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Una enfermedad silenciosa y cara

María Arce
Periodista

Pacientes con insuficiencia renal tienen una nueva esperanza en El Salvador: el transplante de riñón de personas con muerte cerebral.

Los riñones son los encargados de limpiar la sangre del organismo durante las 24 horas del día. Filtran los deshechos, el exceso de agua y ácido; también, equilibran los químicos en la sangre, producen hormonas que ayudan a que la médula ósea produzca glóbulos rojos. La pérdida de estas funciones es conocida como insuficiencia renal, que puede ser aguda, y es reversible en la mayoría de los casos, o crónica terminal, cuando se pierde totalmente los riñones. En este caso, se requiere de tratamientos para toda la vida como la hemodiálisis, donde la sangre pasa por un filtro capaz de limpiarla, o la diálisis peritoneal que aprovecha el propio revestimiento del interior del abdomen.

“Estas enfermedades son terribles”, contó José Anastasio, de 62 años, de Tierra Blanca, Jiquilisco, departamento de Usulután, mientras estaba sentado en una banca de madera en el pasillo del área de Nefrología del Hospital Nacional Rosales, en San Salvador. A la sombra de un árbol, él descansa después de haber salido de la hemodiálisis que le ayuda a vivir. “Tengo sólo un pedacito de riñón, vengo para que me pongan dos bolsas de sangre, dos veces a la semana”. Sin pena, acomoda la camisa y deja ver un gran parche en su cuello y algunos otros en su mano derecha. La insuficiencia renal es su compañera desde enero de 2006.

La insuficiencia renal crónica terminal es un problema de salud pública por el alto costo que requieren los tratamientos de hemodiálisis y diálisis peritoneal. Los resultados de la última investigación, realizada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud, a escala nacional, estiman que el tratamiento anual por paciente es de alrededor de 15 millones de dólares, sin considerar gastos de enfermedades secundarias y complicaciones. “Actualmente hay en tratamiento 450 pacientes de hemodiálisis, vienen dos o tres veces por semana; 180, en diálisis peritoneal; 60, en ambulatoria y un grupo como de 200 que vienen y los ubicamos,” dijo el doctor Ricardo Leiva Merino, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Nacional Rosales.

La otra opción

-¿Cómo cambió su vida después del transplante?

-Uno siente la diferencia en la hemoglobina, porque con una de seis uno pasa todo triste, “chele” (pálido); luego se siente normal, como cuando estaba sano. Mejor todavía, porque valoras la salud -, confiesa Elmer Flores, de 29 años, del municipio usuluteco de Santiago de María, quien actualmente vive con un riñón que fue donado por su esposa Rosana López.

Ella habló sobre su gesto altruista.

-¿Fue fácil o difícil la decisión? -, preguntamos.

-Fue fácil porque yo lo veía como sufría con el tratamiento, las crisis que él tenía y todo. Lo único fue consultarlo con mi familia, porque en esa época no estábamos casados. Todos estuvieron de acuerdo -, dice Rosana López, de 29 años. Me prepararon varios meses, exámenes generales, y a la par los de él-, contó.

“La calidad de vida de un paciente en hemodiálisis o diálisis peritoneal nunca se va a comparar con la del transplantado, yo lo veo en mis pacientes que dicen que han vuelto a nacer. Es la palabra de todos”, afirma José Benjamín Ruiz Rodas, nefrólogo del Seguro Social.

¿Cuánto le cuesta al Seguro Social un paciente con insuficiencia renal? Alrededor de 19 mil dólares una persona en hemodiálisis, durante un año; en diálisis peritoneal, 14 mil dólares, casi igual a lo que cuesta un transplante. De tal manera que, el año en que el paciente es transplantado le cuesta lo del transplante, pero del segundo año en adelante el costo baja a cinco mil dólares, “sin ver la calidad de vida del paciente”, explica Ruiz Rodas.

El trasplante de riñón es una cirugía mayor a la que el paciente debe acompañar con la toma de medicamentos por el resto de su vida, para impedir un rechazo del órgano. En El Salvador, sólo se realiza en el Seguro Social, por el costo de la medicina que anualmente se calcula en cinco mil dólares por paciente. Son medicamentos inmunosupresores, como sicosplorina, prograf, prednisona que se los dan mensualmente. El paciente los tiene que tomar a diario hasta que el riñón vuelva a fallar y otra vez venga a diálisis.

