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El rostro tecnológico de la prostitución

Vanesa Nóchez
Periodista

En El Salvador, un grupo de universitarias asegura dedicarse a la prostitución por placer, por el gusto de tener sexo y dinero, al mismo tiempo. Su modus operandi es diferente y novedoso.

Foto: Vanessa Nóchez

La red facilita el anónimato a las prostitutas universitarias a la hora de contactar a los clientes.

Carlos, a sus 18 años de edad, visitó por primera vez una sala de cómputo. Pidió a la encargada del cyber café una máquina con Internet y se dispuso a teclear la dirección electrónica www.elchat.com. Al entrar a la página electrónica, se le pidió un nickname, un sobre nombre para navegar y conversar con otros cibernautas en la red. Existen muchas salas de conversación en el chat y están divididas por países, pero Carlos escogió la de El Salvador. Ahí se encontró con infinidad de nicknames, entre ellos El Luchador, La Fresa, El Doggy...

A Carlos le llamó la atención el de BB Doctora. Le interesó tanto que le dio doble clic al nombre y le apareció una ventana para iniciar una conversación más privada. Muchas veces estos recuadros de diálogo se cierran cuando una de las partes no está interesada en la plática, pero Carlos tuvo suerte bajo el nombre de Héroe. BB Doctora envió su dirección de correo electrónico, y cerró la ventana. El novato se intrigó mucho con la acción, tanto que abrió su correo electrónico y la agregó a sus contactos. Luego, al no ser rechazado, inició una conversación con ella.

La charla se tornó exploratoria: ¿cuántos años tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Trabajas? ¿Estudias? Y ella, por supuesto, enviaba el perfil del hombre que buscaba. Dentro de la conversación, BB Doctora mandó íconos sexuales. Fue evidente su interés por Carlos, porque decidió enviarle su número de teléfono celular. Sin escribir más palabras cerró la conversación y se desconectó de inmediato.

Él quedó tan interesado que se retiró del cyber para ir a su casa y llamarle. Ella contestó. Carlos, nervioso, le pregunta: “¿BB Doctora?”. La aludida sin dar más explicaciones le dice que sus servicios son cómodos, que por 10 dólares pueden pasarla muy bien, sin límite de tiempo y sin restricciones. Él aceptó. Se encontraron al día siguiente, a las 2:00 p.m., en el hospedaje El Encanto, sobre la 11 calle Poniente, entre la Avenida España y la 1ra. Avenida Norte, en San Salvador. “Y vos pagas el cuarto”, le dijo con garbo la BB Doctora.

Por Internet

Un buen día, en el año 2002, un grupo de jóvenes, entre los 19 y 27 años de edad, estudiantes muy brillantes y algunas alumnas de la Universidad Nacional de El Salvador, buscó la forma de resolver sus necesidades económicas de una manera fácil y que trajera a su vez satisfacción. “Carolina”, futura ingeniera en Sistemas, tuvo la brillante idea de promocionar sus servicios sexuales en la red. “Que mejor forma que esa, hay muchos hombres chateando y buscando sexo”, aseguró. “Era la única forma para no tener que exponernos en la calle, y así satisfacíamos nuestra adicción sexual”.

El resto fue un efecto domino. Un cliente satisfecho le cuenta a un amigo, este se interesa y busca los servicios. La red creció. “Son más de diez jóvenes, todas las que yo conozco al menos. Todas estudiantes de Ingeniería en Sistemas en la Universidad Nacional de El Salvador (UES), según me ha contado La Gatita Celosa, una de mis favoritas por ser muy desinhibida en la cama”, aseguró Julio.

“Una de mis compañeras me comentó, y yo decidí probar. Esto es buenísimo, obtengo mucho placer con el sexo y aparte me pagan. ¡Qué más puedo pedir!”, dice Pamela, quien se convirtió hace cuatro años en una de las sexo servidoras que venden sus favores en el chat.

