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El Chagas dejó de ser un mito

Manuel Ramírez
Periodista

El mal de Chagas no es muy conocido en el medio salvadoreño, pero es una enfermedad mortal. Las últimas investigaciones descubrieron que la chinche que la produce evolucionó, porque ahora vive en las zonas urbanas.

Foto: Manuel Ramírez

La chinche evolucionó y hoy vive en los centros urbanos. Los investigadores siguen paso a paso su cambio de conducta.

En el continente americano, la enfermedad de Chagas, igualmente conocida como Tripanosomiasis americana, mata aproximadamente 50 mil personas todos los años. También, se estima que 18 millones de personas conviven con el parásito en la sangre, sumándole 100 mil personas que corren el riesgo de contraer la enfermedad.

En El Salvador, entre la semana epidemiológica 1 y 42 del presente año, se han reportado 84 casos agudos. Y en la red de bancos de sangre del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, de 38,725 donantes de sangre resultaron 956 positivos con Chagas.

Uno de los mitos de la enfermedad es que se da únicamente en personas pobres o en zonas de bajos recursos, ya que la chinche que la transmite vive en grietas de las casas de adobe y en pueblos rodeados de monte y animales; sin embargo esto cambió. La chinche se adecuó a las condiciones de la ciudad. Ella evolucionó en todos sus aspectos, incluyendo el físico, para poder convivir con el ser humano y así alimentarse de su sangre.

Entomólogos salvadoreños realizan descubrimientos desde el 2002, en los que se encuentran y se estudian chinches desconocidas y que han dado positivas. Es decir, están infectadas por el parásito tripanosoma cruzi, un oportunista que se introduce en nuestro cuerpo y causa el padecimiento de Chagas. Estos nuevos insectos son diferentes al triatoma dimidiata, la que habita en El Salvador y que la gente llama chinche. Los nuevos prototipos encontrados se diferencian en color, tamaño y habilidad de subsistencia.

En febrero de 2005, los investigadores hallaron en una casa de ladrillo en Metalío, departamento de Sonsonate, una chinche muy extraña. Ella aún no tiene nombre y por medio de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA) se envió a Japón para hacerle los estudios respectivos, ya que era portadora del parásito tripanosoma cruzi que, como ya se dijo, provoca la enfermedad de Chagas. Lo preocupante es que se encontró en una vivienda con características inaccesibles para esta clase de bicho, supuestamente: techo de duralita, paredes de ladrillo, poca oscuridad y a su alrededor el mismo tipo de construcciones.

Según la teoría científica, la chinche vive en lugares sucios, paredes viejas de tierra, casas oscuras, pero hoy ella subsiste con la raza humana. Otro de los cambios importantes que ha tenido el triatoma dimidiata es que su ciclo de nacimiento es en menos días. Antes una chinche se desarrollaba en 40 días, actualmente lo hace entre 19 ó 23. Pueden ser muchos los factores naturales que ayuden a esta transformación, entre ellos el clima, la contaminación y el espacio.

Inclusive el ser humano puede estar colaborando para crear estos trastornos en los animales al invadir su territorio, ya que le proporcionamos cambios climáticos, humedad y su alimentación. La chinche al no encontrar animales salvajes para alimentarse, lo hace de nuestra sangre. El cambio en su ciclo de nacimiento significa que la chinche se puede proliferar con más facilidad, y el ser humano es más propenso a infectarse de Chagas.

Con los invasores

El mito de que las chinches invaden nuestro territorio es una contradicción, ya que el ser humano ha invadido su hábitat: construcciones en franjas inhabitables o áreas selváticas que han sido urbanizadas dan como resultado la mortalidad a causa de los vectores. La chinche vivía en zonas selváticas y se alimentaba de la sangre de reservorios salvajes, es decir ratas, coyotes, lobos, entre otros animales. Estos que contienen parásitos infectan a la chinche con el tripanosoma cruzi .

Cuando el ser humano invade estos territorios naturales y edifica casas, fábricas, centros comerciales, las chinches se adecuan al ambiente y por ser hematófagas buscan como alimentarse de sangre. El nuevo huésped se acomoda en nuestros hogares y empieza a ingerir nuestra sangre. La chinche al punzar deposita heces en la picada, y si está infectada por el parásito tripanosoma cruzi , que mantiene en su aparato digestivo, lo puede transmitir a la persona en el momento que ingiere la sangre, ya sea cuando deposita partículas salivares o cuando defeca en la parte afectada del humano.