Hay dos tipos de donación de riñón. Primero, el transplante que se hace con el riñón donado por personas sanas, vivas, que pueden estar entre los 18 y 60 años. La persona donadora debe tener al 100% la función de dicho órgano. Se le realiza un tipeo de sangre, se le miden las proteínas en la orina; ya que esta prueba es un marcador que permite conocer el funcionamiento a futuro. Además, se le realizan pruebas hepáticas y el examen de SIDA. La mandan al cardiólogo, con el siquiatra, con el neumólogo de manera que todos digan que todo está bien y que no va a tener ningún problema. Si es hipertenso o diabético no lo aceptan.

Segundo. El transplante de órganos obtenidos de personas con muerte cerebral. La Ley salvadoreña define como muerte cerebral al paciente que tiene inactivo el tallo encefálico (el cerebro, el cerebelo, puente y médula cerebral), pero el resto de órganos, como el corazón, el pulmón y los riñones están bien. “Es muerto aquel que tiene muerte cerebral. Esto es importante, no hay forma de revertirlo”, afirma Ruiz Rodas.

Muertos cerebrales

Según la 39ª sesión del Subcomité de Planificación y Programación del Comité Ejecutivo de la OPS y la Organización Mundial de Salud (OMS), realizada en Washington, en marzo de 2005, el impacto clínico y los trasplantes han forzado a reflexiones sobre la necesidad de regular las decisiones desde el punto de vista ético y legal, especialmente en lo referente a la obtención de órganos y su distribución.

El propósito de un programa nacional de trasplantes de órganos es promover la recuperación de la salud de los pacientes, minimizando la brecha entre la demanda de órganos y su disponibilidad, al mismo tiempo que proteger los derechos de los donantes y sus familiares. Por lo tanto, el desarrollo de políticas y estrategias nacionales que promuevan y velen por la suficiencia, la disponibilidad, la calidad, la seguridad, el uso apropiado y equitativo de órganos es indispensable.

El Código de Salud de El Salvador, en el artículo 128, dice que l as instituciones de salud estatales o privadas, que dispongan de la tecnología y del personal calificado podrán realizar trasplantes de órganos con fines terapéuticos, de acuerdo a los principios y regulaciones del reglamento respectivo. Dicho reglamento establecerá las condiciones, principios, conceptos y limitaciones en la práctica de tales procedimientos, médico quirúrgicos.

En el país, sólo se han realizado transplantes de órganos procedentes de donantes vivos, por la falta de la conformación del Consejo Nacional de Transplante; sin embargo, el 20 de septiembre pasado, se publicó en el Diario Oficial la conformación de este grupo consultivo que permitirá reglamentar el transplante de riñón de muertos cerebrales. Han pasado casi cuatro años desde que se aprobó la Ley General de Transplante de Órganos Tejidos, pero está pendiente la reglamentación. Esta iniciativa la debe tomar el Ministerio de Salud. “Hay que implementar un Programa, banco de órganos y tejidos, una política nacional de transplantes. El Consejo deberá elaborar, revisar el reglamento para aplicar la Ley. Sólo falta que el presidente Antonio Saca juramente al Consejo”, dice Raúl Armando Palomo, gerente del Programa del Adulto del Ministerio de Salud.

“El Consejo Nacional de Transplante es importante, primero porque vamos ha elaborar las reglamentaciones que ya están pero necesitamos discutirlas y aprobarlas; en segundo lugar, porque vamos a tener la puerta abierta para hacer los transplantes renales de donador cadáver que no hemos hecho. El paso más importante, después de la juramentación, es reglamentar en qué hospitales se ha de realizar, manejar la forma en cómo debe estar estructurada las unidades pequeñas de cada hospital para poder obtener los órganos de las personas fallecidas”, dice Ruiz Rodas, quien será miembro de este Consejo.

La OPS-OMS declara que como consecuencia de la alta demanda y frente a la escasez de donantes muertos, es que en muchos países de Latinoamérica, con poca capacidad organizativa, en cuanto a donación de órganos, se ven obligados a prodigar el trasplante intervivo como una solución a este problema. Se está viendo con mucha preocupación que en países donde hay poca regulación existe un aumento creciente del número de personas que están dispuestas a donar un riñón, aunque no haya una relación de parentesco con el receptor a cambio de alguna compensación. “Es importante ver cuál va a hacer la disponibilidad del país, del gobierno para este Programa, porque son caros en todas partes del mundo, yo creo que el problema renal debe verse en forma global y aquí no se ve así,” afirma Ruiz Rodas.

