Editorial
La Navidad carnavalesca
Dos mujeres se afanaban arreglando las bolas que pondrían en el árbol de Navidad, en el Mercado ex Cuartel, San Salvador. De los colores más vivos que podamos imaginar los adornos llenaban de ilusión a la gente, porque además de tener otro tema de conversación hay toda una expectativa de lograr buenos ingresos económicos gracias a la venta de la artesanía salvadoreña.
Todos y todas sabemos que con el dinero extra del aguinaldo se da un repunte en las compras y tampoco faltarán los hermanos y hermanas lejanas que vendrán a buscar más de algún símbolo nacional para llevarse a sus nuevos hogares en el extranjero. Las líneas aéreas, sabedoras de la nostalgia por venir a la tierra que los vio nacer, también aprovechan para subir las tarifas de los boletos, dicen las buenas lenguas que los mil dólares no ajustan a la hora de pagar.
Menos mal que deseamos "vender" en el exterior a El Salvador como destino turístico, aunque dudo que lo logremos con los costos que implica únicamente la adquisición del boleto aéreo. Esta forma de actuar refleja la voracidad por obtener ganancias inmediatas sin pensar en el mañana, y esto acontece en todos los estamentos de nuestra sociedad, donde está rota la armonía y la paz.
Actualmente los males políticos, económicos y sociales forman una intrincada red, cuyos lazos jamás atenderán los rezos y proclamas de una paz social, aunque la haga el mismísimo Presidente de la República, Antonio Saca, si no vemos más allá de los intereses partidarios y particulares. A sus oídos ya llegó el mensaje de que la seguridad no se logra con una campaña publicitaria, de acuerdo a los expertos colombianos que fueron traídos al país a contarnos sus experiencias exitosas a la hora de bajar las cifras de homicidios en la ciudad de Bogotá.
Mientras en la palestra política se toman las decisiones que marcarán el rumbo en el 2007, y ojalá piensen a largo plazo también, las bolas de colores que adornarán los árboles de Navidad simbolizarán esos grandes deseos que tenemos de vivir tranquilos y tranquilas. Las promesas ante la llegada del nuevo año apenas comienzan, como las ofertas navideñas de compre hoy y pague después.
El problema es que ya estamos endeudados, por no decir viviendo una auténtico carnaval, donde los antifaces intentan ocultar el rostro real de la realidad. |