Riqueza natural en la Isla Montecristo, Usulután
Por
Fernando Erazo
Periodista
La Isla Montecristo, en el departamento de Usulután, es considerada patrimonio natural, y está protegida por las leyes de la república. El ecosistema que allí se encuentra, se cataloga como el segundo más grande del país, pero el primero en riqueza natural. Hoy en día es un destino turístico poco conocido y explotado.
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Foto: Fernando Erazo |
Banco de arena, lugar de descanso de las aves migratorias |
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Comenzando la aventura
Eran las cinco de la mañana de un sábado y el reloj despertador anunciaba con entusiasmo que un día increíble estaba por comenzar. No es usual que convoque en un fin de semana a levantarse tan temprano, pero sabe que un viaje largo nos espera.
Salimos de casa 30 minutos después, con la ciudad a oscuras y la mayoría de personas aún calentando sus cobijas. Un bus amarillo tipo escolar espera paciente a un lado de la calle frente al hospital general del Seguro Social. Bajamos del taxi que nos ha escoltado y resguardado en nuestro camino, dispuestos a emprender el viaje en una armadura mucho más grande y fuerte.
Ha pasado ya una hora y una voz femenina anuncia el destino de nuestro viaje. “Un rincón mágico que pocas veces tenemos el tiempo de conocer y explorar. Tres horas nos separan de una embarcación en el cantón San Carlos Lempa, caserío La Pita, municipio de Jiquilisco, departamento de Usulután. Nuestro destino final, la Isla Montecristo”. Esa voz, la de Betty Portillo, organizadora del viaje, es interrumpida por aplausos y el murmullo de la gente que comenta lo que nos podría deparar el viaje. Ansiosos, damos inicio a nuestro recorrido.
Y cómo no entusiasmarse, si la Isla Montecristo es parte del territorio nombrado área natural protegida de la bahía de Jiquilisco y la desembocadura del río más grande de nuestro país, el Lempa. Según el Art. 74 de la Ley de Medio Ambiente “Los manglares y arrecifes son reservas ecológicas por lo que no se permitirá en ellos alteración alguna. Las zonas costero-marinas donde están contenidos estos ecosistemas se considerarán áreas frágiles”. Dicha ley fue decretada por la Asamblea Legislativa el15 de febrero de 2005 y buscapreservar el medio ambiente del lugar, regulando las actividades humanas para que no se afecte la biodiversidad de la zona.
Ahora contamos con el privilegio de visitar uno de los lugares poco explotados. El turismo apenas empieza, existe poca infraestructura para albergar a visitantes, la inversión extranjera es nula en la zona; sin embargo, anima saber que al llegar a la isla conoceremos el modo de vida de sus habitantes.
Riqueza natural
Han pasado ya dos horas de camino, hemos transitado por la carretera el litoral hasta la gasolinera del desvío al cantón San Carlos Lempa. El conductor del autobús, Carlos Méndez, comenta que cruzando a la derecha, a escasos 20 minutos, nos encontraremos en nuestro destino. Muchos, no se percatan del anuncio, el sueño por el momento les ha vencido.
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Foto: Fernando Erazo |
Cabaña de uso turístico creada por los habitantes de la Isla Montecristo |
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Por fin hemos llegado y cuatro embarcaciones nos esperan para comenzar nuestro viaje, esta vez por las aguas del río Lempa. Desde aquí todo es nuevo para muchos de los que viajamos. Ojos muy abiertos, observando todo lo que se pueda, es lo común en las expresiones de la gente. Cual niño con juguete nuevo, sin importar la edad, estamos con grandes expectativas.
Nos hemos dividido en grupos de 15 personas. Todos comenzamos a admirar la belleza de los paisajes a nuestro alrededor. Muchos, cámara en mano, vamos tomando fotos o videos de cada detalle. No podemos darnos el lujo que se nos escape algún momento, no sabemos cuándo podemos volver a este bonito lugar.
Entre gotas de agua que se esparcen por la velocidad de la lancha en nuestros rostros, comenzamos a vagar por espectaculares laberintos formados al antojo de la madre naturaleza. A nuestro alrededor, gaviotas, pelícanos, garzas y una muy variada diversidad de manglares, que constituyen los humedales marinos, ricos en darle vida a todo lo que pueda habitar en estos lugares. No es extraño ver a los habitantes sacando conchas, ostras, algún cangrejo furtivo o algunos peces.
