Una mañana en la vida de una mujer agricultora: Fidelina Guardado
Por Elsy Rivera
Periodista
¿Qué tanta capacidad tiene una mujer para no dejar morir a su familia? ¿Qué consecuencias trae para su vida realizar este trabajo?
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Elsy Rivera
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De los ingresos de la campesina Fidelina Guardado, la familia come. |
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Eran las seis de la mañana.Los rayos del sol y el canto de los gallos anunciaban un nuevo día. Losmil 700 habitantes del cantón Guarjila, a ocho kilómetros al nororiente de Chalatenango, se disponían a realizar sus labores diarias. Fidelina Guardado Menjívar, de 57 años de edad, una de las 910 mujeres del lugar, se levantó a las cinco para ir a trabajar sus cultivos de frijol y maíz a la milpa.
A las ocho de la mañana Marleny Guardado, de 30 años de edad, la tercera de sus seis hijos e hijas, preparaba en su humilde cocina de adobe una botella con café y en un recipiente pequeño guardaba unos cuantos frijoles, huevo y tortilla, que serían el desayuno de Guardado.“Ya está listo, váyanse rápido para la milpa. Mi mamá debe tener hambre”, indicóMarleny a su hija Glenda, de 10 años de edad,y a su sobrina Jennifer Guardado, de 11 años, quien también iba a dejar el desayuno a su papá Isidro Guardado, hijo de Fidelina.
Las dos pequeñas agarraron las bolsas con comida y con una sonrisa plena e inocencia pura se dispusieron a caminar, por más de una hora, por aquellas veredas pedregosas y empinadas del Cerro de la Cruz, donde su abuelita se encontraba trabajando en sus cuatro manzanas de tierra. Parecía que caminar por aquellas travesías escondidas, entre las montañas verdes de Guarjila, era su mayor juego: corrían, se reían y hasta contaban adivinanzas.
Las horas transcurrían y los rayos del sol cada vez eran más penetrantes.El calor era insoportable, lo que hacía que las niñas se sentaran por unos minutos bajos la sombra de los árboles frondosos que se encontraban al paso. A las 9: 10 de la mañana habían llegado a la milpa. Ahí se encontraba entre las matas de maíz y frijol Guardado.
Esa mañana usaba un trapo en su cabeza para protegerse del sol, unas ropas desgastadas y medio sucias: un sueter, un delantal para guardar los granos de frijol que se le caían cuando los arrancaba de la tierra; una falda con un pantalón blanco abajo para protegerse del sol, de las picadas de los mosquitos y del rosar de las matas de maíz que estaban tapiscadas.
Su color de piel es moreno. En su rostro y sus manos maltratadas se dibujaban los 39 años a los que se ha dedicado a los trabajos de la tierra. “Desde que tenía 12 años mi papá me llevaba a trabajar a la milpa. A sembrar maíz, frijoles y arroz”, recordó, mientras se sentaba en una piedra bajo unapequeña sombra y sacaba de la bolsa los frijoles y las tortillas.
Guardado nació en San José Las Flores, Chalatenango, el 12 de febrero de 1951. Es la última de 12 hermanos: seis hombres y seis mujeres.En la actualidad están vivos siete de ellos.El resto murió en los años ochenta durante el conflicto armado deEl Salvador. Se casó a los 16 años de edad con un hombre que marcó su vida: la maltrató, no le gustaba mucho trabajar y después la abandonó con sus seis hijos.
Su madre, Jesús González, falleció en 1997 por causa natural. Su padre Ricardo Menjívar aún vive, pero desde hace10 años está postrado en una cama. Según Guardado con fuertes dolores de cabezay traumas psicológicos por causa de la guerra. Pero fue él quien de joven y fuerte le enseñó a Fidelina a trabajar en la tierra.
“Tenía que ayudarle a mi papá en la milpa, porque solo yo había quedado en la casa. Mis hermanos ya se habían casado. Entonces,tuve que dejar la escuelay ayudarlo para resolverlos problemas alimenticios de la casa”, contó Guardado, quien estudió hasta segundo grado.
