Servicio ignorado
Por Julia Urquilla
Periodista
Muchas veces la Terminal de Oriente se identifica como un lugar desordenado, lleno de de buses, ventas ambulantes, personas gritando, y otras que no son confiables, en fin, un universo complejo en un solo lugar. En medio de todo eso, hay quienes se encargan de ayudar a quien los necesite. Ellos son los bordoneros.
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Foto: Julia Urquilla |
El trabajo que es descrito como honroso, por Mario Lara, no es más que una muestra de servicio al prójimo. |
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No hubo marcha atrás en su vida. Las ganas de salir adelante lo obligaron a abandonar su pueblo natal en busca de una oportunidad. El reloj se detuvo y marcó la hora en que Mario Ernesto Lara Herrera salió, junto con su primo, de su natal Berlín. “El viaje fue largo, pero la esperanza de que todo iba a mejorar me motivó a no dar paso atrás”, cuenta Mario.
Al llegar a San Salvador, inició la búsqueda de trabajo en lo que fuera. Iba a todo lugar donde viera a hombres cargando cualquier cosa y así transcurrió un año en busca de una oportunidad de empleo. Aquellos no eran tiempos fáciles. La situación que se vivía en el país debido a la guerra no le permitía encontrar un trabajo fijo.
Pasaron los días y una mañana un tío le avisó que había una vacante, en la Terminal de Oriente. Dicho trabajo que no tenía hora de entrada ni de salida, carecía de un sueldo fijo, pero debido a la necesidad de obtener ingresos, aceptó la oferta. Fue así como se convirtió en uno de los primeros bordoneros que se dedican a llamar a los pasajeros, a cargar bultos e, inclusive, a cargar personas que no pueden subir a los autobuses.
Desde muy temprano
Aún no sale el sol, el reloj marca las 3:45 de la mañana, lo que indica que el día ya empezó para Mario Lara, de 46 años de edad. Junto a sus otros compañeros carga doce maletas llenas de maíz en un pick up. “Esta hora es la más penqueada, se necesita de fuerza”, resopla Lara.
Al terminar de cargar se aproxima otro pick up lleno de carga. “Ya nos habituamos a esto, y lo hacemos con gusto”, asegura Lara. Se pone sobre la espalda la carga, la baja y a la vez la coloca una sobre otra para luego subirla a otro vehículo.
Pasadas las horas, sale el primer bus. “¡La Unión, la próxima La Unión! ¡La Unión, la próxima La Unión!”, grita y corre en busca de pasajeros. “¡Venga, suba este va para La Unión!”, vocifera y al mismo tiempo se percata de la aproximación de una anciana. “Le ayudo, seño, déme la carga; yo se la subo”, le dice a la mujer de unos 80 años.
Mario procura persuadir a cada uno de los pasajeros que vienen en busca de transporte a que tomen el bus de turno, con la finalidad de obtener una ganancia económica. Así su sueldo aumenta dependiendo del número de personas que aborde cada autobús.
Con un pan dulce en la mano, el magro desayuno de ese día, confirma que “el tiempo cuenta porque tenemos que terminar rápido para seguir llamando a la gente”.
A lo lejos se aproxima una pareja de ancianos, y cuando los ve corre hacia ellos. Les quita la carga, se la pone en el hombro y los dirige a la unidad.
“Este va para Santiago de María, suba, con cuidado, suba”, le dice a otro anciano, que tiene dificultad para ver. “Es así como un bordonero ejerce la función de bordón, pues sirve de apoyo para que el anciano pueda subir al bus”, manifiesta Lara.
Pequeño relevo
Un plato de dos dólares le es suficiente para saciar el hambre. De esta forma recompensa a su cuerpo fatigado por el arduo trabajo que ha realizado durante toda la mañana. “Es necesario sentarse a comer, aunque sea al mediodía”, asevera Lara. Mientras come de prisa, la incertidumbre del trabajo que le espera afuera lo pone inquieto.
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Foto: Julia Urquilla |
Para los bordoneros el tiempo es dinero, pues deben acaparar la mayor parte de clientes posibles lo más rápido que puedan. |
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Saciada el hambre. Se aproxima a la unidad que está en la estación e inicia la jornada anunciando el bus de salida. Frente al bus, un taxi se estaciona; este trae a una señora con un recién nacido. Mientras ayuda a subir a la señora, quien lleva en brazos al bebé, Mario dice: “¡Agárrenle las bolsas!”. La señora muy agradecida por la cortesía exclama: “Muchas gracias, muchacho”.
Cuando ya ha terminado de colocar a la pasajera, se baja de la unidad y sigue su trabajo. “Esa es la diferencia entre un cobrador y un bordonero. El cobrador solo se encarga de anunciar la ruta y de recibir la paga del pasaje. Mientras que nosotros, además de anunciar, le ayudamos a cargar las maletas y de ser necesario guiamos hasta el asiento a la persona que va a viajar en el bus”, aclara Mario.
Al filo de la tarde
La Terminal parece estar un poco solitaria, apenas y se escucha a una vendedora ofrecer ropa interior a la poca gente que espera con ansias la salida del bus que va para San Miguel. Poco a poco vuelve el movimiento a la estación y Mario vuelve a trabajar.
Las horas van pasando. Tras un bus sale otro, lo que hace de la faena del bordonero una rutina de nunca acabar.
Cuando aun son las 7:00 de la noche la Terminal se llena de gente, pues los obreros y estudiantes se disponen a viajar. La posibilidad de llenar el bus de pasajeros y de esta forma conseguir que los buseros le paguen un poco más de dinero, genera alegría en Mario, pues la esperanza que lo inunda cada final del día es lograr una buena suma.
Es así, que cuando el reloj marca las 10:00 de la noche ha llegado la hora de retirarse. “¡A San Miguel, a San Miguel!, ¡La súper, la súper a San Miguel!”, se escucha.
Es el último bus y el trabajo ha finalizado. Satisfecho, Mario se sube al autobús que se dirige hacia San Miguel e inicia un largo regreso a su casa, donde una familia, a la que está ansioso por ver, también espera que los 138 kilómetros que tiene que recorrerapresuren su llegada.
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| Más acerca de los bordoneros |
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Muchas veces los bordoneros pasan desapercibidos o inclusive se podría confundir con un pasajero, pero algunas de las características que podemos notar en ellos son:
Edad. La edad de un bordonero oscila entre 20 y 50 años de edad.
Uniforme. No usan uniforme, generalmente se visten con ropa casual.
Lenguaje. Algo normal entre ellos es llamarse por apodos. |
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