Ellas se consideran diferentes a las prostitutas de la Avenida, calle en la capital salvadoreña conocida porque se encuentran las mujeres que cobran desde un dólar. A su juicio, las prostitutas de las zonas de tolerancia, llámense Barras Show, cervecerías, salas de masaje y áreas aledañas a los hospedajes, tienen una deficiente educación académica, se deben a un proxeneta y pagan mensualmente por el cuarto en el que dan sus servicios. “Al no tener educación superior, se ven sometidas a todo tipo de vejaciones. Nosotras lo hacemos, porque nos gusta y no tanto por la necesidad económica”, explicó “Kelly”.

“Lidia”, compañera de oficio de “Nelly”, agregó que dan un servicio de lujo a un bajo precio. Esto incluye todas las posiciones que el cliente pida y las veces que él aguante, al mismo precio. “Las mujeres de los prostíbulos tienen tiempo estipulado, y a mayor tiempo más cobran, aparte de eso sus orgasmos son fingidos, los míos son reales”, aclaró.

Ninguna está ligada a las drogas, otro distintivo, según ellas. “Yo no necesito drogarme para pasármela bien en la cama con un hombre, por eso nosotras escogemos al cliente, no ellos a nosotras”, atestigua “Berenice”, aunque el tiempo de abstinencia llega en la época de parciales. De ahí que mantienen un alto rendimiento académico. “Nosotras sólo chateamos cuando estamos libres de responsabilidades en la universidad”, explicó “Carolina”, de las fundadoras del grupo.

La necesidad humana

“Sin lugar a dudas estas chicas necesitan ayuda psicológica. El sexo es una necesidad humana, no un deseo insaciable como ellas lo plantean”, sostuvo Roberto Zelaya, del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional. “Uno no puede ir por la vida con adicciones, sobre todo si son tan peligrosas como ésta. El SIDA es un peligro constante para ellas, y no sólo eso sino la variedad de enfermedades infecciosas que el sexo sin protección y con desconocidos puede traerles”.

Por su parte, el sacerdote Mario Escobar, de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Mariona, en San Salvador, opina que la prostitución es la profesión más antigua, “aparece en la Biblia con la historia de Magdalena y no me siento en condición de juzgarlas, pues sólo Dios, Nuestro Señor, puede hacerlo. Dios dijo: ‘Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra'. Yo puedo decirle que sostener relaciones sexuales no es pecado, siempre y cuando se esté bajo el santo sacramento del matrimonio; si lo hacen fuera de éste, entonces sí incurren en el pecado de la fornicación”.

El pecado, de acuerdo a la Iglesia Católica, no le quita el sueño a las universitarias, quienes encontraron en las nuevas tecnología el medio perfecto para su negocio. Solo necesitan conectarse al chat para buscar más clientes. “No necesitamos quién nos cuide y nos busque clientes, nosotras podemos hacerlo solas”, dijo “Lisa”.

Cuatro de ellas tienen novio, los conocieron al venderles sus servicios sexuales. Ellos están resignados a tener que compartirlas con otros hombres, porque no pueden satisfacer todas las necesidades económicas y sexuales de las jóvenes. “Si nos quieren, tienen que aguantarse ya que el dinero no cae del cielo y mi novio no aguanta mucho en la cama. Yo necesito satisfacerme sexualmente, y con un sólo polvo no logro saciarme, yo siempre quiero más”, señaló “Melisa”.

Pero además del placer esgrimen otras razones para haber elegido este camino: el poder ayudar a sus familias económicamente. “Yo a veces le dejo a mi mamá el dinero en el chinero para que lo vea, cuando pregunta de dónde salió simplemente me hago la desentendida; y le digo que yo no sé hasta que se aburre de preguntar. Mi familia necesita el dinero. Somos cuatro hermanos y yo soy la mayor. Cuando veo a mi mamá desesperada, tengo que actuar”, comentó “Cristy”.

