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Dinero plástico: el espejismo de la sociedad moderna

Loyda Salazar
Periodista

Analistas económicos internacionales opinan que la publicitada modalidad de “compre ahora, pague después” se ha vuelto una pauta tan aceptada de la vida moderna que quien ose cuestionar el crédito seguramente será visto como un bicho raro.

Foto: Claudia Torres

La falta de cultura en el manejo de las tarjetas de crédito ha provocado una grave crisis económica en bastantes hogares salvadoreños.

En la actualidad, pagarlo todo a plazos se ha convertido en cuestión de prestigio y status. Tras el despegue del sistema de tarjetas de crédito en El Salvador, a mediados de los 90's, los usuarios y usuarias económicamente menos favorecidas continúan sin preguntarse si es necesario y si se están preparadas para afrontar el esfuerzo económico que supondrá el pago de la deuda.

En el parque de la colonia Panamá, en San Salvador, que suele estar desértico por las mañanas, se encuentra sentada en una de las mesitas, ubicadas bajo la sombra de un árbol, desde donde se logra escuchar el cantar de los pájaros y las risas y gritos de alegría de los niños que juegan dentro de las aulas de la escuela aledaña, Silvia Soto, de 20 años. Ella realiza una señal con su mano derecha para indicar a su hermana, Abigail, de dos años, que es el momento de regresar a casa. La pequeña Abby, como la llaman de cariño, ignora el ademán y continúa dando vueltas de modo que a lo lejos sólo se distinguen los paletones de su vestido rosado y el rastro de polvo que sus pasos levantan.

Tras acomodarse el cabello que cae sobre su hombro, Silvia toma una servilleta y limpia las lágrimas que ha vertido al recordar la difícil decisión que tomó su madre, Isabel de Soto, de 41 años. “Después de pensarlo un buen tiempo, mi mamá viajó a Estados Unidos de forma ilegal para juntar el dinero y pagar la deuda que contrajo con una tarjeta de crédito”, cuenta la hija, sin dejar de vigilar a su hermana que ahora juega con un vecino en los columpios.

Las deudas de la familia Soto, con un ingreso mensual de 460 dólares, ascendieron a 9 mil dólares en menos de dos años. Silvia, la hija mayor de Isabel, una empleada de un almacén de comercio al por menor, y de Reynaldo Soto, de 49 años, asalariado de una empresa constructora, es ahora la responsable de sus hermanos menores, Milton y Abby.

Ella asegura que la deuda comenzó a raíz de una tarjeta de crédito que su padre aceptó. “Nadie sabía cómo usar adecuadamente la tarjeta. Comenzamos a gastar mucho comprando cosas para la casa, comida en el supermercado o en restaurantes, y hasta pagábamos los recibos cuando no alcanzaba el dinero. Al final del mes, mis papás se la veían dura con las cuentas que llegaban”, expresa Silvia.

De acuerdo a su padre, empleados de la empresa emisora de la tarjeta llegaron a ofrecer el producto, a su lugar de trabajo. Le explicaron su funcionamiento, los lugares y casos donde la podía usar y la tarifa a cancelar al fin de mes, pero no le explicaron los recargos extra, cobros por membresía, multas por pagar tarde y usar el cajero para extraer efectivo. Silvia cuenta que los salarios de sus padres ni siquiera cubrían los intereses de la deuda. Entonces, tras reflexionar en las posibles soluciones, Isabel decidió reunirse con sus familiares en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, y aceptar las ofertas de trabajo que le ofrecían. “No necesitábamos esa tarjeta. Nuestra vida sería diferente, siempre seríamos pobres, pero sin deudas y nuestra familia estaría junta”, concluye la joven.

Buen negocio

La tarjeta de crédito, último eslabón de la cadena que comenzó con el trueque de metales preciosos, dinero, billetes, cheques, letras, transferencias, órdenes bancarias, etcétera, se ha convertido en el medio habitual de pago a nivel nacional e internacional. Datos estadísticos de la Asociación Bancaria Salvadoreña (ABANSA) reportaron que hasta el año 2003, en nuestro país circulaba un total de 553 mil tarjetas de crédito. Proyecciones de la misma institución preveían que para el 2006 la cantidad de tarjetas se duplicaría.

