe la ayuda de uno de sus compañeros de trabajo, que le compra leche, medicinas y otras necesidades que hay en su hogar: “Él no me da dinero, pero me ayuda llevando cosas a la casa”. A cambio, Díaz mantiene relaciones íntimas con este hombre.
El velocímetro del automóvil marcaba 80km/h cuando Susana se decidió a contar sobre las relaciones íntimas que se dan dentro de la maquila. “Juan Carlos (el compañero de trabajo) y yo tenemos una relación pero no somos novios. La verdad es que disfrutamos del tiempo juntos y cuando salimos del trabajo nos damos unas escapaditas, pero también si otro de mis compañeros de trabajo quiere divertirse un rato, ahí estoy yo también, todo depende de quién le llegue al precio, así hacen varias de las que trabajan ahí, $30 pueden ser suficientes para pasarla bien”, argumentó la mujer con una sonrisa en su boca.
Muchos de los hombres que pagan por tener relaciones sexuales con alguna de estas mujeres son hombres solteros (y casados) que no tienen mayor responsabilidad en sus hogares, según manifestó Mario Zarceño, de 30 años, quien trabaja en la maquila American Park. Él aseguró que nunca había realizado estas prácticas pero que sí conocía a algunos de sus amigos que lo hacían de forma constante.
Eran las 5:37 a.m., las ventanillas del automóvil continuaban cerradas, el freno de mano y la palanca de velocidades los dividían, la mano de Susana continuaba acariciando mi muslo y con mucha timidez se la separaba cuando ya estaba muy cerca de mi entrepierna. El trato amable de Susana endulzaba mi oído, como un vendedor queriendo conseguir un cliente, cada vez las insinuaciones de la mujer se hacían más fuertes. Las evasivas eran constantes.
El viaje que en promedio dura unos 45 minutos se había alargado a una hora y quince. Las palabras no cesaban, las preguntas se hacían cada vez más intensas. “¿Qué pasa si se dan cuenta en la maquila que tienes relaciones sexuales con tu supervisor?”, expresé mi curiosidad. De inmediato ella contesta con una sonrisa sarcástica: “No pasa nada, a ellos lo único que les interesa es que uno saque la mayor cantidad de trabajo en el menor tiempo posible”. Al final, lancé una pregunta que causó incomodad en mi acompañante: “¿No te da miedo con las enfermedades?”.
Sin duda, los trabajadores de maquilas, debido a las prácticas sexuales que realizan son un sector muy vulnerable, pues tienen mayor riesgo de adquirir una enfermedad de transmisión sexual. Es tanta la preocupación que desde el 2004 el Programa Nacional de ITS-VIH-SIDA, junto con el Ministerio de Trabajo y el Instituto Salvadoreño del Seguro Social, mantiene una campaña de prevención en las principales maquilas del país, para educar en la sexualidad a los trabajadores.
Además, según comenta el Dr. Julio Armero, del Programa Nacional de ITS-VIH-SIDA, de forma aleatoria se realizan pruebas voluntarias de VIH/SIDA en las maquilas del país. En American Park, la última cifra arrojó resultados nada alentadores, pues de 500 trabajadores que se sometieron a la prueba de forma voluntaria, 35 de ellos fueron diagnosticados VIH reactivo. Una cifra que deja al descubierto el peligro al cual están expuestos dichos trabajadores y trabajadoras.
Cada vez la fábrica American Park estaba más cerca. “Puede dejarme más adelante para que no lo reconozca nadie”, me dijo aquella mujer. Habíamos pasado platicando más de una hora. Ya iba tarde para marcar tarjeta. El automóvil se detuvo unos metros delante de la puerta principal de la maquila. Me despedí de mi acompañante con un frío beso y terminó de sorprenderme con las palabras que dijo al bajar: “Lástima que no quisiste disfrutar de esto que tienes enfrente, quizá la otra vez te animás”.
Un salario que no alcanza para muchas cosas, unido a las posibilidades que ofrece vender el cuerpo, es una combinación singular, pero puede funcionar. Los resultados dependen de cada mujer y de cuánto dinero quiere ganar. La prostitución en las maquilas se ha convertido en una nueva forma de ganar un dinero extra, se trata de un juego donde unos ganan y otros pierden; por un lado, los que se gastan su salario mensual en pagar estos servicios a cambio de un poco de placer y, por otro, quienes reciben este dinero que ven cómo su ingreso al mes se incrementa sin necesidad que un Presidente decida subir el salario mínimo.
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