Una noche con cazadores clandestinos
Por
Manuel Ramírez
Periodista
Metalío, Sonsonate. La noche silenciosa inunda la zona costera. El mozo de la hacienda El Limón nos recibe con un vaso de agua, nos muestra el terreno y nos lleva a una rivera. Al oeste, el sol se ha ocultado por completo a las 6:35. En ese instante los mosquitos bailotean y atacan al mismo compás en que el mozo aplaude. “Regresemos porque estos mosquitos se lo hartan a uno”, recomienda.
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Foto: Manuel Ramírez |
Reptil protegido. En la zona de la Barra de Santiago y parte de Metalío existen aproximadamente unos 400 cocodrilos entre pequeños y adultos que están siendo protegidos por la amenaza de extinción. Sin embargo, los cazadores hacen caso omiso. |
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-¿Es peligroso caminar por estos lugares?, pregunto. En espera de una repuesta que me dé confianza.
-En absoluto. Se necesita mucho valor por la cantidad de animales que salen en la oscuridad, contesta Polo Gonzáles, el cazador al mando.
Hill Chinchilla, el segundo de la cacería, mueve la cabeza de manera vertical y asiente con firmeza para demostrar su acuerdo con Gonzáles. Detrás de ellos están Mario Morán y Roberto Turcios, dos jóvenes principiantes, nerviosos e impacientes.
En el último cuarto de la choza vieja, hecha de adobe, con techo de teja y paja, están escondidas las armas para cazar. La lámpara de 200 watts aun se carga en el tomacorriente. Debajo del petate está un corvo estilo Rambo y dos fusiles calibre 22 milímetros listos para usarse. Pero, hay un problema: “¿Compraste los proyectiles?”, indaga Gonzáles. “No pude maje. Vos sabes que los domingos no abren la tienda en Sonsonate”, contesta Chinchilla. Detrás de la escena, Morán y Turcios lucen desilusionados.
Chinchilla coge su cartera de cuero, sale de la vivienda y empieza a caminar donde don Toño, el vendedor de municiones clandestinas. Luego de 15 minutos regresa con una sonrisa y dice con ironía: “este viejo es más sangrón que los proyectiles que vende; a 0.35 centavos da la unidad”. “Eso te pasa por vivo”, dice el mozo en son de burla.
Entorno Salvaje
Con vestuario oscuro, las botas bien puestas, los pantalones comandos y la puntería afinada, los cazadores empiezan a andar en la zona salvaje. Gonzáles con la lámpara en su frente y con una mirada de pocos amigos aconseja andar alerta, usar los seis sentidos y estar concentrados en cada paso que se dé.
“Si me tiro al suelo se tiran, si me paro se paran. Sigan mis indicaciones y no se la vayan a llevar de vergones”, advierte.
De la hacienda al lugar de caza hay unos cinco kilómetros de distancia. Según los cazadores existen unas 100 manzanas de terreno en donde habitan cocodrilos, ardillas, conejos, mapaches, culebras, iguanas, aves, zorros y coyotes.
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Foto: Manuel Ramírez |
El armamento. Los cazadores están equipados con fusiles 22 milímetros, proyectiles de 22 mm, lámparas de frente de 200 watts, deataganes y trampas artesanales para atrapar a sus presas. |
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Chinchilla coge su fusil, respira profundo y susurra: “la noche está perfecta para cazar, el cielo está estrellado y el único ruido presente es el del mar y los animales”. Es evidente, cada paso que dábamos hacia el sur, el estruendo de las olas, los silbidos de las aves de rapiña y los rugidos de las demás especies eran la mezcla de sonidos que se escuchaban.
Recorremos unos dos kilómetros por el monte que nos llega hasta las rodillas, cuando Gonzáles se detiene y alumbra las hojas delpapaturro hacia algo que se esconde; pero la lámpara, que es capaz de iluminar a una distancia de 150 metros, rebota en la panza de un grupo de ¡iguanas verdes! Chinchilla como un rayo sube al árbol, sacude las ramas y empiezan a caer una por una en el monte como frutas maduras y son atrapadas por los jóvenes principiantes.
¡La cacería ha comenzado!, dice Chinchilla, y tiene razón, porque 19 iguanas valoradas cada una en diez dólares son los primeros resultados. “Ahora solo falta que agarremos un cocodrilito y nos sacamos la lotería”, señala Gonzáles. Pero para llegar al lugar donde están los deseados reptiles falta una hora de caminata.
