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Guardianes de una historia imborrable

Por: Adela Soriano, Sonia Portillo y Sigfredo Ramírez
Periodistas

Las cadenas atadas a los pies de los siete hombres sonaban fuertemente en el piso de la Asamblea Legislativa. No eran esclavos ni prisioneros. Los individuos que caminaban con el torso descubierto, cruces rojas marcadas en el pecho y encadenados de pies y manos iban a dejar un acta para presionar las reformas a la Ley de Lisiados. Los discapacitados a causa de la guerra se manifiestan semidesnudos (con la intensión de mostrar sus heridas) desde 2005, cuando un diputado de derecha les dijo que: “Ellos no tenían nada y se dejaran de joder”.

Foto: Adela Sorianol

Miembro de ALFAES, originario de Cojutepeque, que llegó a la Asamblea Legislativa el 16 de octubre pasado.

La manifestación, del martes 16 de octubre de 2007, salió de la Plaza Cívica en el Centro de San Salvador.No es la primera vez que los miembros de la Asociación de Lisiados de Guerra de la Fuerza Armada (ALFAES) hacen este tipo de marchas, con la finalidad de captar la atención nacional e internacional a sus principales necesidades.

Un megáfono hacia resonar sus exigencias en los alrededores del edificio legislativo. “Queremos la reforma de la Ley de Lisiados 416. Necesitamos aumento en nuestras pensiones sin que suba la canasta básica. Ya no aguantamos más, sufrimos de muchas enfermedades y no podemos comprar medicinas. No alcanza para comida ni el estudio de nuestros hijos”, proclamaba Daniel Martínez, presidente de ALFAES.

Solo Darío Chicas, diputado por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), salió a recibir el documento, firmado por cuatro organizaciones que representan aproximadamente 14 mil personas en total: Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES); Comité de la Tercera Edad y Huérfanos víctimas de la guerra (COMITEH); Fundación de Lisiados y Discapacitados para el Desarrollo Integral (FUNDELIDDI) y ALFAES.

“Comogrupo parlamentario (FMLN), hemos venido acompañandoa las asociaciones e hicimos nuestroeste proyecto de reforma, porque consideramos que es de justicia. Es una deuda que el gobierno salvadoreño yla sociedad enteratenemos con el sector de lisiados y lisiadas de guerra de El Salvador”, declaró Chicas, utilizando un megáfono frente a la multitud reunida a las puertas del palacio parlamentario.

Las organizaciones de lesionados a causa del conflicto presentaron el proyecto de Reformas a la Ley de Lisiados en julio de 2005. En la actualidad, están preocupados porque no han sido tomados en cuenta en el presupuesto de la Nación, porque su caso todavía está siendo debatido dentro de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos.

Los pensionados exigen un aumento del 100%, es decir si reciben $60 como retribución se les aumentará a $120; además, buscan que el Estado les pueda facilitar una atención de salud más integral y que sean atendidos por el Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

La presidenta de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, Irma Segunda Amaya, diputada por el FMLN, afirma que de 57 artículos, presentados ante el parlamento, solo 49 están aprobados. Los restantes no son admitidos por el partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), causando un estancamiento total y sin los votos, no hay reforma. “Ellos (ARENA)no están de acuerdo, porque como los restantes tienen que ver con dinero, dicen que estarán a favor cuando se aprueben todos los artículos”, declaró Amaya.

No obstante, Antonio Prudencio, secretario de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, admite: “No es que nosotros, como partido ARENA, nos opongamos. Si ellos creen que decidir con compromiso es estar en contra de las reformas, están equivocados porque una cosa esactuar con responsabilidad y otra es hablar con un populismo barato, como lo hacen los del FMLN”.

Otra institución en pro de los lisiados es la Asociación Salvadoreña de Lisiados y Discapacitados de Guerra (ASALDIG), creada el 23 de febrero de 1992, por ex combatientes del FMLN. En palabras de Salvador Figueroa, representante de ASALDIG en la junta directiva del Fondo de Lisiados, no le parece la medida de salir a las calles a protestar. Además, asegura que las marchas las usan para armar desestabilización.

