El legado de Baroja
Carolina Díaz
Periodista
Conocido y admirado por muchos, anónimo e insignificante para otros; así es hoy Pío Baroja, quien en vida fue un amante de la literatura: un lector constante y un escritor generoso. Su obra abarca temas variados, distintos lugares y una visión crítica que sólo se observa en el mundo ‘barojiano'.
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Foto: Carolina Díaz |
El escritor español es leído en El Salvador, especialmente por universitarios. |
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Irrefutable. Con la muerte, la existencia y la fama de la mayoría de los seres humanos desaparece, sólo unos pocos trascienden al ser inmortalizados por la historia. Pero, como diría el filósofo alemán Arturo Schopenhauer, lo inmortal, la realidad está en las ideas y no en los individuos. Por sus ideas, algunos hombres y mujeres son recordados, sus nombres siguen y seguirán siendo cotidianos para muchas generaciones. Entre esos casos excepcionales está el del célebre escritor español Pío Baroja, quien al nacer el 28 de diciembre de 1872, convirtió la fecha en motivo de conmemoración.
Hablar de Baroja se hace difícil. La vasta literatura que hace referencia a su vida y obra puede abrumar a un principiante, sobre todo porque aún hoy, a 134 años de su nacimiento y 50 después de su muerte, sigue siendo noticia. El pasado septiembre, el Museo de la Ciudad de Madrid, en España, abrió una exposición homenaje titulada “ Memoria de Pío Baroja”, que estará abierta hasta fin de año . En ella, exhibe por primera vez un video en el que dicho literato habla de Benito Pérez Galdós. Esta muestra se realiza en el marco del 50 aniversario la muerte del escritor, que, para muchos, es el más vigente de la Generación de 98. Él falleció el 30 de octubre de 1956. Por esa razón, durante ese mes, en las páginas de numerosas revistas se presentaron comentarios e historias relacionadas con él.
Baroja es uno de los escritores que más importancia dio a su biografía. Ello se hace evidente en los siete volúmenes que dedicó a sus memorias, publicadas a partir de 1944. De modo que, hasta la fecha, es posible obtener información de primera mano sobre este autor. Sin embargo, aquí se ofrecen algunos de los datos más relevantes de su vida.
Pío Inocencio Baroja y Nessi fue el tercero de los cuatro hijos de Serafín Baroja y Carmen Nessi Goñi. Vio la luz por primera vez en San Sebastián, España, el 28 de diciembre de 1872. Su nombre se deriva precisamente de la fecha en que nació, ya que en ella se celebra el día de los Santos Inocentes. “Nací en San Sebastián el día los Inocentes del año 72. Esto es lo que no me perdono”, confesó años después, en una entrevista. Y es que para él, existía cierta analogía entre el día en que se nace y el espíritu que se manifiesta. Por lo anterior, nuestro personaje se sentía inconforme con sus dos nombres, por cierto papales, que no aludían ni a fuerza ni a valentía; cosa contraria en sus hermanos mayores: Darío y Ricardo.
Por otra parte, puede decirse que nació en una familia con inclinaciones artísticas. Su padre, ingeniero de minas, escribió algunos poemas en vascuence y fue quien inspiró a Pío a escribir. También su hermana menor Carmen escribía. Mientras, su hermano Ricardo fue pintor, a su taller acudían figuras notorias como Picasso, quien llegaba a recibir clases de grabado.
Cuando tenía 28 años, Pío Baroja decidió dedicarse de lleno a la escritura. Aunque había estudiado medicina ejerció como periodista. Además, explotó la crónica, el cuento, el ensayo, la novela (escribió más de 60) y las memorias. Sus libros más famosos fueron La busca, Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox y El árbol de la ciencia. Los numerosos viajes que realizó le permitieron ofrecer una literatura no localista, su prosa fluida y su detallismo exacerbado hicieron que los críticos lo calificaran como: “un cronista vivo de la época que le tocó vivir”. De ahí que no resulte raro que, en 1934, fuera elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Española.
En lo romántico no se le atribuye mucho éxito, ni se casó ni tuvo relaciones polémicas, que despertaran habladurías. En su vejez, como en gran parte de su vida, se mostró huraño, misántropo, metódico, goloso e improvidente. Murió a los 84 años, meses después de una operación en el fémur, sus restos descansan en el Cementerio Civil de Madrid.
En tierra salvadoreña
En El Salvador, al igual que en muchos países del mundo, los textos de Baroja se siguen leyendo. Aunque no goza de la popularidad de Dostoievki, García Márquez o Pablo Coelho, muchas personas manifiestan que es uno de los grandes de la literatura. Rioko Preza, una joven escritora inédita, manifestó que su gusto por dicho literato se deriva de la capacidad que él muestra para trasladar al lector a su tiempo. “Es pintoresco, descriptivo, hace que las cosas parezcan reales y sus finales no son predecibles”, comentó.