El parásito se introduce y se mantiene en la sangre en un ciclo circular por un poco tiempo o varios años, luego viaja al corazón de la persona, causando daños o la muerte. ¿Por qué el parásito viaja al corazón? Es lo que científicos y médicos no han podido explicar. Ellos siguen realizando investigaciones para revelar dicho comportamiento.

Cristian Vigil vive en la zona occidental del país y el techo de su casa es de teja. Él está convencido que la chinche está en su casa. “Muchas veces he visto esa chinche, la he notado en el patio o en los rincones de la casa, pero nunca me imagine que fuera tan peligrosa. Es más, yo creo que ya me picó una de ellas”, dijo y con una cara de aflicción muestra una roncha en su brazo derecho. “Yo no sé qué hacer en este caso, ahora que conozco de la enfermedad no sé a dónde ir a hacerme los exámenes. No sé cuáles son los síntomas, no sé si hay cura. La información no existe de parte de un organismo o institución de salud”.

El Sistema Básico de Salud Integral (SIBASI) de Sonsonate explicó que la información se está impartiendo en las escuelas, colegios, universidades y algunos medios de comunicación. El problema, según ellos, es que el proyecto sobre el mal de Chagas es algo nuevo, inició aproximadamente en el año 2 mil; además no hay muchos recursos para informar. “Pero sí se está trabajando”, sostuvo la autoridad.

En la actualidad, la campaña que se están utilizando es la cadena informativa que implica proporcionar boletines e impartir charlas a los estudiantes en varias escuelas, colegios y casa por casa. Estos, se supone, informan a sus familiares, amigos y vecinos. Las visitas son hechas por el personal de la Unidad de Salud, Unidad de Control de Vectores y SIBASI.

Ricardo Cruz, licenciado en comunicación social y profesor en una escuela rural, dijo que la contrariedad es que esta cadena informativa no es tan efectiva, como lo son los medios de comunicación que llegan a cualquier lugar. También señaló que las visitas no se llevan a cabo en todos los lugares. “El Ministerio de Salud debe ser claro y decir por qué no existe una información masiva para la población en los medios de comunicación”, expresó el docente.

Rodrigo Aguilar, de 18 años de edad y habitante de Juayúa, uno de los municipios con más casos de Chagas, en Sonsonate, señaló que este mal es algo que se debe eliminar, porque muchos son los enfermos y se pueden morir. “Mi papá estuvo enfermo de eso, pero se curó,” contó Aguilar, quien conoce sobre la enfermedad por un boletín que le regalaron.

Por su parte, Víctor Ramos, supervisor departamental de Control de Vectores, en Sonsonate, afirmó que sí se da información en los medios de comunicación, en radios, canales locales, revistas, panfletos y charlas. “Además el canal que hemos implementado para informar sobre Chagas es más directo. La cadena informativa da resultados positivos, pero algunas personas no se interesan por lo que publicamos o impartimos sobre la enfermedad”, sostuvo el funcionario.

Mario Sandoval, de 37 años, recordó que cuando era un adolescente le picó una chinche y presentó hinchazón en el ojo, calentura y otros malestares. Él no acudió a ningún centro hospitalario, ahora que sabe de la enfermedad manifestó que el problema no está en que es algo nuevo, sino en la importancia que se le quiera dar: “Aquí, en El Salvador, hasta que existe una epidemia se le da la importancia o cuando las cifras de afectados y muertos suben alarmantemente se inician las campañas. Según el Ministerio de Salud, las llamadas de prevención, aunque en realidad ni el concepto de campaña de prevención tienen claro, porque prevenir es actuar antes de que sucedan las tragedias”.

Ramos dijo que en el país, 20 años atrás, no se contaba con un proyecto sobre la enfermedad de Chagas, “ahora el Gobierno salvadoreño junto con la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), la Organización Panamericana de Salud (OPS) y la Unidad de Control de Vectores de El Salvador tienen una participación crucial para el control del vector y prevenir una epidemia de Chagas”, explicó.

Sin la cura

Lamentablemente ningún país tiene un medicamento específico para curar al infectado de Chagas que se encuentra en la fase crónica; sin embargo, si se detecta a tiempo (fase aguda) puede ser curado y tratado con Benznidazol (difícil de encontrar en El Salvador) y Nifortimox, conocido comercialmente como Lampit y valorado en 40 dólares las 100 tabletas. Este precio sitúa el gasto económico del tratamiento para un niño de 20 kilos, y es vendido únicamente por prescripción médica, tal como señala la Organización Mundial de Salud (OMS).