Pronto divisamos una porción de tierra mayor. Ranchos con techo de palma se observan a lo lejos. Nuestro capitán de navío, bueno, de lancha, nos anuncia que hemos llegado a la hermosa Isla Montecristo. En ella habitan unas 30 familias aproximadamente, todos se conocen. La Isla no es muy grande, tiene un promedio de 5 kilómetros cuadrados de extensión, según nos comenta el lanchero, un señor de edad avanzada, pelo cano, con bigote grande, delgado y con un elegante sombrero, cuyo nombre no conocimos.
Calidad de exportación
En la Isla nuestra llegada ha causado un poco de revuelo. No es usual ver a tantos visitantes a la vez. Seremos un poco más de 60. Nos disponemos a caminar para conocerla, y pasando una cancha de fútbol, que no puede faltar, nos encontramos con un pequeño cementerio, en el cual se resguardan los restos de los patriarcas o las matriarcas que ya no están más con ellos.
Al poco tiempo nos hemos encontrado con los cultivos de marañón, muchos árboles cargados de tan deliciosa fruta. Y es que la Isla Montecristo se caracteriza por un exquisito vino artesanal a base de esta fruta. María Hernández, lugareña, cuenta : “Hace algunos años vinieron unos franceses a conocer la isla y vieron nuestra producción de marañones y se les ocurrió que para ayudarnos a desarrollarnos mejor económicamente como comunidad podíamos fabricar el vino. Nos enseñaron cómo hacerlo y hasta el día de hoy, nuestro vino es uno de los más famosos del mundo por su inigualable sabor”.
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Foto: Fernando Erazo |
Vista panóramica de la Isla Montecristo |
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María agrega: “Con un vasito uno queda hasta mareado, es suave al paladar. Muchos extranjeros han querido comprarnos la fórmula, pero esta es secreta y es parte de nuestra isla, quién quiera probarlo tendrá que venir hasta acá. Nos hemos dado a conocer por varios reportajes que han venido a hacernos”. Dice que por el momento no tienen otra manera de distribuirlo, pero que pronto esperan ir vendiéndolo a más lugares. Y no es caro, el litro cuesta 3 dólares.
Conservación y protección limitada
Ha pasado tan rápido el tiempo y entre la caminata, un paseo en lancha por los alrededores, el almuerzo y un rico chapuzón en las frías aguas del río Lempa, nos vamos preparando para nuestro regreso. Todos hemos quedado satisfechos con el viaje. Lo único que muchos lamentaron es la poca ayuda que se tiene por parte del gobierno central a través del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, pues inclusive la isla en muchos estudios ni aparece como parte del área natural protegida, a pesar de que lo es.
Esto nos lo confirma el gerente de recursos físicos de la institución, Hugo Zambrano, quien nos comenta que por la amplitud en la extensión de tan importante reserva natural no dan abasto con el poco personal que tienen, para cubrir con las necesidades de los pobladores de la zona, pero si hay encargados, que poco a poco van entrando en contacto con todo el territorio.“La voluntad existe, solo falta más recursos tanto financieros como humanos, aún así hacemos todo lo posible. A pesar de ello, gracias a Dios, las reservas están siendo muy bien cuidadas por los mismos pobladores”, añade Zambrano.
Valorar nuestros recursos
El atardecer está en su máximo esplendor y entre suspiros, una de las jóvenes que han visitado la isla, Yoana Ventura, dice: “No hay duda que nuestro país es pequeño, pero con una enorme belleza natural, que nosotros mismos nos encargamos de destruir; ojalá algún día tomemos conciencia”.
Llegamos nuevamente a la orilla, subimos al bus y emprendemos el viaje a casa, pero con la satisfacción de conocer un lugar mágico, que no está en otro país, sino en el nuestro. Solo basta tomarnos el tiempo necesario para conocer las riquezas naturales que tenemos. La Isla Montecristo es una de ellas. |
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El humedal del Bajo Lempa es el segundo en extensión en el país, después de su vecino la bahía de Jiquilisco, aunque incluye una mayor diversidad y riqueza de hábitat.
Los departamentos que forman parte de este territorio son La Paz, San Vicente y Usulután. Su territorio es constituido por 17 mil 586 hectáreas.
Se reportan diversidad de especies de flora y fauna, cabe destacar que se conocen 123 especies de peces, 10 especies de anfibios, 24 especies de reptiles; de los mamíferos más destacados se pueden observar monos arañas, venados cola blanca, coyotes y el puerco espín. |
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