Los nómadas de la feria: errantes para la diversión
Por:
Carmen Lemus
Periodista
Una mañana de septiembre los habitantes de la Colonia Dolores, al comenzar a transitar una de las principales calles de su establecimiento, se encontraron con que debían tomar una ruta alterna, había una obstrucción: Cuatro coloridas e imponentes ruedas se habían plantado en su ruta. Los nómadas de feria habían llegado a celebrar las fiestas patronales.
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Foto: Carmen Lemus |
Los juegos de azar siempre atraen y son parte importantes del negocio en los circos. |
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Un fuerte chirrido de llantas y gritos de personas despertó esa mañana a los esposos Pérez y a sus socios de trabajo, luego de una agotadora jornada laboral. Fueron segundos los que les tomó salir de su champa provisional y descubrir el cuerpo atropellado de un niño. ¡No, mi hijo!, eran los lamentos de Laura y Eliseo González, sus compañeros en la venta de frituras y padres de la criatura de tres años. Esa escena quedó muy grabada en sus mentes y es la que les recuerda lo peligroso de tener niños siendo nómadas. Esta ha sido la razón por la que han decidido no tener hijos.
Los nómadas son grupos de personas cuyo modo de vida implica desplazamientos constantes de un lugar a otro. Por lo general, los nómadas viven en tiendas, refugios cubiertos de bolsas y láminas, u otro tipo de habitáculos temporales o móviles, los cuales son inseguros y según Daniel Pérez, de 28 años y Roxana de Pérez, de 26 años; no protegen de la lluvia, viento y polvo. Estos esposos tienen 11 años de casados y 15 años de dedicarse a la venta de frituras de plátano, yuca, papa, churros españoles y los elotes locos. Los dos son procedentes del departamento de la Paz y se conocieron porque ellos crecieron en familias que se sostenían de la venta de frituras, ellos siguen con esto, pero más por necesidad que por tradición. Son estos vendedores de fritura, los jóvenes de los juegos mecánicos, las vendedoras de dulces y las personas que subsisten de los juegos de suerte a quienes se les denomina: los nómadas de la feria.
Acostado en el colchón delgado y roto de un camarote con barrotes de hierros enmohecidos, el cual comparte con tres compañeros de trabajo, George Portillo, de 19 años evoca la reciente despedida con madre:
Écheme la bendición mamá.
Ay hijo, Dios te bendiga. Tenga cuidado, por favor. No se meta en problemas con los mareros, usted dígales que no es de ninguna mara. Es la última súplica de Claudia Flores a su hijo mayor, quien a su edad ya ha estado en ocho departamentos del territorio salvadoreño.
La necesidad económica hace que su preocupada madre resista las ganas de pedirle que no se marche, pero ella sabe muy bien que gracias al trabajo de su primogénito subsisten, ya que debido a la artritis y el ácido úrico que ella padece dejó de trabajar de costurera para dedicarse a la venta de ropa, sin embargo, es un negocio inestable que no les brinda un ingreso constante. Además el padre de Portillo la abandonó al nacer el segundo hijo. Al llegar a noveno grado, Portillo miró la fuerte crisis económica que atravesaba su familia. Él sentía la urgencia de ayudar y el deseo de salir adelante, estos aspectos fueron los que le impulsaron a dejar su hogar y el estudio para pasar a ser un errante de los juegos mecánicos.