Sin embargo, para Mariano Ramos, miembro de ALFAES que sale semidesnudo a marchar, es una medida de presión para el gobierno. “Si uno sale así nos dicen que somos terroristas, guerrilleros o traidores; para justificar la ley antiterrorista. Salimos a reclamar nuestros derechos, un aumento a nuestra pensión y una fuente de trabajo digna”.

Hace dos meses, Ramos estaba trabajando en el oficio de estructuras metálicas, cuando su prótesis se rajó en cuatro partes por la sobrecarga. En ALFAES existe un mini taller donde le hicieron un remiendo para que pudiera seguir trabajando. “Compré una cinta adhesiva y se la puse a la prótesis. Si la despego se cae en cuatro pedazos. Atrás le han puesto un alambre para que no truene demasiado y no me caiga”.

Según Ramos, su caso solo es uno dentro de tantos. No puede dejar de trabajar porque tiene que mantener a su familia. “Nuestro trabajo es artesanal y va quedando relegado ante las importaciones de otros países. Yo me mantengo básicamente a puras galladitas (trabajo informal)”, concluye con inconformidad.

La lucha por una oportunidad

Eran las cuatro de la tarde en el sur de Usulután y en las montañas de Jucuarán el calor de la tarde comenzaba a descender. El calendario marcaba el 23 de diciembre de 1984, la guerra en El Salvador estaba justo a la mitad. Los campamentos guerrilleros en la sierra eran prueba de una insurgencia cada vez más fuerte, que había llevado al ejército a aceptar la decisión de una tregua unilateral.

Aquella tarde de domingo el campamento estaba tranquilo, al día siguiente se iba a realizar una fiesta para celebrar la Navidad. Por medidas de precaución se había instalado un campo minado que rodeaba el fuerte, por si al enemigo se le ocurría un ataque sorpresa. Se mandó un equipo para revisar el funcionamiento adecuado de las minas, entre ellos iba Juan Carlos Alvarado, de 23 años, originario del cantón San Jerónimo, en San Vicente. Caminaron por los senderos y los caminos hasta que de repentese escuchó una gran explosión.

Alvarado pisó una mina aquel día, hace más de 22 años. A raíz de aquel accidente fue amputado de su pierna derecha, y se convirtió en lisiado de guerra. “Me perdí la fiesta del 24 de diciembre”, dice Alvarado con una sonrisa en el rostro y sus expresivos ojos cafés. Después de ser herido, lo atendieron en un hospital clandestino. Luego salió rumbo a La Habana, Cuba, en 1987, junto a otros cientos de lisiados de guerra de las cinco organizaciones del FMLN. Pudo salir del país en un canje de rehenes en posesión del Frente por heridos. Regresó al país con los Acuerdos de Paz de 1992.

Hoy en día, Alvarado trabaja en la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES) “Héroes de Noviembre del ’89”, recordando la última gran ofensiva guerrillera. Es el encargado del área de inserción laboral, un programa para encontrar fuentes de trabajo a los discapacitados del conflicto. ALGES nació el 12 de julio de 1997 con la finalidad de velar por los intereses de las personas lisiadas y procurar la satisfacción de sus necesidades: salud, rehabilitación, capacitación, empleo, recreación, entre otras. Actualmente cuenta con 6 mil 317 afiliados en todo el territorio nacional. El 75% se encuentra en la zona ruraly oscilan entre las edades de 40 a 45 años.

Una de las grandes dificultades para las personas que son lisiados y discapacitados de guerra es encontrar un trabajo estable, porque se los impide la misma incapacidad, la edad, nivel académico, etc. Sin embargo, ALGES no es la única organización que tiene como objetivo proteger a los lesionados a causa del conflicto armado. En 1993, se fundó la Asociación de Lisiados de la Fuerza Armada de El Salvador (ALFAES) que fue la primera en defender a los discapacitados a causa de la guerra civil.