A fines de los noventa, muchos salvadoreños y salvadoreñas adquirieron una tarjeta, sin analizar la relación entre crédito y salario. Las deudas contraídas no eran fáciles de pagar, sobre todo porque las instituciones emisoras comenzaron a cobrar intereses sobre intereses, actividad ilegal condenada actualmente por el artículo 66 de la Ley de Bancos, en vigencia, y el artículo 12 de la nueva Ley de Protección al Consumidor. La única forma de salir de ese círculo interminable de deudas era cancelar de una sola vez el monto acumulado.

El abogado Rafael Salas, de 35 años, explica que cada vez que llegaba a abonar a su deuda temía encontrar un aumento a pesar de que ya no utilizaba la tarjeta. “ El sistema indica que el saldo de su deuda es este...”, cuenta Salas que decía el empleado, mientras señalaba en la pantalla una cifra mayor a la esperada. “Lo siento pero no hay nada que yo pueda hacer. Si tiene dificultades para pagar pase a la oficina de créditos, y solicite un extra financiamiento o pida que le hagan un plan de pago especial, con cuotas pequeñas y un plazo más largo”, concluía el trabajador de la financiera.

Abel Guzmán, gerente de la oficina de Atención de reclamos de servicios financieros de la Defensoría del Consumidor, manifestó que un 70% de los 40 mil casos que han atendido en lo que va del año en el sector financiero es por tarjetas de crédito. “Casi todos los casos son por mora con las instituciones emisoras. Lo malo es que los consumidores nos buscan cuando están sufriendo efectos de la situación, para el caso, o están en mora o a punto de sufrir un embargo”, explicó Guzmán, mientras observa los registros de denuncias y asesorías registradas en lo que va de mes.

Mucha gente suele manejar varias tarjetas simultáneamente. Por ejemplo, una persona compra con una o dos tarjetas y utiliza una tercera para pagar las deudas contraídas con las otras dos. “Los problemas empiezan cuando no saben utilizarlas y creen que es una extensión del salario”, afirmó Guzmán.

Gloria Corinto, comerciante de 39 años, señaló que tras tres años de abonar infructuosamente a la deuda de su tarjeta de crédito tuvo que enfrentar un embargo: “Después de un tiempo ya no pude pagar las cuotas que me había puesto el banco, entonces comenzaron a llamarme de una agencia de cobros y me amenazaban con quitarme todo. Yo al principio no creía, pero tampoco sabía qué hacer. Un día llegó el juez y por más que luché no evité que se llevaran la mayor parte de cosas de la casa”. Otro caso es el de Fermín Alférez, de 31 años, empleado de un restaurante de comida rápida de San Salvador, que pasó cinco años pagando cuotas mensuales de 35 dólares con el fin de cancelar su deuda y evitar mayores consecuencias.

Profecía de futuro

El abogado y periodista americano Edward Bellamy en su Libro “Looking Backward” (“El año 2000: una visión retrospectiva”, en español) publicado en 1887, explica una historia imaginaria de futuro, soñada por Julian West, uno de los personajes del libro. West sueña con una sociedad del año 2000 en la que el Estado puede proveer a sus ciudadanos de todo lo que necesitan, una sociedad sin dinero, en que cada inicio de año el gobierno entrega a cada miembro cuanto necesita y más para vivir el resto del año. Y para obtener aquello de más inmediato consumo, o bienes perecederos, no distribuibles anualmente en los almacenes, el gobierno les entrega unas tarjetas de pago, en cartón, a cambio de unos pocos dólares, con las que pueden obtener lo que deseen.

L a clase media salvadoreña, y generalmente latinoamericana, ha visto en las tarjetas de crédito -cuyo boom en nuestro país se desencadenó a mitad de los años noventa- la posibilidad de obtener lo que la publicidad ofrecía como señal de status y progreso personal. Para muchos, a través del crédito, se puede cumplir el sueño de vivir como los ricos y poderosos del país y, por qué no, de Estados Unidos y Europa. “No me importa llegar a fin de mes y depositar todo mi sueldo a la cuenta de la tarjeta. Para mí, vale la pena, porque puedo comprar todo lo que quiero”, expresó desafiante la secretaria Margarita López, de 27 años, a la vez que colocaba sobre la mesa las cuatro tarjetas de crédito que porta. En los últimos años, bastantes personas han descubierto en este servicio financiero la forma de construirse la vida deseada.