Así como portillo; Fredy Morales, de 13 años; Javier Menjívar de 14 y Nelson Canales, de 16 años optaron por lanzarse a la aventura de recorrer diversos sitios lejos de su familia, para ganarse el sustento de cada día, no obstante los motivos son muchos. Por ejemplo, Morales se considera un ave que debe volar a donde el viento lo lleve, así que embolso dos jeans y tres camisetas y sin concluir su séptimo año escolar dejo atrás su casa ubicada en Santa Anita desde hace diez meses, a partir de ese día iría a visitar a su familia una semana al mes. “Mi máxima aspiración es ser propietario de ruedas”, confesó Morales. Menjívar, a excepción de sus compañeros está cursando octavo grado y trabaja con los juegos mecánicos los fines de semana de forma eventual y solamente la temporada a partir de las fiestas agostinas: “Son las fiestas en donde más se ganan, además es tiempo de vacación y aprovecho de echarme algún pisto a la bolsa”, comentó el joven. En cambio, las razones de Canales son mucho más fuertes que las de sus colegas, ya que él es hijo de Manuel Canales, el propietario de los juegos mecánicos. Él comenzó en este trabajo desde que era un niño de seis años, y recuerda con añoranza esos tiempos en los que se sentía afortunado por poder subirse a las ruedas gratis y cuando quisiera, pero con el tiempo el encanto se perdió. “Yo estudié hasta sexto grado, pero me aburrí, además cuando mi papá se muera, yo voy a ser el propietario de estas ruedas así que de nada me sirve estudiar”, es la justificación que da este vivaracho chico, quien asegura que conoce varios lugares de todos los departamentos de El Salvador.
¡Hey Fredy!, vamos al centro a comprar otra mudada, invita George a su camarada.
Desde Hace tres días que George, Fredy y Nelson no se cambia de ropa, bien podrían enjabonar y enjaguar el poco vestuario que tiene, eso si tuviera agua suficiente para lavar; sin embargo solo tiene una galón de agua para tomar. Para bañarse estos jóvenes y los Pérez deben pedir prestado los baños de las casas comunales o pedir, a alguna casa vecina a la feria, que les conecten una manguera con la que puedan recolectar agua y luego pagarla, por lo que deben abstenerse de ducharse todos los días.
Actualmente los nómadas enfrentan serias dificultades en los diversos sitios a los que se trasladan. El tipo de vida de estos grupos se mira amenazado al igual que sus derechos humanos, ya que la mayoría de estas personas no pasan de la educación básica y por su ignorancia desconocen las leyes que los debiera proteger y beneficiar, en consecuencia sufre la carencia de aspectos indispensables, desde la seguridad en sus champas, protección contra los pandilleros, hasta el líquido vital, entre otras necesidades. El artículo 38 de la Constitución de la República El Salvador, habla de un Código del Trabajo que contempla los derechos de los trabajadores a laborar en condiciones salubres y fuera de peligro, enfocando este derecho principalmente a mujeres, niños y niñas. A parte de esto, a los menores de 18 años se les prohíbe el trabajo nocturno. Estás leyes han sido violada, ya que la tarea de estos adolescentes nómadas requiere mucho esfuerzo físico, riesgo de fracturas, quemaduras y golpes graves, las condiciones de vida y trabajo no son apropiadas para un sano desarrollo mental, además, no se toma en cuenta el horario de trabajo de un menor, ya que ellos suspenden la faena a las 11: 00 de la noche, solamente porque así ha sido establecido por el Cuerpo de Agentes Metropolitano (CAM).
La discriminación de los habitantes estables que viven en los lugares a los que ellos llegan es el peor enemigo de estos errabundos. “Ha habido casos en los que las personas nos echan a la policía para desalojarnos aunque hayamos hecho los trámites. Hay partes donde a usted le hacen mala cara y lo están discriminando de una forma tan desesperante que quisiera que los días pasaran rápido, aunque también hay lugares donde nos reciben muy bien: de esos lugares no nos dan ganas de irnos”, exterioriza Pérez con cierto sinsabor.
