Una sola ruta para bajar de La Cima
Por
Juan Sánchez
Periodista
Los habitantes de La Cima I, II, III y IV tienen un egreso obligado que parte de los $27.50 al mes, similar al coste del 20% de la canasta básica del área urbana, para transportarse afuera de la zona. Estos forman parte de los 16 mil pasajeros que se reciben a diario en la ruta 5, la única ruta de salida.
Un celular suena entre la multitud de una parada de buses de La Cima IV. Las miradas enfocan el horizonte sin poder disimular la atención que prestan a la conversación. “Prefiero almorzar cerca de la oficina en vez de regresar a la casa porque muy caro me sale estar regresando”, sugiere Marvin Romero en la plática con su esposa.
El pasaje varía entre 25 y 30 centavos pero muchas personas deben abordar hasta cuatro buses diarios para llegar a sus destinos por el poco acceso de la zona. El precio asciende a $27.50.
Marvin ya se acostumbró. Es un abogado joven, recién graduado que ahorra para comprar un vehículo. Vive en La Cima IV. Su vestimenta formal se pierde entre la gama heterogénea de atuendos de los demás peatones: uniformes escolares, ropa casual y pantalones agujereados.
Son las seis y media. Las caras están aturdidas y algunas manos funcionan como viceras por el sol matutino de ese martes, día laboral. La aglomeración de personas no es de gran fluidez, sin embargo son cerca de 16 mil pasajeros los que, a diario, se manejan en los transportes de la ruta cinco, la única salida del área de La Cima.
Se respira un ambiente sobrio. El silencio que se vive no concuerda con la monotonía de la hora; los pasos son alargados y ligeros pero los cobradores de los buses no gritan ni se escuchan los pitos de “La Cucaracha”, típicos en el transporte público salvadoreño.
Jessica Ventura recuesta su espalda en la pared mientras espera la siguiente unidad de la ruta. A esa hora, de lunes a sábado, podemos encontrarla siempre esperando el servicio que califica como “fatal”.
Marvin prosigue. Toma el bus que se detiene en La Cima II frente a la oficina de la Sociedad de la Ruta 5, la institución encargada del mantenimiento de las unidades. Luego se dirige a un pequeño chalet. La propietaria, Gianina Caballero, se jacta de tener su negocio en un lugar estratégico: el desorden de las masas aglomeradas no deja otra opción que sentarse a disfrutar una merienda que deja de ser alimento y se convierte en un receso del largo camino.
Luego de un jugo de naranja y una semita mieluda, Marvin aborda la siguiente unidad. Su recorrido en la ruta finaliza en el estadio Cuscatlán, donde las personas vacían los buses al salir como hormigas de su hormiguero. Ahí empalma con la ruta 44 y la 42-C. Muchos pasajeros se quejan del exceso de gente a bordo, además de verse obligados a tomar más de un bus.
Los destinos varían desde ese punto. La ruta parte de La Cima IV, pasa por el Estadio Cuscatlán, la colonia Montserrat, la Dina, la Málaga y el Boulevard Venezuela; se va a Catedral Metropolitana y finaliza en la Terminal de Oriente: ninguno de estos destinos está cerca de Santa Tecla, donde se encuentra la oficina de Marvin.
La ruta 5 cuenta con 44 buses activos que no son suficientes para dar servicio a la gran cantidad de pasajeros en las horas pico. Estos buses tienen capacidad de 60 pasajeros, pero son cerca de 80 pasajeros por unidad, contando a los que van parados.
Wilfredo Cornejo no se queja, es el presidente de la Sociedad de la Ruta 5 y emblematiza una frase a partir de esos inconvenientes.“A menor número de unidades, mayor reparto”. Para ellos es un aumento en las ganancias.
La jefa de la Unidad de Revisión Preliminar de la OPAMSS y habitante de La Cima II, Flor Celina Aquino se siente aliviada gracias a los redondeles y señales de tránsito. Ella dice que se facilita la salida de toda la zona. Sin embargo, comenta que el tramo de salida “es un caos” porque cada casa tiene por lo menos un vehículo y se generan congestiones por la densidad vehicular.
La taza de motorización promedio es de alrededor de 100 vehículos por mil habitantes. En el municipio de San Salvador, donde se ubica La Cima, se presentan valores superiores a los 200 vehículos/1000. Sin embargo, los congestionamientos en la salida principal de La Cima (el Estadio Cuscatlán) representan otros problemas para los automotores, como la pérdida de tiempo y de gasolina.
La Sociedad de la Ruta 5 realizó un estudio para evaluar la ampliación de la ruta para la “comodidad de los usuarios”. Cornejo explica que proyectan presentar la solicitud ante el Viceministerio de Transporte antes de finalizar el año. Así, Marvin y los otros habitantes de La Cima no tendrían que pagar tantos pasajes.
En el recorrido, planean cubrir Santa Elena, Metrocentro y la Ceiba de Guadalupe, que son los destinos más solicitados. El estudio se hizo hace dos años pero no ha sido aplicado. Los usuarios siguen atados a la ruta 5.
Consultado al respecto, el viceministro de Transporte, Luis Felipe Moreno, explica que una propuesta de este tipo no podría ejecutarse debido a que así lo establece el decreto 186 aprobado por la Asamblea Legislativa, y en el cual se prorroga por un año más lo estipulado en el decreto 547, con fecha del 17 de diciembre de 2004: “Se suspende por un año toda modificación o cambio de recorridos que implique una invasión a recorridos autorizados”.
“Para introducir nuevas rutas, habría que hablar con los dueños de las otras rutas”, dice el Viceministro, e informa que en la institución no se han presentado quejas referentes al transporte público de La Cima.
Ha pasado una hora desde que Marvin salió de su casa. Su aspecto ya no es lúcido. Se baja del tercer bus, ya en Santa Tecla, y toma un respiro. “Y de regreso me toca echarme otra hora de camino”, murmura mientras sigue sus pasos a la puerta de su oficina. Son las siete y treinta.
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