Medicina que enferma

La insuficiencia renal crónica terminal puede ser producida por varias causas: infecciones, medicamentos, lesiones, enfermedades renales, diabetes, hipertensión, aterosclerosis, entre otras. “La primer causa es la g lomerulonefritis, una inflamación del filtro del riñón; la segunda, son los diabéticos, los hipertensos, pacientes que han tomado medicamentos tóxicos que han afectado el riñón, como: hibuprofeno, diclofenaco y indometafina. Todos los que se llaman anti-inflamatorios esteroideos son muy buenos para el dolor, pero al tomarlos por largo tiempo dañan este órgano. Pacientes con lupus son el mayor porcentaje de que nos llegan”, dice Rafael Chávez Díaz, doctor de Nefrología del Instituto del Seguro Social.

Otros factores son los genéticos, ambientales o sociales. Una persona con bajo peso al nacer tiene más probabilidades de sufrir de insuficiencia renal que una persona de peso normal. “Se debe estudiar a fondo las causas del problema para terminarlo. Rutinariamente no se hace una detección temprana, no hay una prueba específica que identifique la insuficiencia renal en El Salvador,” afirma Ernesto Selva Sutter, jefe del Departamento de Salud Pública de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA).

Otra causa es el agua que se toma. “¿Qué calidad de agua toma esta gente? Pierden alrededor de un litro por hora en los cañales, sudando y no toma ni la décima parte de lo que pierde; y si agrega que es de pozo, de muy mala calidad, con sustancias tóxicas y metales pesados, como plomo que se han contaminados los mantos acuíferos, son una bomba de tiempo para que al cabo de los años sufra de insuficiencia renal”, agrega el doctor Leiva Merino.

Lo barato sale caro
 

Una nueva medicina de baja calidad para los pacientes transplantados del ISSS.

Las personas que han recibido un nuevo riñón deben tomar medicamentos de por vida, porque el organismo está pendiente de ir a matarlo. Estos medicamentos son los inmunosupresores, que sirven para que la defensa del cuerpo esté dormida, pero si esta medicina es de mala calidad se pueden tener cuadros de rechazo y eso va dañando al riñón nuevo.

En estos momentos, el Comité de Farmacoterapia del Instituto del Seguro Social ha adquirido cipol-n e que es una copia coreana de la sicosplorina. No es de muy buena calidad, según nefrólogos del ISSS.

Un riñón que sirve de 15 a 20 años con este medicamento puede durar menos. Según Elmer Flores, quien actualmente vive con un riñón transplantado, no se siente la diferencia. Pero declara que no sabe cuáles son los efectos secundarios, porque la enfermedad renal es silenciosa, no sabe qué tanto está dañando el riñón con este medicamento.

 

 

 

 

 

 

 

 
Los muertos no son suficientes en América Latina
 

La Organización Mundial de la Salud sugiere aprovechar los donantes muertos.

- El 47% de los trasplantes en Latinoamérica se realizan con donante cadavérico y el 53% con vivo.

- En los últimos 23 años se observa una evolución del porcentaje de trasplantes cadavéricos: 18%, en el año 1980; 34%, en el año 1985; 42%, en el 90; 47%, en el año 2000, y 50% en el 2003. Es decir, existió un crecimiento progresivo del número de trasplantes cadavéricos con una estabilización actual en el orden del 50%.

- Esto está marcando un desarrollo de políticas de donaciones más eficientes pero aún insuficientes si tomamos en cuenta la realidad europea, donde países como España, Francia, Italia y Portugal sobrepasan el 90%. Tampoco olvidemos el beneficio que tiene el donante cadavérico sobre el donante vivo.

- El número de trasplantes renales que se realiza no alcanza a satisfacer la demanda de órganos provenientes de donantes cadavéricos, por lo que se recurre al donante vivo a nivel mundial.

   
 
Cuidado con el agua
 

La ingesta de agua de pozo, a nivel nacional, fue el segundo tipo de consumo más frecuente (23%) entre los pacientes estudiados que padecen enfermedad Renal Terminal. Los jornaleros y las amas de casa son los más afectados.

Fuente: Salud para un País de Futuro. Enfermedad Renal Terminal. OPS – Ministerio de Salud.