Círculo Solidario implica a los pobres en la lucha contra la pobreza
Olivia Villalta
Periodista
La asociación no gubernamental Círculo Solidario de El Salvador labora, desde hace diez años, en la erradicación de la extrema pobreza por medio de programas educativos en comunidades marginales en distintos municipios.
Luego de 45 minutos de recorrido en autobús, desde Antiguo Cuscatlán, en el departamento de La Libertad, hasta la terminal de Oriente, en San Salvador, Saúl García y Marcela Escobar iniciaron su rutina de los domingos. El destino era reunirse con otros dos compañeros voluntarios para emprender el camino a la casa comunal de la comunidad “Peralta”, aledaña a la estación de transportes colectivos.
Al recorrer los callejones, las paredes con graffitis comunicaban claramente que estaban en territorio de la pandilla 18, la cual vela porque el lugar se encuentre “tranquilo” y sin acosos de rivales ni de las autoridades. Los residentes transitan en relativa calma. En el camino de rieles viejos, a cada diez metros, se encuentran uno o más hombres. Pueden ser adolescentes o adultos que rondan los 30 años. Ellos controlan el sitio con agudeza. Si bien eran pandilleros, unos con tatuajes más vistosos que otros, vestían ropas limpias y en buen estado.
Son un grupo muy organizado, tanto que se comunican por medio de “walkie talkie`s”. El camino curvo, de polvo y restos de basura, seguía, mientras los cuatro jóvenes del voluntariado se abrían paso a su labor anónima de todos los domingos en la pequeña Casa Comunal. Allí, los voluntarios colocaron las sillas desplegables para reunir a los 14 niños, niñas y adolescentes que llegarían en unos minutos a recibir su refuerzo escolar. Todos y todas se sentaron, formando un círculo.
La sesión se inició con una breve oración al Creador, para luego presentar a los que asistieron. Sandra E. Moya, de 36 años y madre de tres hijos, compartió el aporte y beneficios que ha recibido de parte del voluntariado del Círculo Solidario. Su primer hijo, Erick Francisco, de 13 años, quien cursa séptimo grado en una escuela pública, goza de una beca que cubre los gastos educativos desde que comenzó el cuarto grado.
Es una gran responsabilidad saber aprovechar el aval de la organización, dado que el programa de becas enfatiza en que los beneficiados sobresalgan en sus notas para así solventar los costos académicos. “(El) tiene dificultad en matemática, lenguaje, sociales y el inglés; hay ratos que yo me pongo a aprender con él y le ayuda también a su hermanita mayor”, dijo con agrado. Erick tiene deseos de ser piloto o incluso antropólogo, sueños que la madre apoya a costa de la desaprobación de la abuela materna..
Moya, como madre soltera, tiene la esperanza de que su hijo salga adelante y no pase por las mismas circunstancias que ella, ya que a partir de los 14 años se dedica a la venta informal de frutas y venduras de temporada. Llegó hasta el noveno grado. Sin embargo, continúa incrementando sus conocimientos por medio la Escuela de Padres que Círculo Solidario les brinda semanalmente, los domingos por las tardes, a las comunidades beneficiadas.
En una mesa, ubicada en el centro de la casa comunal, cuatro niñas, entre los diez y los 15 años, platican. Todas gozan de las becas. Alexandra, de 13 años, cursa quinto grado. Su aspiración es estudiar derecho, al igual que Jocelin, quien tiene 15 años y estudia el sexto grado. La primera asiste a la escuela por la tarde, mientras que por la mañana se dedica a ayudarle a su mamá en la venta de ropa en el Mercado Central. En cambio, Maryorie de 12 años, estudiante del mismo nivel, compartió su agrado por los números y por eso le gustaría aprender a manejar computadoras y dedicarse a la contaduría; y finalmente, Teresa, de 10 años, de cuarto grado, ama las lecturas y tiene el sueño de ser veterinaria.
Todas coincidieron en decir que les gustaría vivir en otro lado, fuera de Peralta: “Muchos muertos, balazos aquí. Si cuando vienen los policías a acá, se pone bien solo”, dijo Alexandra con un gesto de descepción, concentrándose en un dibujo que realizaba.
La trayectoria
Círculo Solidario es una institución de carácter humanitario y sin fines de lucro que llegó a El Salvador en 1995. Su misión es combatir la situación de pobreza, discriminación y desigualdad social que atraviesan las personas que viven en las zonas marginales y rurales. Para ello, gestiona ayudas nacionales, extranjeras, particulares de organizaciones públicas y privadas. ¿Sus principios fundamentales? Toda mujer es mi hermana y todo hombre es mi hermano, lo más hermanos son los pobres, con los pobres contra la pobreza y ayudar al que tiene menos.