Situación crítica
Cada paso en la hierba significa un peligro inminente. El celular de uno de los cazadores suena en el momento menos indicado, ya que nos encontramos frente a una decena de mapaches, un animal exótico y muy agresivo, capaz de matar a una persona si se ve amenazado. “Todos al suelo y apaguen esa mierda y recen porque esos animales no nos maten”, dice Gonzáles con un tono suave y furioso.
El mozo de la hacienda llama por teléfono a Morán y le advierte que los policías rondan en el lugar. ¡Estamos entre la espada y la pared!, susurra Turcios con rostro de aflicción.
Permanecemos media hora en silencio, tirados en el campo, sin movernos y rezando como nunca, el cuerpo de todos se eriza y vemos la muerte muy cerca. Chinchilla me dice al oído: “ni se te ocurra sacar la cámara y tomar una foto porque nos hacen trizas”. En ese instante lo único que deseo es salir de ese lugar con una imagen de los mapaches, pero eso es imposible. Primero por la espesa oscuridad de la selva y porque el ruido de la cámara puede provocar a los animales.
Finalmente, el riesgo pasa y seguimos caminando hacia el hogar de los cocodrilos… De repente el ruido de la naturaleza es interrumpido por un disparo, el cazador Chinchilla ha halado el gatillo para tirarle a un conejo que no es interceptado por el proyectil.
-¡Qué mala suerte, otro no se me va!, asegura.
Y así es, el segundo conejo que encontramos en el camino es abatido de un solo tiro en la cabeza; a pesar del impacto, el corazón del animal aun late por lo que Gonzáles de un puntapié le destroza el cráneo. Sin embargo, después de 20 minutos, la liebre todavía está moribunda, por lo que Chinchilla enfadado agarra el corvo y le corta la cabeza.
El despojo
Con respecto a su experiencia de cazador, Chinchilla sostiene que “los animales se hicieron para ser cazados y los más raros que he agarrado son: el cocodrilo, el zorro y el venado que los cacé en el cerro Iramón, Chalatenango”.
Según él todas estas especies son bien pagadas en el mercado.
Turcios, pensativo, limpia el corvo ensangrentado y opina que es mejor dedicarse a este negocio porque lo que él ganaba en 30 días ahora lo consigue en un fin de semana.
“Sé que no está bien cazar estas especies en peligro de extinción, pero la necesidad de trabajar y mantener a la familia lo lleva a uno a realizar estas actividades ilegales”.
Asimismo, Morán, el que carga el saco lleno de iguanas señala: “la venta de estos animales nos ayuda a sobrevivir en este país en donde el trabajo es insuficiente y mal pagado; no lo hacemos solo por causar daño a la naturaleza, lo hacemos por necesidad”.
Continuamos andando ydespués de una hora llegamos a una zona pantanosa. Con un ritmo lento, cuidadoso y silencioso nos acercamos a las aguas fangosas, las botas militares se hunden en el lodo espeso que cada vez que se remueve acrecienta el mal olor.
Con el rifle apuntado y la lámpara iluminando el pantano la adrenalina en el ambiente aumenta por la espera de que salga un cocodrilo. Luego de verificar el lugar, Chinchilla se arma de valor y se acerca a la orilla del charco. ¡Allá hay uno!, grita Morán, pero su voz ahuyenta al cocodrilo de un metro con 30 centímetros.
Gonzáles da un giro y tira una ráfaga de cinco proyectiles que impacta en la cabeza del reptil, Chinchilla se lanza al pantano y agarra del cuello al cocodrilo herido que se remolinea y tira mordidas inútiles. El opresor victorioso termina su faena aniquilando y arrastrando el animal hasta tierra firme.
“Hoy sí mucha´, ya sacamos el sueldo de los cuatro” dice Chinchilla con una sonrisa enorme. Y no es para menos su alegría, ya que la piel de cocodrilo es valorada en 100 dólares la pieza, las19 iguanas hacen un total de 190 dólares y los dos cocodrilos pequeños, cazados en el pantano, son estimados en 200 dólares cada uno, agregándose a las ganancias en esta noche de cacería clandestina.
Mientras la ciudad duerme, mis ojos son los únicos testigos de la lucha desigual entre el depredador y la naturaleza. Los cazadores se alimentan de la carne asada del conejo y del cocodrilo, y a la vez se dividen los logros de una forma más de ganar dinero ilegal. |