Historiadores sostienen que el origen de las tarjetas de crédito se remonta a principios del siglo XX, en Europa; sin embargo, surge formalmente y cobra auge en los Estados Unidos bajo el concepto de “tarjeta de compañía”. El aparecimiento de la tarjeta de crédito está vinculado al desarrollo de las actividades mercantiles, al auge de la sociedad de consumo y de la contratación en masa.

En Estados Unidos, se plantea que l a tarjeta de crédito como tal nació, como un destello de talento de Frank McNamara, un millonario norteamericano que accidentalmente se asomó a la angustia que acomete a las personas cuando al momento de pagar algo advierten que no traen efectivo o que han olvidado la billetera en casa. Entonces, se pensó en un sistema por el cual una persona pudiera demostrar su respetabilidad de crédito, en cualquier lugar que visitara. Es originalmente un instrumento destinado a evitar la movilización del dinero en efectivo y a simplificar las actividades de los consumidores. Según este planteamiento, la exhibición de la tarjeta acreditará a su titular para disponer de bienes o servicios, sin implicar la entrega inmediata de dinero en efectivo.

La tarjeta de crédito es empleada primero por varias cadenas de hoteles, para identificar a clientes preferentes, en cualquier punto del país. En 1950, se constituye la primera empresa emisora especializada en tarjetas conocida como “Diners Club”. A ésta le siguió, en 1958, la empresa “American Express”; luego, “Visa Internacional” surge como marca, en 1977, aunque su origen data de 1959 de la mano del Bank of America de California. Por su parte, “MasterCard” aparece como marca en 1979, precedida por la tarjeta “MarterChange”, establecida a finales de los años 50's.

La primera tarjeta de crédito que se conoció en El Salvador fue la “Diners Club”, introducida a principios de 1960. En 1975 se establece CREDOMATIC, como la primera empresa especializada en manejar el negocio de las tarjetas de crédito e introdujo como carta de presentación la tarjeta “MasterCard”. Hasta 1990, se introduce la tarjeta “Visa internacional”, bajo operaciones de la empresa Aval Card S.A de C.V, a la fecha en nuestro país circulan 204 distintas tarjetas de crédito que van de 7.92% de interés hasta 48.96%, de acuerdo al consolidado presentado por la Defensoría del Consumidor.

En la actualidad, además de las empresas especializadas en la emisión de tarjetas de crédito, la mayoría de bancos nacionales brindan este servicio, al igual que almacenes de prestigio, como Simán, Dorians, Sanborns y Prisma Moda, entre otros. También muchas gasolineras, supermercados, farmacias y centros comerciales ofrecen una “Tarjeta de Compra” que posee todas las cualidades de una tarjeta de crédito, pero sólo puede ser utilizada en un establecimiento específico.

Cultura de denuncia

De acuerdo a Daniel Reynoso, en su libro “Sistema de tarjetas de crédito” (publicado en el año 2000 por la editorial argentina, Ediciones Depalma), la tarjeta de crédito no es un objeto de primera necesidad. “Nada ofrece que sea insustituible, o cuya carencia afecte la salud, el desarrollo o el bienestar general de las personas”, enfatiza el autor. Sin embargo, en las sociedades modernas las tarjetas de crédito han adquirido una función simbólica caracterizada por brindar comodidad al obtener bienes en distintas circunstancias: seguridad al no portar efectivo, y además, concede a su portador un grado de diferenciación y poder que lo colocan por sobre los demás.

La Defensoría del Consumidor, dependencia del gobierno, y el Centro para la Defensa del Consumidor (CDC), organización no gubernamental (ONG), han iniciado este año campañas de divulgación de información a través de publicaciones impresas, audiovisuales, charlas, conferencias y capacitaciones, en las cuales se promueve la cultura de denuncia y se asesora a las personas sobre diferentes temas, entre ellos el uso y buen manejo de las tarjetas de crédito. Mauricio Bullogne, director del área de Comunicaciones del CDC, aseguró que los esfuerzos se encaminan a promover el uso de las regulaciones de protección al consumidor y a la generación de una cultura de denuncia.