ALGES (de ex combatientes guerrilleros) y ALFAES (de ex miembros del ejército de El Salvador) se han unido, desde 2005, en la lucha por sus derechos y poseen una alianza estratégica con un objetivo común. “La lucha social de las organizaciones de lisiados comenzó porque el gobierno salvadoreño no cumplía la ley, y no otorgaba la ayuda económica a los afectados por el conflicto”, explica Armando García, responsable del área de organización e incidencia en ALGES.

Las asociaciones tratan de incluir activamente al campo laboral a sus afiliados, tal es el caso de ALGES que ha logrado insertar 123 personas, entre lisiados y grupo familiar, firmando acuerdos con alcaldías municipales del FMLN para ofrecer el servicio de sanitarios públicos y parqueos.

Alvarado explica que en los baños se cobra por su uso, se vende el papel y se encargan de la limpieza.Hay cuatro personas en cada baño y se hacen turnos de 6:00 a.m. a 6.00 p.m. según la procedencia del beneficiario, se elaboran los horarios para ahorrar pasajes de buses y otros gastos diarios. Se puede trabajar un día sí y otro no, pero al final de la quincena se trabaja igual como si él o ella vinieran todos los días.

Con los programas de ALGES ha quedado de manifiesto que los lesionados a causa de la guerra pueden trabajar y ser productivos. Un gran porcentaje de lisiados no saben leer ni escribir pero están realizando un gran esfuerzo para aprender lo necesario para ganarse la vida. Alvarado lo sintetiza en una frase: “La responsabilidad social es del Estado, no andamos pidiendo sino exigiendo nuestros derechos”.

Los nuevos programas

El Fondo de Protección de Lisiados a causa del conflicto armado es una institución del Estado, con autonomía en lo administrativo, que tiene por finalidad la rehabilitación de sus beneficiarios, facilitando la incorporación en el marco legal de los programas de prestaciones económicas, rehabilitación física, salud mental, laboral y reinserción social y productiva.

La institución tiene su sede en San Salvador. Según la presidenta, Nora de Bell, el Fondo no tiene dinero para financiar un local en cada departamento. Uno de los grandes problemas detectados por los programas del organismo gubernamental es que los beneficiarios viven en su mayoría en la zona rural del país y se les dificulta llegar a la capital desde su lugar de residencia.

Por ello, la Junta Directiva del Fondo está realizando visitas a las comunidades más aisladas, por primera vez desde su creación en 1993. “Este tipo de acercamientos a los beneficiarios es nuevo de esta administración, el Fondo nunca se había acercado tanto a los lisiados”, explica Nora de Bell, quien es presidenta hasta abril de 2008. La presidencia se renueva cada dos años en la institución.

El viernes 26 de octubre, representantes de la institución visitaron el cantón Cara Sucia de la Villa Francisco Menéndez, en el departamento de Ahuachapán.Su misión era conocer las inquietudes de los beneficiarios del sector para mejorar el servicio del Fondo de Protección.

Además, doctores de la Comisión Técnica Evaluadora de Lisiados llegaron al sector para realizar el seguimiento médico pertinente a los discapacitados y evaluar su estado de salud. Así los beneficiarios no tienen que gastar mucho dinero ni tiempo en movilizarse hasta San Salvador. Uno de los grandes alicientes de las reuniones es que los lisiados se organizan para pedir planes de capacitación en distintas áreas como: la mecánica automotriz, proyectos agropecuarios entre otros.

Cada lisiado, una historia particular

En tiempos de relativa calma, los habitantes de las montañas de Jucuarán pueden escuchar,cuando el viento de la tarde mueve las hojas de los árboles, aquellas batallas imborrables llenas de gritos, sudor, lágrimas, esquirlas y balas. Entre los cerros deshabitados que parecen de oro cuando el sol de la tarde se extingue.

Las batallas son un recuerdo pero las heridas quedan. “Se necesita hacer cambios en esta sociedad, contribuir con demás organizaciones de este país para que se garantice los derechos de contar con una discapacidad. Luchar ante el Estado, ante la sociedad por el respeto a los derechosque tenemos el sector de las personas lisiadas”, asegura García.