Según la encuesta de hogares de propósitos múltiples, 2005 de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC), en El Salvador hay 3 millones 616 mil 302 mujeres, de las que 266 mil 633 tiene entre 50 y 59 años de edad. De ese total, 69 mil 863 mujeres han asistido a la escuela de uno a tres años.Después se han retirado por diversas razones tal como le sucedió a Guardado.
A las 10 de la mañana terminó de comer. Los rayos del sol eran más fuertes y penetraban cada vez más en el cuerpo delgado de aquella humilde mujer quien se disponía, de nuevo, a cortar la cosecha del frijol. “A esta hora ya está tostado el frijol y cuesta arrancarlo. Es por eso que me vine temprano y aproveché los fresco del día para arrancar estos 25 mazos”, dijo al mismo tiempo que cortaba una mata llena de vainas de frijol nuevo.
“Este trabajo es duro, pero no hay de otra, sino lo hago mis hijos, mi nieta, mi papá y yo nos morimos de hambre. Las cosas están tan caras en este país que para comprarlo todo no alcanzo. Es por eso que trato, aunque sea que los frijolitos y las tortillas no me falten”, manifestó refiriéndose al alto costo de la vida en El Salvador.
Rommel Rodríguez, de 30 años de edad, analista económico delCentro de Información, Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI), de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), declaró que en los últimos años el costo de la Canasta Básica Alimentaria en el campoha aumentado mucho más. “Entre enero de 2006 y septiembre de 2007, el costo de la canasta básica en el campo ha aumentado$18”.
Guardado aseguró que a pesar de lo difícil que ha sido su vida, ser padre y madre al mismo tiempo, nunca se ha cansado de trabajar y ha hecho todo lo posible por llevar a la casa lo necesario para su familia: “Cuando no vengo a la milpa, me voy a trabajar a un proyecto de hortaliza que tenemos las mujeres en la comunidad. Al tener la cosecha de los pepinos, rábanos, tomates, repollos los vendo en Guarjila, Chalate o Los Ranchos”. De esta manera se gana unos cuantos dólares para otras necesidades de la casa.
“Esa señora se rebusca para comer”, expresó Carlos Salvador Navarrete, locutor de Radio Sumpul. “A mi mamá siempre le ha gustado trabajar y nos ha enseñado a esforzarnos para tener las cosas”, comentó Isidro Guardado de 32 años de edad, hijo de Fidelina.
La mujer de 57 años de vida luego de unos minutos de trabajo descansó, tomó un poco de agua yrecordó cuando tenía que trabajar en los terrenos de su papá y cargar en la espalda los “matates” llenos de maíz. “Eran muy pesados. Tenía que buscar un lugar alto que me sirviera como respaldo para subírmelos. Aparte tenía quecaminar largos trayectos descalza, porque hasta que tenía 13 años tuve mi primer par de zapato,cuando yo misma los gané vendiendo pan”, relató.
Además, cuenta que los hombres del pueblo cuando la veían haciendo este tipo de trabajos decían: “Esa mujercita hombre iba a ser”. Sin embargo, ella cree que no por ser mujer es menos capaz que un hombre. “Nosotras las mujeres somos capaces de hacer cualquier cosa. No solo estar en la casa, sino también trabajar en la milpa o en algún otro trabajo que los hombres consideran de ellos”.
Por su parte, Mirla Carvajal, abogada del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), declaró que en El Salvador existe mucha discriminación hacia la mujer. “La cultura salvadoreña ha determinado ciertos roles para la mujer. Se que cree que es para estar en la casa,educando a los hijos, haciendo la comida, barriendo,y el hombre debe hacer las labores físicas;pero cuando a una mujer le toca eso se le considera que está haciendo algo en contra de su naturaleza, pero no es así”.
“Yo hago este trabajo porque me gusta y puedo hacerlo. No porque sea hombre”, expuso al instante que miró el sol y dijo a sus nietas: “Son las 12 hay que ir a comer a la casa, porque luego tengo que ir a misa”, finalizó convencida que Dios le ha dado la fuerza para salir adelante. |