Por su parte, Guzmán asegura que la Defensoría del Consumidor lleva en lo que va del año unas 600 personas capacitadas en temas como presupuesto familiar y uso y manejo de tarjetas de crédito. “Con la ‘franja del consumidor' de las radios YSU, La Mejor y Central, hemos contribuido al despliegue de información. Los y las salvadoreñas ahora saben que hay una ley que los respalda, buscamos una sociedad más justa en donde el proveedor de cualquier servicio financiero cumpla”, sostuvo.

La proliferación del dinero plástico continúa y seguirá en aumento. La tecnología y la globalización empujan al consumismo y nuestra sociedad no se queda al margen de estos procesos. Está en las personas lograr la buena administración y distribución de las riquezas sin caer en los espejismos de la vida moderna y los caminos fáciles que la modalidad “compré ahora, pagué después” presentan como medios para ascender en la escala social. La familia Soto, como muchas otras en El Salvador, seguirá luchando por salir adelante a pesar del deterioro económico y social que sufre gracias al mal uso del dinero plástico.

Consejos dignos de apuntar

 

Como parte de su estrategia de acción, la Defensoría del Consumidor brinda a los usuarios y usuarias del sistema financiero diversas medidas preventivas en torno al manejo de las tarjetas de crédito.

•  Evite la “tarjetitis”. Es preferible poseer una sola tarjeta de crédito en lugar de varias. Ello le permitirá llevar un control más eficiente de sus gastos y operaciones .

•  Haga una lista de lo que realmente necesita adquirir y delimite lo que puede pagar con ella, sin excederse de su presupuesto mensual.

•  Procure llevar un control personal de los gastos efectuados con su tarjeta, para poder compararlo con el estado de cuenta que le envía el banco.

•  Procure no disponer de dinero en efectivo por medio de la tarjeta, a menos que sea un caso de verdadera emergencia, ya que las comisiones por este servicio también varían notablemente en forma mensual y de un banco a otro.

•  Dado que los intereses varían mes con mes, y para evitar que éstos se acumulen, es conveniente que pague una proporción mayor a la que le exige el estado de cuenta, a fin de disminuir su deuda y los intereses.

•  Si desea utilizar la tarjeta para hacer compras es mejor pagar el total de su compra en forma mensual, para evitar así pagar intereses.

•  Si al revisar su estado de cuenta no está de acuerdo con algún cargo efectuado, lo más conveniente es acudir inmediatamente a la empresa emisora de la tarjeta y manifestar su inconformidad por escrito.

Fuente: http://www.defensoria.gob.sv/

 

 

 

 

 

 

 

 

Ataque frontal a la deuda
 

Para deshacerse de sus deudas necesita un plan para saber cómo lo quiere hacer.

•  Primero colecte todas las cuentas de sus tarjetas de crédito y llene una tabla donde especifique información como: nombre de la tarjeta, número de cuenta, cantidad que debe, pago mínimo y tasa de interés.

•  Luego, vea las diferentes deudas y establezca prioridades para pagarlas. ¿Cuál deuda quiere pagar primero?

•  Escoja estrategias para deshacerse de su deuda. Por ejemplo, pague primero las tarjetas con tasas altas de interés o pague primero las tarjetas con balances pequeños.

Una vez haya planeado, va en camino a reducir su deuda.

Recuerde:

- La desventaja del uso de una tarjeta de crédito es la pérdida de flexibilidad para manejar su dinero. El uso de crédito hoy, inmoviliza el dinero que usted ganará en el futuro.

- La emisión de tarjetas de crédito está sujeta a la regulación específica sobre el contrato de apertura de crédito y en cuenta corriente, regulado por el Código de Comercio.

- Las moras en cancelación de créditos, de cualquier tipo, se convierten en una mancha en el expediente de un consumidor. Equifax y Trans Union son empresas crediticias internacionales establecidas en nuestro país con el fin de evaluar como buen o mal cliente a las personas; además de servir de referencia a la mayoría de entidades financieras y comerciales.

- Equifax (DICOM) es el principal buró de crédito que informa a bancos, financieras y casas comerciales sobre el historial crediticio de potenciales clientes. La información que proporciona se ha convertido en un insumo clave para las entidades financieras a la hora de decidir otorgar préstamos o tarjetas de crédito.