Lo anterior es compartido por Jéssica Medrano, de 24 años, ex alumna de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), en San Salvador. Según ella, la capacidad descriptiva de Baroja, la hacía entrar en una pensión, sentir la oscuridad; percibir los sentimientos de soledad, tristeza o desesperanza de los personajes. “Sentía que no sólo era el personaje el que tenía esas emociones, sino también la sociedad misma de la época en que se desarrollaban sus historias”, explicó.
Por su parte, María Quintanilla, de 23 años, estudiante de Comunicaciones en la UCA, después de haber leído tres novelas del escritor cuenta: “La genialidad de Pío consiste en que se aparta de la idealización que se hace de las fuentes de inspiración. Desarrolló un estilo honesto sin otra pretensión que esta misma sinceridad”. Por otro lado, hay quienes se enfocan en su forma de ver la vida. “Me gusta que mezcla la realidad con sus concepciones”, dijo otra lectora, Ángeles Valencia, de 22 años, también alumna de la UCA. “Presenta la sociedad de una manera crítica y se burla de las estructuras rígidas de la misma”, agregó.
Pese a lo antes expuesto, la gran mayoría no conoce a Baroja. Salvador Mejía, de 23 años, instructor de la carrera de Administración de Empresas, de la UCA, quien únicamente ha oído el nombre del novelista, considera que esto se debe a que muchas personas forman su gusto literario con escritores conocidos. “En base a eso decidimos si una obra puede o no valer la pena”, argumentó. Otros atribuyen el hecho a las deficiencias del sistema educativo, que no ofrece variedad en lo que a literatura respecta. Y es que muchos autores se vuelven populares a fuerza de ser obligatorios en la escuela.
En ese contexto, Humberto Romeo González, profesor de literatura del Instituto Nacional de Ciudad Obrera de Apopa (INCOA), San Salvador, y ex alcalde por tres periodos de la misma ciudad, explicó: “El programa presenta los temas, de ahí cada maestro elige según su criterio qué autores recomendar, yo no me interesado por ese autor”. Medrano asegura que, una de las razones por la que Baroja no se recomienda en las escuelas es porque su estructura narrativa no está acorde a las exigencias (él acostumbraba escribir sus historias en tres entregas). Además, “no pueden recomendar lo que no conocen”, agregó.
Lo antes expuesto se hizo evidente en la respuesta del profesor González: “Sé que Baroja es de una generación muy antigua, de principios de siglo, me parece que está desfasado o por lo menos no ofrece temáticas actuales”. Sin embargo, Quintanilla lo refuta al mencionar algunos de los tópicos que Pío Baroja aborda en sus escritos: la pobreza, la marginación, el cuestionamiento argumentado de lo establecido, las incoherencias de la sociedad y las desventajas del urbanismo. Temas realistas y permanentes, que al presentarse de forma crítica no favorecen reproducción de las estructuras sociales. Y es que “las cosas que Baroja dice pueden no gustarle a mucha gente”, manifestó José Catalán, catedrático de la UCA.
Pese a lo anterior, hay otro punto básico que dificulta la lectura de los textos del citado novelista y que fue mencionado por Rioko Preza: la dificultad para encontrar sus libros. Con esa inquietud se realizó un pequeño sondeo en ocho ventas de libros, en San Salvador y La Libertad, entre librerías grandes y puestos de textos usados. La respuesta no fue la esperada, nada más en dos de los sitios consultados se encontraron títulos del autor; y no precisamente los más conocidos. En la librería La Ceiba se puede hallar Cuentos de fantasmas , Las inquietudes de Shanti India y Juan Van Jaler, el oficial aventurero . El primer título en la sucursal de Galerías y en Las Cascadas, mientras las dos últimas en la de Antiguo Cuscatlán, La Libertad. Iris Ruiz, vendedora de La Ceiba, considera que no se ofrece variedad de títulos de Baroja porque no son muy solicitados, “no es muy vendible, quizá por el tipo de literatura”, aseguró. Asimismo, en uno de quioscos sin nombre que se ubican cerca del parque San José, San Salvador, se halló Paradox Rey , de ahí en ninguna otra parte.
Empero, en la biblioteca “P. Florentino Idoate, S.J.”, de la (UCA), la historia fue distinta. Ahí se ofrecen 68 libros, una cantidad superior a 50 títulos ‘barojianos'. La dificultad está en que sólo el sector de docentes y el estudiantil, de dicha institución, tiene pasó libre, el resto de ciudadanas y ciudadanos deben pasar por varios trámites para poder acceder por tiempo limitado a las instalaciones. De ahí que la mayoría de los lectores de Baroja sean estudiantes de dicha universidad. “Si en la biblioteca de aquí no hubieran libros de Baroja no lo habría leído”, argumentó Krisia Martínez, de 20 años, estudiante de la UCA y lectora de Baroja.
Así se ve el panorama, cada cual con su opinión. Claro que no trato de buscar conclusiones, porque como dijo el mismo Baroja, “las conclusiones dejémoselas a los idiotas”.
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