El día en que Francisco Chamul de 53 años, mecánico automotriz, necesitaba entregar el auto de un cliente en la madrugada, no se imaginó lo que iba a encontrar. Al abrir el portón de la cochera descubrió algo que sobremanera le molestó: los nómadas de la feria habían instalado su habitáculo frente a su garaje. “Ellos no querían ceder y alegaban que tenían permiso de la alcaldía, pero que iba a hacer yo entonces, no podía dejar de trabajar el tiempo que ellos estuvieran aquí”, aseveró Chamul, quien también es encargado de la logística de la Directiva Comunal de la Colonia Dolores de San Salvador. Él fue uno de los habitantes incómodos por el paso de las errantes de la feria. Otro inconveniente y descontento que provocaron los nómadas a Víctor Cruz, de 45 años, vecino de la feria, era la música a altas horas de la noche: “Uno, a las nueve de la noche quería dormirse y no se podía por la bulla de sus clientes. Además, algunas canciones eran obscenas”, comentó Cruz y agregó que el vocabulario de los jóvenes de las ruedas era soez, el cual era mal ejemplo a los son niños y niñas. “A veces la gente se pasa de delicada, nosotros entendemos que no quieren escándalo porque deben madrugar, pero es parte de nuestro trabajo, además lo más que nos estamos en un lugar son dos semanas”, alegó el propietario de juegos mecánicos.
La Alcaldía de San Salvador cobra por la instalación de las ruedas de $100 a $200 de impuestos al propietario, dependiendo del lugar en donde ubicarán los juegos. A los vendedores de fritura se les pide de $80 a $60, en cambio a los de la ruleta se les cobra $15, saldando la cantidad requerida, la alcaldía otorga el trámite necesario para colocarse. Sin embargo, a los impuestos se le debe añadir la suma de $300 que es el precio del camión y el pick up que los transporta. “En ocasiones no se gana ni el gasto de los materiales y la elaboración de nuestro producto”, revelaron los vendedores de las fritadas. Salvador Mojica, presidente de la junta directiva de la Colonia Dolores, expresó que solo son dos trámites se deben realizar para establecer la feria en un lugar: el documento autorización con la factura de los impuestos que presentan los nómadas y la aprobación de la solicitud de permiso que ellos, como comuna deben haber mandado a la alcaldía.
Cierto es que algunos de los nómadas albergan un sentimiento de envidia hacia los habitantes estables, ya que ellos tienen un casa cómoda y confortable a la cual llegar luego del trabajo, ellos en cambio, viven donde el trabajo los llama. No obstante, los nómadas de la feria, a pesar de todas estas diferencias e inconvenientes entre ellos y las personas sedentarias, se alegran al saberse portadores de felicidad para la familia, y en especial para los niños y niñas, quienes son los que más disfrutan su llegada.
Pequeños/as andarines.
Los seres olvidados por las leyes e instituciones.
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Foto: Carmen Lemus |
Los churros españoles, deliciosos pero nada nutritivos, tienen un gran demanda. |
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El articulo 34 y 35 de la Constitución de la República de El Salvador plantea que los niños y niñas deben de vivir en condiciones familiares y ambientales que desarrollen su desarrollo integral, así como hace responsable al estado de proteger los física, mental y moral de los menores y además debe proveerles educación y asistencia. Sin embargo, los niños nómadas crecen sin estas todas estas protecciones, pues viven en condiciones deplorables, inseguras y al ser inestables se relaciona exclusivamente con un grupo familiar y de trabajo, lo cual afecta su adaptación a una sociedad.
“Hay personas que nacen y crecen en esto de la feria”, comenta Manuel Canales, propietario de juegos mecánicos y padre de Nelson Canales quien comenzó a trabajar en las ruedas desde los seis años.
En la opinión de Roxana de Pérez, de 26 años vendedora de frituras los niños y niñas no deberían vivir en tales condiciones: “Los niños llevan mala vida y aprenden cosas que no deberían, se hacen malcriados, por el tipo de personas que conocen Y porque los papás no están al tanto de lo que hacen”.
Existen asociaciones de mismos nómadas que han intentado dar a los hijos de compañeros y colegas, la educación y estabilidad, no obstante, Daniel Pérez alega que esas instituciones solo buscan su beneficio, como obtener los mejores lugares de ganancia, etc. |
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