Cabo Luz Rosales: “Es satisfactorio tener un medio poder… un podercito”
Por
Joel Díaz
Periodista
Las necesidades y carencias en la subdelegación de la Policía Nacional Civil (PNC), en el centro de Soyapango, son algunos de los temas que enfoca la cabo Luz María Rosales Guzmán, quien tiene a su cargo la administración de dicha central, tras poco más de una década de prestar sus servicios a la institución.
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Foto: Joel Díaz |
La cabo Luz Rosales destaca que una de las mayores satisfacciones en la policía es ayudar a la gente que lo necesita, aunque reconoce que algunos agentes no cultivan esa actitud. |
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Rosales entró al cuerpo de seguridad en busca de un apoyo económico personal y explicó entre sonrisas los detalles internos y externos que comprende su diario desempeño en uno de los municipios con más índices de violencia en el país, donde tener autoridad puede ser, algunas veces, gratificante.
¿Cuál es el reto más común en esta subdelegación?
El robo y las lesiones, pero más que todo el robo de celulares, en los buses y microbuses y de la gente que va hablando por teléfono sin cuidado.
Por otra parte, yo creo que queda en evidencia hasta para las personas particulares la falta de vehículos que tenemos. Aquí solamente tenemos uno, el pick-up LB011853, y ese es el que nos sirve para todo, para dejar documentación, trasladar algún herido y tanta cuestión... Tenemos unas motocicletas, están en buen estado, pero a veces no hay aceite y se tienen que guardar, igual que las bicicletas, cuando se arruinan hay que hacer gestión para el arreglo y a veces la situación no está para eso. En la jefatura central nos dicen que no hay fondos.
En cuanto al personal, todo mundo está queriendo pedir permiso por largo plazo y al hacerlo se van de la institución, por la misma situación económica que no logra completar sus metas, con su familia, en todo caso.
¿Cómo es el diario vivir en este trabajo? ¿En qué consisten las actividades?
Aquí todos los días se organiza al personal, en el sentido de lo que se hará el día siguiente, para establecer actividades. En el día llegado se hace una formación en la que se les da lineamientos de lo planificado y de cuáles sonlos sectores vulnerables para aplacar la violencia.
¿Cuáles son los sectores más problemáticos en el centro de Soyapango?
En el sentido de que acarrean bastante violencia, está el sector de la comunidad Villa Jesús, ahí está la pandilla 18, y la contraria en el barrio El Calvario y la comunidad Veracruz, donde lidera la mara Mao Mao, entre ellos es una lucha porque son sectores bien cercanos.
¿Cómo decidió tomar esta carrera en la seguridad pública?
Eso ya es cuestión de gusto. En 1991, yo estaba realizando una beca de Administración de Empresas en la Universidad de Massachussets, con Compañeros de las Américas (Central American Partnership), un programa de becas para la paz, y allá llegaban los periódicos del país cada semana. Una vez vi la página de cuando se graduó la primera promoción de la PNC y me llamó la atención que habían mujeres policías.
Cuando regresé de la beca averigüe de la situación. Aunque me puse a trabajar en una empresa privada, me seguía llamando la atención lo de la Academia de Seguridad y lo consideraba no sólo porque me gustaba, sino por necesidad económica, pues el trabajo que tenía antes era sólo durante la temporada escolar... Y así entré.
Llegué con una meta de querer ser algo más que agente y así fue, aunque yo tenía un grado superior de universidad, mismo que no me avalaron porque el Ministerio del Interior lo tenía que autenticar y para ello tenía que hacer unas diez materias más, pero era un montón de vueltas. Hasta ahora este trabajo es una necesidad pues de aquí depende la familia, mis dos sobrinos y yo. Ellos son como mis hijos.
¿Cuáles son las dificultades que ha enfrentado como mujer en esta profesión? ¿Considera que el trato ha sido igualitario?
No, es mentira decirle que es igual, aunque ya eso se está erradicando, pero no deja de haber algún machista por ahí. A veces no les gusta que una mujer tenga un mando. Yo actualmente estoy en la administración, pero antes dirigía bastante personal masculino y no les gustaba, pero a medida me fueron conociendo todo mejoró. No habían otras mujeres, sólo era yo al mando. Estuve en San Martín, Soyapango, Ilopango, Sierra Morena y Montserrat.
¿Cuál sería la experiencia más riesgosa que ha tenido en este trabajo?
Una fue cuando estaba en el 911 de Ilopango, allá por 1999… Estaba por San Bartolo cuando escuché por la radio que venía un vehículo en persecución, por el boulevard Venezuela; sólo me limité a escuchar porque no era mi sector. De repente, oí que ya venía por esta zona, “pongámonos listos, les dije a mis compañeros”, que eran tres agentes hombres, junto a mí, en una patrulla. Eran como las 10:00 de la noche cuando interceptamos el vehículo y nos empezaron a disparar. Nosotros lo seguimos hasta que fueron a chocar por San Martín y pudimos capturar a tres.
¿Planea jubilarse en esta institución?
Tal vez no terminar aquí porque tengo otras metas, pero pienso que podría ser. Pero, según la situación así como va, no creo mucho que me quede.
¿Cuál es la mayor satisfacción de su trabajo?
Por una parte es tener un medio poder… un podercito. Imagínese, si yo estoy en la calle uniformada y veo un vehículo y le hago parada con la mano, por ley tiene que parar… eso a mí me gusta.
También me gusta que pueda ayudar a la gente, eso no tiene precio, en cualquier situación… se satisface uno y también lleva a las personas a que crean todavía en la policía, aún cuando hay otros compañeros que no son muy amables. Hay que cumplir el lema que tenemos de “servir y proteger ante todo”, pero lamentablemente no es así, hay algunos que no tienen esa visión. Para un buen policía no hay mejor satisfacción que servir a la gente, ayudarle a aquella anciana a cruzar la calle... a cualquier persona.
¿Qué medida propondría usted para disminuir la delincuencia en el país?
Que cualquier situación, de robo o de hurto, sea denunciada. Pero la gente tiene miedo y tienen razón porque no hay medidas para protegerlos… aunque sí hay programas, pero son temporales y lo demás del tiempo no se puede. |
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| La cabo Luz María Rosales tiene 36 años y más de una década laborando en la Policía Nacional Civil (PNC). |
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Entre 1989 y 1991 completó estudios superiores de administración de empresas en la Universidad de Massachussets, en el pueblo de Amherst, Estados Unidos. También aprendió el idioma inglés. |
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Dicha oportunidad le fue dada gracias al programa de Becas para la Paz en Centroamérica (CAPS, para sus siglas en inglés) o Compañeros de las Américas (Central American Partnership), debido a sus destacadas calificaciones de bachillerato en el Instituto Nacional Servelio Navarrete de San Vicente. |
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En 1993 entró a la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) y se graduó un año después. |
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