El territorio liberado de la bohemia se viste de rosa
Sandra Moreno
Editora
Tras una lucha tenaz, la Luna Casa y Arte alcanzó los 15 años de estar abierta. El aniversario será celebrado durante todo el 2007.
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Foto: Sandra Moreno |
Quique Hueso, Beatriz Alcaine y Herenia Castellón son los que llevan la batuta en el negocio que jamás olvida lo cultural. |
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Calle Berlín, rumbo del boulevard lugar de mágico encuentro, donde las artes van a platicar sus más profundos secretos, Luna de vinos y pan, Luna pedazo de queso, Luna has visto pasar miles de historias y cuentos. (Fragmento de rolita a la Luna Tato Henríquez).
Así abre La Luna Casa y Arte su programa oficial de los 15 años que arrancó el pasado 1 de diciembre con la cantautora Katya Cardenal, del dúo Guardabarranco, quien presentó su disco "Hojarasca". Sucesivamente durante todo el mes navideño habrá una serie de eventos y, de acuerdo a Beatriz Alcaine, el alma y el cerebro del espacio artístico, la fiesta se extenderá al 2007.
Pero el platillo fuerte es el Mega Festival que inició el 11 de diciembre y termina el 16 (mayor información en www.lalunacasayarte.com). En ese período de tiempo, los y las artistas nacionales regalan a La Luna Casa y Arte lo que mejor saben hacer: cantar, bailar, actuar, danzar, interpretar, declamar,... El gracias va sobre todo a Beatriz Alcaine, quien convirtió un 6 de diciembre de 1991 la que fuera su casa de infancia en el oasis que le permitiría soportar la realidad salvadoreña.
Y justamente de nuevo el contexto de El Salvador hace que Alcaine se replantee el futuro de "su hija mayor", como le dice la familia a La Luna Casa y Arte. "Todas las cosas comienzan y todas terminan", reflexiona esta dinámica mujer, considerada como la gran amiga del artista que necesita un espacio para comenzar a experimentar su arte. Parte de sus inquietudes saldrán al público en el conversatorio del próximo 13 de diciembre, donde se contará con Carlos Herman Bruch, Paolo Luers, Carmen Tamacas, Carlos Dada y Luis Balibrera.
Cuando Alcaine planteó abrir el negocio la tildaron de loca, ya que ni los Acuerdos de Paz se habían firmado y la sociedad estaba sumamente polarizada. En la ciudad de San Salvador había un abandono total a la cultura, las mujeres no podían salir solas a la calle, tampoco hallaba la gente sitios donde comprar un libro, sin embargo hubo un grupo que sí la apoyó. Ellos y ellas invirtieron dinero y energía en le nuevo proyecto: Gracia María Rusconi, Camila Sol, Camenche Benítez, Óscar Soles, Alvar Castillo, Verónica Vides, Daniela Heredia, entre otros y otras.
Pero tal vez, el principal motor de la idea fue el deseo íntimo de Alcaine de vivir en el país, que la había exiliado por 11 años. Desde 1980 no había estado en su tierra y su deseo mientras estuvo en México, Francia y Nicaragua era volver, "todo lo que hacía era para cuando regresara a El Salvador, yo me quería regresar para hacer cosas aquí", recuerda esta salvadoreña de 41 años de edad.
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Foto: Sandra Morenol |
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La decoración simpre sorprende a la clientela de La Luna, la cual rompe las reglas tradicionales. |
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"Estás loca", le dijo su madre, Margarita Herrera. "Si te vas, no te puedo apoyar con dinero, aunque allá está tu casa de infancia". Dicho y hecho. El sueño tenía ya un local, justo la vivienda que vio crecer a Alcaine, donde había dado muestras de haber nacido para lo artístico. Con sus amigas hacía verdaderos shows, "seguís haciendo lo mismo de chiquita", dice doña Margarita. La hija sonríe ante esa verdad, aunque hoy, difícilmente puede ocultar la preocupación por la situación económica de La Luna, que surgió ante la necesidad de construir "mi propio mundo para quedarme aquí. He vivido más en La Luna que en otra parte, es territorio liberado".
La Luna se convirtió en su propuesta de ciudadana y empezó a cobrar sentido para otros que también regresaban de diferentes frentes. Era un espacio abierto, donde se ejercitaba la tolerancia, el valor de ser diferente. Fue, asimismo, el lugar donde por primera vez el público tenía la oportunidad de escuchar a un Manlio Argueta, una Claribel Alegría, nacería entonces Crepúsculo literario. Después vendrían los momentos de escuchar jazz, rock o la "toma" del movimiento de mujeres del sitio para hacer oír su voz.
Ahí se rompió la polarización que vivía la sociedad, porque se volvió normal ver en una mesa a un alto militar y en otra a un comandante guerrillero. El programa de actividades incluía desde clases de yoga hasta talleres de fotografías. Esto hizo de La Luna un éxito, un estado en riesgo, ya que "la realidad actual no es la misma", acepta de forma pragmática Alcaine. "No sé qué va a pasar, San Salvador está más violento, tenemos un gobierno más imbécil que el que había, una izquierda sin perspectiva, tenemos una juventud frívola, gringa como nunca y una política oficial que ofrece seguridad, pero dentro de los centros comerciales, entonces ¿es viable un proyecto como La Luna en esta nueva realidad?".
La pregunta la lanza sin tapujos en medio de su "hija mayor", en la víspera del gran día de los 15 años. La celebración será fundamental a la hora de encontrar los mensajes de lo que desea el público y los hombres y mujeres que encontraron un espacio diferente cerca de La Luna, pero en territorio salvadoreño. |
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