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Sidney Blanco: privilegio y honor para la historia de El Salvador

Por Cindy Castillo
Periodista

Después del asesinato de los jesuitas en El Salvador, se comenzó todo un proceso de investigación, acusación y juzgamiento de los autores que consumaron el crimen.

Foto: Cindy Castillo

Desde 1998 Sidney Blanco labora en el juzgado 5º de Instrucción en el Centro Judicial Isidro Menéndez.

En ese entonces, uno de los fiscales principales que trabajaba en este caso fue Sidney Blanco, quien a sus 27 años tomó esta responsabilidad con mucha madurez. Comunica conversó con él para conocerlo un poco más y para saber qué significó ese reto del caso jesuitas en su vida tanto personal como profesional.

RC: ¿Cómo fue todo ese proceso del caso Jesuitas, que implicó y cómo afrontó esa responsabilidad?

SB: Ese caso era considerado que pertenecía a Derechos Humanos en el que estábamos participando los ocho o nueve fiscales que habíamos; se comenzó a trabajar el caso y luego empezaron algunos problemas, en varios sentidos: amenazas, anónimos con amenazas de muerte si seguíamos en el caso, etc. No había mucho respaldo en la institución, muchos fiscales fueron desertando del caso, todo esto avalado por el fiscal general de la época Dr. Mauricio Eduardo Colorado quien era simpatizante de los militares y fanático de las armas. Nos reunió a los fiscales y nos dijo que abandonáramos el caso, que dejáramos eso en manos del juez, porque nos iban a matar, por eso la mayoría de fiscales a excepción de tres, se retiraron del caso.

RC: ¿Quiénes fueron los tres fiscales que se quedaron trabajando el caso?

SB: Continuamos tres personas: el jefe de la unidad, con el papel más difícil y ambivalente, ya que obedecía al fiscal general, cuando terminó el juicio sufrió un atentado y lo mataron; los otros dos éramos Henry Campos y yo.

En este tiempo se cambió al fiscal general por otro con igual perfil, pero más profesional, pero con la misma finalidad de frenar el caso jesuitas. También nos pidió que dejáramos el caso, y nos prohibió a Henry Campos y a mí que diéramos declaraciones, que hiciéramos peticiones y prohibió que estuviéramos presentes en los interrogatorios de los acusados y testigos.

RC: ¿Cómo surgió el hecho de ser acusadores particulares?

SB: Luego de la renuncia, el entonces provincial, padre Tojeira se comunicó con nosotros y nos pidió que asumiéramos la acusación particular, la asumimos y trabajamos desde enero de 1991 hasta enero del mismo año. Después de todo esto, presentamos la renuncia.

RC: ¿Qué significó llevar esa carga o responsabilidad tan joven, del caso jesuitas en su vida, porque estaba bien jovencito cuando lo asumió, verdad?

SB: A los 27 años llevar esa carga, me hizo madurar muchísimo. Hoy cuando veo hacia atrás, yo mismo me admiro por lo que hice, en aquel momento yo creo que impulsado por una fuerza interna, a pesar del peligro que representaba asumir la acusación contra militares en un período de turbulencias y sin el respaldo oficial; yo ahora no puedo explicar esa fuerza interna que me motivo a seguir en ese caso y enfrentar la vida, porque no teníamos guardaespaldas ni nada, siempre con Henry Campos nos apoyamos en todo, y fue gratificante contribuir en este caso que para mí es emblemático para la historia de El Salvador y, fue un privilegio el intentar buscar justicia para unas víctimas privilegiadas, ya que eran personas encargadas del llamado al dialogo y la sensatez.

Todo eso constituye para mi un privilegio y un honor profesional de haber estado en un caso de mucha trascendencia nacional e internacional.

Foto: PNUD

Sidney Blanco participó en el caso Jesuitas como acusador particular junto con Henry Campos, marcando así un momento que recordaría toda su vida

RC: ¿Si un caso como el de los jesuitas se diera en la actualidad, cómo sería el tratamiento judicial, cambiaría algo?

SB: Cuando yo analizo la conducta del encargado de investigar en aquella época y lo analizo ahora, no veo mucha diferencia; el carácter de sometimiento que tiene el Fiscal General de la República que tiene hoy, es el mismo que tenía antes; tiene las mismas característica del tiempo de antes. El fiscal es igual, no es independiente, es sometido, obediente y no puede actuar libremente.

 

 

 

 

 

 

 

Una hoja de vida muy particular
 

Sídney Blanco nació en Intipucá, La Unión, en el año 1962.

El tercer ciclo y bachillerato los estudió en el Instituto Nacional Isidro Menéndez de la ciudad de San Miguel.

En el año 1981 ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Masferrer.

En 1985 trabajó como colaborador en el Juzgado Tercero de lo Penal.

Trabajó como fiscal en la Fiscalía General de la República en 1988. Ese mismo año se desempeño como fiscal, primero en Armenia, luego en San Miguel y finalmente en San Salvador.

En 1989 forma parte de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, con el propósito de participar en el caso de asesinato de los jesuitas.