La línea es brindar a través de la educación mayores oportunidades para salir adelante. La organización nació bajo el compromiso social de laicos católicos. En estos momentos, tienen sedes en Filipinas, Perú, España y El Salvador. Aquí colaboran en los municipios de Nahuizalco y Armenia, en Sonsonate; Colón, del departamento de La Libertad; Ciudad Delgado, Mejicanos, Ayutuxtepeque, Apopa y San Salvador, en el departamento de San Salvador.
Los recursos económicos con los que cuenta son financiados por el Gobierno Vasco de Cantabria, la diputación de Viscaya y bancos españoles, y aunque la intitución como tal gestiona recursos económicos, siempre tiene la necesidad de reclutar a voluntarios y voluntarias. Ellos y ellas deben estar dispuestos a trabajar de lleno con la organización y buscar la gratificación personal de marcar la diferencia en miembros desprotegidos de la sociedad salvadoreña.
El español Santiago Martínez, de 28 años, es el responsable del Voluntariado de Círculo Solidario en el país, desde 2005, gracias a una beca del Gobierno Vasco. En todo momento muestra una actitud de respeto sobre lo que implica trabajar para la gente más pobre del país. La meta es poder generar una capacidad crítica en las personas de las comunidades, además de enseñarles la importancia de mantenerse bien informados del acontecer en nuestra sociedad.
Él admitió que la experiencia salvadoreña ha marcado su vida, debido a la evidente desigualdad social y económica que prevalece. “Yo tengo experiencia en otro tipo de voluntariado. En España es distinta la pobreza, ya que allá es más a nivel urbano, en cambio acá es rural y bajo unas condiciones extremas, porque no es lo mismo vivir en una casa que en una champa”, expresó y agregó que le apuesta a que el voluntariado crezca mucho a nivel social, más que el asistencialista. Si bien, el primero es el trabajo permanente y activo (laborar bajo un calendario organizado); el segundo se caracteriza por ser casual.
Por tanto, la labor de los y las voluntarias no solo se limita a lo social, sino también a la educación en la fe pero de forma secular. Saúl García, odontólogo de 28 años, recuerda que sus inicios en la fundación fueron con la Pastoral Juvenil de Antiguo Cuscatlán, La Libertad, en el año 2001. Él formó parte de la comunidad “Jóvenes Solidarios”, quienes se enfocan a ayudar a personas becadas. Luego se involucró con el grupo “Fe y Acción Solidaria”, el brazo derecho espiritual de la organización que se encargan de formar una agrupación para dedicarla a los jóvenes y apoyarlos.
Hace dos años, García comenzó a visitar la Comunidad Peralta para dar el refuerzo escolar a los becados y tratar de organizar a la gente. El sitio es controlado por la mara 18. Respecto a esto el odontólogo explicó que ellos respetan a todos los de Círculo Solidario, “nos hemos enterado que tienen órdenes del cabecilla que no nos pidan dinero y ni que nos roben; si lo hacen, tienen una sentencia por contrariar”. Actualmente, hay en total cuatro voluntarios que dedican sus domingos a los 30 niños y niñas, quienes reciben clase de las 8:30 de la mañana a las 11:30 a.m.
El cambio
Aunque el lugar es un sector violento en el sentido verbal, interpersonal-familiar, e incluso la rivalidad y desunión que existe entre los habitantes, García asegura que se ha logrado un avance en el transcurso de sus dos años de voluntariado: “Ahora los niños saben agradecer y pensar que todo lo que tienen pertenece a todos. Tratamos de alguna manera de contrarrestar esa violencia, como meta de cambiar la realidad del país con la educación de la gente, tanto en el nivel intelectual como mental”.
El querer cambiar la realidad de los niños y niñas es un reto, pero la esperanza es conseguirlo por medio de la formación. Para García, el ir conociendo la persona de Jesús le creó un compromiso con la gente. “Es un voluntariado que surge de la fe. No es tan filantrópico ni remunerado. Vas por un resultado basándote en la fe y la justicia. La mejor gratificación recibida es quedar grabados en la memoria de la gente; no hay mayor recompensa. Si se busca la vida eterna, ya deja de ser voluntariado de Jesús”, afirmó en un tono que no admitía duda.
Tanto García, su novia Marcela Escobar, Santiago y otros héroes y heroínas, que viven en el anonimato, son una pequeña parte del cuerpo de voluntariado con los que cuenta el Círculo Solidario que día con día abre las puertas de su organización a toda persona dispuesta a contribuir a la causa. |
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