Según, de Bell, “muchas veces se mezclan los tintes políticos con lo verdaderamente humano. Las organizaciones piden que el Fondo de Protección a Lisiados presione al gobierno, pero tenemos un presupuesto de 15 millones y medio anual, no es poco. El Estado destina más dinero a nuestra institución que al Ministerio deMedio Ambiente o de Trabajo”.

Además, se espera que con los nuevos programas de reinserción laboral del Fondo, cada vez más beneficiarios sean incluidos en distintas redes laborales. “Nosotros estamos buscando estrategias para tener más afiliados el otro año, creo que lo lograremos con proyectos agropecuarios y educación”, expresó Gisela Cente, trabajadora social del Fondo a Protección de Lisiados.

En opinión de Henry Fino, abogado de la Oficina de Protección de Justicia (OPJ) quien trabajó en casos de denuncias por parte de lisiados, se necesita una política pública que reconstruya el tejido social para una reconciliación nacional, que pasa a través de la superación de los traumas. No es que los lisiados deben de unirse en más organizaciones, el Estado debe tener una política pública superar la situación de guerra.

Los discapacitados a causa de la guerra siguen luchando en 2007 por un lugar en la sociedad que trataron de cambiar, cada quien en su bando (en la guerrilla o en el ejército). Un país que trata de borrar las heridas del conflicto que ellos llevan en sus cuerpos. Cada lisiado cuenta, a su manera personal, una historia de aquellos días que transformaron el rumbo de El Salvador y de sus vidas.

 

Una lección de vida

Las clases dan inicio a las 9:30 en un salón de la Casa de la Cultura en Sensuntepeque, departamento de Cabañas.“¿Cuál es esta vocal?”, pregunta María Isidra Alvarenga a sus alumnos para comenzar la lección del día. “Es la A”, dicenlos que ya han aprendido las vocales y algunas letras del silabario. Desde hace un mes y medio, todos los sábados por la mañana se vienen realizando las mismas reuniones de lisiados de guerra, quienes nunca tuvieron la oportunidad de aprender a leer ni escribir.

Foto: Sigfredo Ramírez

María Isidra Alvarenga enseña a leer y escribir a lisiados de guerra en la Casa de la Cultura de Sensuntepeque. Las clases son los sábados por la mañana. Ese día, explicaba la lección de la letra P del silabario.

Los planes de alfabetización son un proyecto reciente del Fondo de Protección a los Lisiados y Discapacitados a causa del Conflicto Armado. Este plan se realiza en conjunto con el Ministerio de Educación que tiene planes de alfabetización a nivel nacional.Se ha decidido que las clases sean los fines de semana, porque es el único tiempo disponible paramuchos de los favorecidos.

Alvarenga tiene cinco sábados enseñando a leer y escribir a lesionados por laguerra, en su mayoría personasde la tercera edad. Ella es hija de un ex combatiente de la Fuerza Armada, quien perdió su brazo izquierdo y es beneficiario de Fondo de Protección a Lisiados. Él le comunicó que necesitaban profesoras para estas clases y ella no dudó en ayudar.

Es originaria de Sensuntepeque y tiene 21 años. Se graduó del Bachillerato General gracias a la educación a distancia, porque cuando cursaba el séptimo grado comenzó a trabajar los días de semana. No recuerda nada de la guerra, pero enseña lo esencial de las letras a las personas de su ciudad que sí la vivieron.

“Es difícil porque además de ser personas de tercera edad a algunos les falta un dedo o uno de sus brazos. Ellos están acostumbrados a trabajar así en el campo, pero agarrar un machete o un corbo es distinto a escribir con un lapicero”, explica Alvarenga.

Algunos de las principales dificultades que se ha encontrado para desempeñar sus labores de enseñanza es que por el promedio de edades, entre los 60 y los 75 años, muchos tienen problemas auditivos, de visión o son víctimas del mal de Parkinson.