“Otro factor importante es mantener las apariencias”, opina Zelaya. “Estas jóvenes son de clase media y quieren aparentar una seudo burguesía, manteniendo lujos que muchas veces sus padres no pueden darles”. Y, al parecer, “Alexia” termina de confirmar su hipótesis: “A mí me gusta andar bien vestida, oler bien, a perfume caro. Me gusta que me digan que rico hueles”. Según el profesional, durante la adolescencia, los jóvenes buscan encontrar un lugar en la sociedad y estar al nivel de los demás. En consecuencia, cuando llegan a la universidad, las muchachas y los muchachos buscan llamar la atención mostrando las mejores ropas, usando los perfumes y los accesorios más caros. “Su lema es estar a la moda”, añadió el psicólogo.

Al infierno

Mauricio Martínez, pastor evangélico de la Iglesia Buenas Nuevas en la Colonia Escalón, San Salvador, asegura que estas jóvenes van arder en las llamas del Infierno, sino buscan a Jesucristo y lo aceptan como su único Salvador. “Están arruinando su vida y desperdiciando tiempo valioso que podría servirles para consagrarse a Dios. El fin se acerca y ellas no entrarán al reino del Señor, si no se arrepienten”, advirtió Martínez.

“Carolina” fue la encargada de responderle: “Para mí no es pecado, ¿por qué si Dios me dio esto... (Mientras contestaba ponía sus manos sobre el lugar del cuerpo en que se encuentran los genitales) por qué va a ser pecado?”. Su desafío es tal que se sienten inmunes aun al Sida. “Si es un cliente antiguo no le pedimos que use condón, pero si es nuevo y no nos gusta mucho si se lo exigimos”, comentó “Lucy” e inmediatamente “Kelly” toma la palabra: “Aquí lo que interesa es el placer que nos ocasiona tener el miembro de un hombre dentro de nosotras, porque de todas formas somos nosotras quienes los elegimos. Sabemos que al menos son personas de clase media y con un grado de educación superior, ya que tienen acceso a Internet en sus casas”.

¿El precio por el servicio? $10, por persona.

La licenciada en Psicología Carlota Segovia, quien tiene su clínica en Condominios La Esperanza, en San Salvador, opina: “La adicción sexual que padecen estas chicas es una forma que utilizan para lidiar con sus sentimientos y sus preocupaciones, a tal grado que su comportamiento sexual se convierte en el mecanismo de defensa al estar inmersas en una sociedad machista que las juzga y les sigue haciendo creer que el sexo es un tabú”. Roberto Zelaya, su colega de profesión, concluye que estas mujeres necesitan ayuda psicológica, por medio de una terapia personal para ayudarlas a superar su adicción al sexo y lograr de esta forma ver el sexo como parte de una relación de amor, y no como un negocio. “La sexualidad sana busca dar y recibir placer; pero las formas neuróticas de estas chicas están desequilibradas hacia dar en exceso o tomar en abundancia. Por otra parte, los apetitos sexuales neuróticos son desencadenados por necesidades compulsivas, como es el caso de las muchachas en cuestión”, sostuvo.

La prostitución no sólo existe en los parques capitalinos, en las casas de citas, en los bares, en los hospedajes, en la Avenida y en los prostíbulos, disfrazados de salas de belleza y masaje, ahora también adquirió un rostro tecnológico. En fin, la próxima vez que visite un Cyber Café piense que no todos lo hombres que se encuentran ahí están buscando información, probablemente más de uno esté buscando los servicios de las cyber prostitutas.

 

 

 

 

 

 

 

El negocio
 

- Los ingresos mensuales de este grupo de universitarias llegan a ascender a los $100 dólares mensuales si las clases les dejan tiempo para sus clientes.

- Cuando los clientes piden no usar protección, y ellas los creen sospechosos les cobran $30 dólares por el rato.

- Ellas llegan a atender de cuatro a cinco clientes por día.