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El arte prohibido de las calles

Por: Sigfredo Ramírez
Periodista

Las luces de la ciudad se encendieron al caer la noche y los autos dejaron de pasar después que el reloj marcara la medianoche. El silencio inverosímil del suburbio es posible durante la oscuridad. En la madrugada, un grupo de cinco jóvenes caminaba con rumbo incierto. Nadie los vio sacar unas latas de spray ocultas en sus mochilas y comenzar a trazar líneas en los muros. Era la hora del arte urbano.

Foto: Sigfredo Ramírez

Provocador. La sociedad es sorprendida por la fuerza de las obras.

La noche del 11 de noviembre era fría en Santa Tecla, La Libertad, cuando se puso el sol, comenzó a soplar el viento.Por ser día domingo, el tráfico era poco comparado con el usual de un día de semana. A las 6:00 de la tarde, ECHO (seudónimo en el mundo del graffiti) salió de su casa a encontrarse con unos amigos.

Fueron a comer pupusas para cenar, hablaron un rato de triviales y después cada quien se fue a su casa. Ese día, ECHO se iba a quedar a dormir en la casa de su amigo TO BE (seudónimo retomado del verbo ser o estar en inglés), así que llegó a las 9:00 p.m. Los dos son miembros del Crew ACME (Aero Color Making of Expression), un grupo de 15 grafiteros del área oeste de San Salvador.

El plan de esa noche era simple: ver una película, revisar el Internet e irse a dormir. Sin embargo, un par de horas más tarde recibieron una llamada telefónica del grafitero WONDER, quien les preguntó si estaban listos para “atacar” (pintar) en la madrugada. TO BE contestó:

-Va, nosotros le damos, pero no tenemos latas de spray (una botella vale de $1.60 a $2.40)

-No importa, nosotros tenemos tres: violeta, negra y plateada. Creo que nos alcanza con eso.

-Y, ¿cuántos vamos a ir? -preguntó TO BE ansioso.

-Nosotros tres, el SOUL (alma en inglés) y la LOVE (amor).

-¿Dónde nos encontramos? –cuestionó ECHO.

-En frente de “Cirquito” – contestó WONDER con un tono de voz que denotaba seguridad.

El “Cirquito” es una tienda sobre la 6º Avenida Norte en Santa Tecla. Así que salieron de la casa a las 3:00 a.m. para encontrarse en el lugar pautado. TO BE no estudia ni trabaja. Vive sin papás, desde que su madre emigró a Estados Unidos para mantener a la familia.En casa están él yun hermano de 22 años, lo cual facilita la escapada nocturna.

En la calle, caminaban de norte a sur, pasando por el centro de Santa Tecla. Cada paso que avanzaban era recordar los peligros de un“tagger” (etiquetador en inglés, sinónimo de grafitero en el arte urbano) a la hora de rayar en la madrugada: las patrullas de la Policía Nacional Civil (PNC), el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), los pandilleros o alguna persona que les dispare por estar machando.

En el camino, ECHO recordaba la noche del 30 de marzo de 2007, cuando dos guardias de seguridad en la Residencial San Rafael les dispararon a él y a cinco grafiteros más, por estar “rayando” en una de las paredes de la Colonia. En aquella ocasión, estaban tan confiados de la poca afluencia de personas por esa calle que escuchaban reggae, mientras trazaban lienzos en un muro.

Los seguridad llegaron con gorros “navarones”, apuntándolos con pistolas 9 milímetros e insultándolos por creer que eran pandilleros. Les dispararon y cuando todos se tiraron al suelo lodoso de aquella noche, llamaron a la PNC, quienes los golpearon y los esposaron. Al momento de llevarlos a la delegación de Santa Tecla, los pasearon dos horas en la parte de atrás un pick up policiaco, porque era una noche lluviosa.

Foto: Sigfredo Ramírez

Grafiteros rayando una pared del paso a desnivel del boulevard Constitución, el 25 de noviembre de 2007.

“Cuando salís a pintar en la noche nunca sabés donde vas a terminar, puede ser en tu casa, una bartolina, herido o muerto”, explica ECHO cuando se le pregunta sobre el graffiti ilegal. Algunas instituciones han dado espacios para expresar el arte urbano de forma legal, como el oratorio San Luís Gonzaga de la congregación salesiana, que permitió al Crew FOE (Freedom of Expression)marcar una pared con toda clase dibujos (ranas, ángeles, DJ’s) y letras con la condición que tuvieran un mensaje positivo.

Aunque en el mundo de los grafiteros nada tiene más valor que una pintura ilegal, por el riesgo, la adrenalina, el valor y el reconocimiento. Eso explica las salidas en la madrugada, como la del viernes 30 de marzo o el domingo 11 de noviembre de los artistas urbanos.

Llegaron al “Cirquito” a las 3:30 a.m. y se reunieron con los otros “taggers”, quienes habían escondido las latas de spray unos minutos antes, cerca del muro que sirvió de lienzo, para no lucir sospechosos. Comenzaron a pintar las letras, se delineó el nombre de ACME con la pintura negra y se rellenó con el violeta y el plateado. La botella de pintura es para ellos lo que el lápiz para un escritor, una herramienta para trazar deseos y sueños, expuestos en personajes únicos y caricaturescos, que reflejan la personalidad del autor.

“Cuando estás enfrente de la pared rayando se te olvidan todos tus temores, solo te importa terminar la pieza (abreviatura de Masterpiece, en español ‘obra maestra’) y que quede perfecta”, afirma TO BE de 18 años. Las letras en el “Cirquito” se terminaron a las 4:00 a.m. A esa hora todos caminaron hacía el centro de Santa Tecla, para plasmar su tag (firma) en unos cuantas paredes de la ciudad. Entre ECHO y TO BE cuentan más de 90 firmas y 34 piezas, desde que comenzaron en 2005.

Ese domingo no vieron ninguna patrulla de la PNC. Los lunes, martes y domingos son los mejores días para manchar, por la tranquilidad en las calles y que las unidades de la Policía casi no salen a patrullar. Aunque han habido grafiteros capturados y llevados a la delegación de Santa Tecla, no existe ningún procedimiento por el delito de daños a la propiedad privada relacionado con las pintas.La sociedad salvadoreña censura el arte urbano y lo asocia directamente con la cultura pandilleril.

El arte urbano, al igual que las maras, nació en Estados Unidos para extenderse desde ciudades como Nueva York o Pittsburg, a lo largo y ancho de todo América y, más tarde, todo el mundo.No obstante, como lo comenta Nicholas Ganz, en su libro Graffiti de cinco continentes, “el graffiti –término que proviene del italiano sgraffio, ‘arañazo’-, ha existido desde los principios de la historia del hombre. Pinturas como las de las cuevas de Lascaux, en Francia, se grababan en las paredes con huesos y piedras, aunque el hombre enseguida anticipó las técnicas de la plantilla y el spray, al crear siluetas soplando polvo de color en sus manos mediante huesos huecos”.

iles de años después, los grafiteros tecleños esperaron el amanecer platicando sobre su forma de expresión, en la parada de buses frente al Colegio San Vicente de Paúl. ECHO a sus 20 años es muestra de una cultura global que es prohibida. Lleva dos años pintando. En ese período de tiempo asegura que no te pueden ver con un bote de pintura, porque es como andar una pistola, y explica que:“Si el gobierno tiene derecho a hacer estatuas y monumentos donde quiere, porque no tengo derecho a pintar y hacer piezas de graffiti, sencillamente estoy decorando la ciudad donde vivo”.