Otro problema con la enfermedad es detectarla a tiempo no por la parte médica, si no por la falta de información que la persona tiene respecto a los síntomas del mal de Chagas. La persona acude por ayuda hasta que se encuentra en la fase crónica ¿Y por qué sucede esto? Porque la gente, en la fase aguda, solo presenta malestares generales como dolor de cabeza, fiebre, vómitos. En los niños se da el síntoma de romaña o hinchazón en el párpado del ojo izquierdo, pero en la mayoría de adultos no se presenta este síntoma. Esto se debe a que los niños tienen más defensas y cuando estas se activan se hincha el párpado.

En algunos casos, la enfermedad es asintomática. En la fase crónica o terminal se empiezan a presentar daños en el corazón, cansancio, palpitaciones dolorosas y fuertes, fiebre, entre otros, generando preocupación en el afectado. En El Salvador, el mal de Chagas es una de las enfermedades olvidadas, ya que esta puede ser oculta por los síntomas que presenta en su fase terminal.

El clínico de un hospital nacional, quien ocultó su nombre por temor a represalias, aseveró que en El Salvador muchas personas mueren por esta enfermedad, pero como no se señala en el informe médico nadie toma conciencia del problema. “Para que las autoridades nacionales tomen cartas en el asunto debe haber una exigencia por la población”, dijo el profesional. “Antes esta enfermedad sí se daba más en las zonas rurales y ya sabemos quiénes viven ahí, los excluidos, pero ahora que la enfermedad ha empezado su invasión en la ciudad, el Gobierno y el Ministerio de Salud tomarán interés en la enfermedad. Muchas personas tienen ya información de este padecimiento y no se dejarán engañar por los médicos que diagnostican muerte repentina o como decía: paro cardíaco”.

De acuerdo al clínico, un factor más que influye en la mortalidad es la ignorancia de algunos médicos y de los mismos infectados. Por parte de los galenos, se dan tratamientos inadecuados al paciente. Esto podría complicar el estado del enfermo, cuando se está frente a síntomas que no revelan el tipo de enfermedad. Primeramente, se acude a exámenes para poder diagnosticar el problema; asimismo, los infectados utilizan cuestiones naturales para curarse, es decir van donde curanderos porque creen que es un mal.

Señal de alerta

Lo más recomendable es que al momento de observar picadas extrañas y presentar síntomas como fiebre, hinchazón del párpado del ojo izquierdo (romaña), dolores musculares, etcétera, se debe acudir a una Unidad de Salud y pedir que le realicen el examen para detectar El Chagas. La prueba de sangre que se efectúa es la de la gota gruesa y el concentrado de estragos.

En salud pública, la gota gruesa es gratis; no obstante, en la segunda (concentrado de estrago), únicamente se pide una colaboración económica. En un laboratorio clínico privado cobran de ocho a diez dólares. Lo que se debe tratar es de informar y educar a la población sobre esta enfermedad, y lo más importante olvidarnos que es un mito, ya que es algo real que está causando muchas muertes.

Esta enfermedad es conocida por “el mal de Chagas” en honor a su descubridor el doctor brasileño Carlos Chagas (1909). Entre los ejemplares de chinches que causan la enfermedad está el Triatoma Infestan, Triatoma Nítida, Rhodnius Prolixus, sin embargo, en El Salvador, el Triatoma Dimidiata es la que más casos de Tripanomiasis provoca.

Referente al control antivectorial, se han realizado trabajos de rociamiento en tres departamentos: Santa Ana, Sonsonate y Ahuachapán. Cubriendo un promedio de 62,210 viviendas, rociadas con piretroides o los venenos vectron y K-othrine en los últimos dos años. Los gobiernos municipales colaboraron en la tarea de fumigación.

Para el entomólogo Roberto Lemus, los mitos como que el mal de Chagas es una enfermedad de pobres o que es algo sobrenatural que se cura con cuestiones como hierbas, o peor aún que estratifiquemos la enfermedad, pueden ser uno de los errores que nos lleve a perder la lucha contra este vector.

 

El impacto

 

Hasta el momento no existe promesa alguna de parte de las instituciones estatales y de organismos no gubernamentales para ofrecer un plan de ayuda contra el mal de Chagas, el cual cada día afecta a más pobladores de las áreas rurales y urbanas de El Salvador.

El impacto del mal de Chagas en El Salvador es más fuerte que otra enfermedad, sin embargo es un tema que la población poco conoce.

La Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA) invirtió en El Salvador más de 4 millones de dólares en la dotación de insecticidas, vehículos, bombas para rociado, equipos de computación y materiales educativos para el control de este vector.

JICA El Salvador 2000-2006

Número de Viviendas Protegidas

62,000

Población beneficiada

310,000

Incidencia de Chagas evitada por año

1,550