Uno de los beneficiarios del proyecto esIsrael Rivera, de 45 años, quien sufre fuertes dolores de cabeza por heridas en el cráneo. Al momento de la clase,se amarra un trapo a la cabeza para soportar el malestar. Tiene meses sufriendo por el dolor y su situación de salud es complicada. Estaba ingresado en el Hospital Militar desde la semana pasada, pero pidió un permiso temporal para asistir a las clases.

“Al principio la doctora no me quería dar permiso por la inflamación, pero yo no me quería perder la lección. Me siento contento, porque nunca he tenido los recursos para estudiar. Entré al ejército a los 13 años cuando cursaba el primer grado”, explica Rivera con sus ojos mirando el suelo del salón de clases.

Para poder pagar el viaje desde su pueblo San Isidro hasta Sensuntepeque le pide dinero a la gente de su comunidad, quienes le regalan $1.20 para el pasaje, cuando les explica que es para ir a estudiar. No trabaja y se mantiene porque a su esposa le mandan $100 mensuales de Estados Unidos. Hace seis meses aplicó para ser beneficiario del Fondo de Protección a Lisiados, pero nunca ha tenido una pensión porque no se enteró. “Ellos ponían un rótulo informativo y yo no lo entendía porque no sé leer”, manifiesta Rivera.

Sin embargo, no todas las personas que asisten a las clases de alfabetización son lisiados de guerra. José Manuel Soriano es un muchacho de 17 años, quien nunca tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, aunque prácticamente nació en El Salvador de la post guerra. Comenzó a trabajar desde niño como aprendiz de albañilería, el oficio de su padre, que está postrado en una silla de ruedas por heridas del conflicto armado.

Los días de semana trabaja de siete de la mañana a cuatro de la tarde. Los sábados se dedica a estudiar lo básico de la escritura y la lectura.“Aprender a leer depende de cada uno, el esfuerzo que le ponga. Los días de semana trabajo pero cuando salgo reviso lo del sábado. Yo le dije a mi papá que aunque trabaje, voy a estar aquí hasta terminar”, afirma Soriano con su mirada expresiva.

lvarenga siente la determinación por superarse y está contenta con la labor que desempeña. “Para mí no es un esfuerzo sino un aprendizaje, yo aprendo mucho ayudándole a ellos. Me han contado sus historias y me han enseñadoimportantes lecciones de vida”.

 

 

 

 

 

Beneficio económico según lesión
 

La Ley del Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a causa del conflicto armadopuntualiza que a todos los lesionados y discapacitados de guerra,por parte de la Fuerza Armada yla guerrilla, se les debe de otorgar una pensión económica, de acuerdo a la incapacidad producida por su lesión.

Armando García, dirigente deAsociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES), explica que los rangos de discapacidad van desde el1% hasta el 100%y que el monto económico que reciben por parte del Estado salvadoreño, a través delFondo de Protección a Lisiados, no es significativo para subsidiar sus principales necesidades. “La pensión no nos alcanza, somos un sector de la población sumamente vulnerable ante la situación económica del país”.

as organizaciones de lisiados proponen un aumento del 100% a sus prestaciones económicas. Es decir, el doble de las percibidas en la actualidad. Para Salvador Figueroa, representante de ASALDIG en la Junta Directiva del Fondo de Protección a causa del conflicto armado, es una propuesta “excesiva que no tiene viabilidad en su aprobación”

Rangos de discapacidad

1%- 10%

Traumas físicos: quebraduras y dislocaciones reciben lacantidad de $665

como indemnización y no son beneficiarios mensuales del fondo.

11% al 20%

No amputados pero tienen problemas motrices, $66 mensuales.

21% al 30%

Amputados de un pie, $99 mensuales.

31% al 40%

Pierna, brazo u otra discapacidad más, $126 mensuales.

40% al 60%

Pie y brazo amputado, $139 mensuales.

61 al 100%

Ciego, silla de ruedas, pérdida de todos los miembros, $158 mensuales.