Uca ofrece becas
Teresa Argueta
Periodista
Para obtener una beca el alumnado debe superar unas pruebas de matemática y lenguaje, si lo consigue debe trabajar para completar sus gastos personales.
Flor de María Rugamas Alvarenga, becada del Centro Monseñor Romero de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), se esfuerza por aprovechar al máximo la oportunidad de estudio, al estar cubierta su matrícula y el pago de la carrera. El dinero para los gastos extras sale de los trabajos que ha tenido que desempeñar: instructora de matemática y maestra privada en esta misma área de personas particulares.
“Flor es una chica colaboradora que siempre está en disposición de hacerlo”, expresa Marta Lidia Merlos, profesora de matemáticas en la UCA. Al parecer, la futura profesional desde pequeña mostró interés por el estudio. “Siempre destaqué en todas las materias”, recuerda. Su mayor afán es terminar la carrera de Ingeniería Industrial, en la cual cursa quinto año.
“Recuerdo cuando fui a competir para ganarme la beca. Éramos 20 y sólo proporcionarían tres. Las mejores notas se quedaron con estas plazas”, cuenta Rugamas. “Yo estaba nerviosa. El proceso fue un poco largo, exámenes de matemática y lenguaje. En el primero, ejercicios de álgebra y estadística; en el segundo, puntuación y ortografía”. En ambos, ella salió bien. La prueba se realizó en una de las aulas del centro de reflexión teológica de la UCA.
No proporcionar todos los gastos que el estudio requiere responde a una lógica, de acuerdo a Dean Brakley, encargado del programa de becas “Mártires de la UCA”. “Necesitamos formar personas conscientes de la realidad, que luchen por sus comunidades desde su ámbito profesional”, afirmó.
“Una beca es una gran responsabilidad. Es algo que da alegría pero hay que luchar y sacrificarse para mantenerla”, dice Nelson Alexander Franco, becado y estudiante de tercer año en Ingeniería Industrial. “Soy hijo de madre soltera, tengo cuatro hermanos y lo que ella gana no alcanza para darnos el estudio. Por ello, aunque yo gozo de una beca debo trabajar”, explicó.
Todas las tardes, Nelson se dirige a la biblioteca de la UCA. Allí trabaja como auxiliar. A veces revisa libros o se ubica en la entrada para recibir los bolsos y colocarlos en los casilleros. A sus 24 años de edad, no puede ocultar los ojos rojos y las ojeras que delatan su estado de ánimo y cansancio. El trabajo de dos horas diarias le reportan los valiosos 54 dólares que necesita para sobrevivir.
“Para poder estudiar, mi padre se fue para Estados Unidos con la esperanza de que allá encontraría mejores oportunidades de empleo. No fue así. Mi madre no tuvo otra opción más que dedicarse a vender ropa en las colonias vecinas de Mariona (Soyapango, en San Salvador), desde tempranas horas. Mi hermano mayor la hacía de papá. Eso nos ayudaba, pero yo me sentía como carga para mi familia”, cuenta Griselda Reyes, egresada de Administración de Empresas.
El sacrificio
Por esta razón, Reyes decidió estudiar y laborar al mismo tiempo. Ella desempeñó el cargo de dependiente en “Almacenes Simán”. Esto la estresaba y cansaba demasiado, incluso salía mal en sus estudios. Reprobó materias y estuvo a punto de decir “ya no puedo”. Entonces su madre intervino: “Hija, usted ya comenzó y tiene que terminar, como sea”.
En cambio, Eric Portillo, de segundo año de la carrera de Administración de Empresas, vive una situación diferente. “En mi lugar (hogar), el estudio no se menciona. De eso no se come hijo, mejor póngase a trabajar, dice mi padre”, cuenta el estudiante.
El padre de Eric no termina de entender que en El Salvador es un privilegio estudiar. Eso sí lo tiene claro Griselda Reyes, “me siento privilegiada, porque en Mariona, San Salvador, son pocos los que estudian. Los jóvenes sólo piensan en trabajar, no es que ellos no quieran sino que no tienen otra opción. Es triste ver a tanto chicos con ilusiones y deseos de superarse, y ver que no lo pueden realizar porque no cuentan con los recursos económicos para estudios superiores.” Y su mamá Esperanza de Reyes da gracias a Dios por el destino profesional que ya visualiza en su hija.
“Siempre me faltó confianza en mí misma”, dice Griselda. En esto coincide con Eric, quien confiesa que no creía en su capacidad intelectual. Sin embargo, son personas luchan por graduarse un día de la UCA.
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