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Editorial

Poder que destruye

En México, el libro “Propuesta de indicadores para un periodismo de calidad” es el resultado del primer “Encuentro por un periodismo de Calidad” que estableció dos grandes ámbitos: el trabajo del periodista y su entorno.

En el primer campo, se ubican cuatro principios fundamentales: transparencia en los procesos de construcción y procesamiento de la información; verificación y contextualización de los datos e información; investigación periodística y derechos y obligaciones en la relación entre los periodistas y sus directivos. En cambio, en el entorno, encontramos los códigos de ética, los mecanismos de contrapeso a los medios (el derecho de réplica, el defensor del lector y los observatorios móviles), la comercialización y publicidad oficial y, finalmente, el derecho y acceso a la información.

Si usted pregunta a un o una periodista de experiencia por la comprobación de los datos que publica, es decir “estás cubierto, nadie te va a demandar por lo que publiques”, te miran con una cara de pocos amigos. Claro, es una ofensa a su profesionalidad. Sin embargo, día tras día, las fuentes se sorprenden con la información que aparece en los medios de comunicación. “Yo lo dije de otra manera”, “solo entrecomilló una palabra y así queda fuera de contexto, significa otra cosa”, “le di los datos off the record (solo para ti, no lo vayas a publicar)”, ....

La lección sale cara, pero se aprende. El público comienza a grabar las declaraciones que da a los reporteros; a pensar dos vez que responderá y de forma sutil advierte que no vayan a manipular lo que dirá; a no aceptar entrevistas por teléfono, etc. En fin, tiene derecho a desconfiar.

A esa realidad tiene que enfrentarse la nueva generación de periodistas. Cuando empiezan a hacer sus primeros pininos, deben cuidarse el doble. Primero, su falta de experiencia puede ser su peor consejera a la hora de abordar a las fuentes. Primera regla, identificarse como PERIODISTA; segundo, decir que su trabajo será publicado, saldrá al aire o en televisión, dependiendo en que medio trabaje; tercero, pedir permiso para grabar las declaraciones, aunque usted no lo crea la persona tiene derecho a decir NO y el reportero deberá respetar la negativa (claro, aquí entra el arte de la negociación y saber convencer al hombre o mujer que nos deje grabarlo); y cuarto, cuidar las citas, las declaraciones. Esto último requiere dominar ciertas técnicas, pero ante todo dejar las prisas y hacer bien el trabajo.

Por hoy solo mencionaremos cuatro tips del ejercicio, aunque, por supuesto, existen más y se han escrito infinidad de libros sobre el tema, incluido el mencionado en las primeras líneas del editorial. Pero de nada servirán, si el gremio de periodistas y los que están comenzando a involucrarse en la profesión no asumen la responsabilidad de que en sus manos tienen tal poder que pueden destruir la vida de una persona o una institución, por haber publicado mal un dato o declaración.

Es un poder real y si tomamos el ejercicio del periodismo como un juego, las consecuencias podrán ser muy graves para nuestra vida personal y profesional en el momento que menos lo pensemos. Entonces, no valdrá la excusa: “yo no lo sabía”.