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“Con la guerra fue cuando quizás empezamos a hacer pisto”

Carol Beatriz Salazar
Redacción

¿A qué edad inicia?

Pues yo inicié exactamente a los 50. Por cierto, el primer viaje que llevé fue el día que estaba cumpliendo los 50, un 14 de octubre. De allí, no me he detenido, nada más cuando estuve seis años presa en la cárcel de mujeres cuando tenía 65 años. A los 71 salí libre, fue un 3 de mayo y el 8 salí con viaje. En ese tiempo era mas fácil y aparte que, si se tiene un “buen amigo” (policías), ayuda mucho.

¿Mientras estuvo en prisión dejó a alguien a cargo o usted empezó todo al salir?

Para ese tiempo mi nieto empezaba en esto. Tenía 25 años y lo que hacía era recibir el dinero y conectarse con los que me ayudan, o sea los “polleros”, para que llevaran a la gente. A mí no me gusta mucho, aún a estas alturas, involucrar a mi nieto porque esto es bien peligroso. ¿Para qué? Si él maneja el negocio y le va bien.

¿Es decir que no vive sólo de esto?

No, tengo mi puesto de carne en el mercado “Colón”. Cuando no llevo gente estoy en el mercado. Para que mi nieto no se dedique a la “coyoteada” le enseñé el negocio y así se defiende. No le va mal.

¿Cómo toman los padres de su nieto que quiera dedicarse a ser coyote?

Pues la verdad es que nunca se opusieron porque ellos han valorado que esto es, más que todo, que los saque adelante a los seis. Ellos prefieren que él esté en el puesto, pero también le piden que me ayude por mi edad, aunque no mucho me gusta porque yo sé lo que hago.

¿Cómo inicia y quién le enseña?

Empecé a ver e ir aprendiendo como dos años antes (de tener 50). Es que esto no es así de fácil. Mi cuñado me enseñó, el esposo de Lourdes, mi hermana. Fíjese: yo con seis niños, sola, en un país que no ayuda en nada y en una gran pobreza, me decidí por esto. Yo siempre vendía carne, me inicie con mi esposo, pero a él los mañosos lo mataron por una vaca y yo no alcanzaba para darles todo a los bichos. Veía también que a mi cuñado le iba bien, él siempre se dedicó a esto, y platicando me dijo que me enseñaba, pero que corría a mi riesgo. Pasé dos años viajando, conociendo las rutas, movimientos, todo.

Cuénteme cómo fue la experiencia de su primer viaje.

La verdad que fea, porque aunque ya conocía toda la “jugada” sentía que iba a fallar. A mí lo que me preocupaba era la gente porque confiaban en mí y querían llegar. Mi primer grupo fue de cinco, eran unos que mi cuñado se iba a llevar y me los dio a mí para que fuera empezando. Pero gracias a Dios llegaron. Nunca olvido que esa vez me salieron mal las cuentas; no era culpa de ellos, porque yo iba cobrando lo mismo que mi cuñado (quinientos colones), pero me fui por donde no era y me tocó pagar dos noches de hotel de mi pisto porque atrasé más a la gente.

¿Cómo fue estar en la cárcel?

Pues duro y no tan duro. Tuve la facilidad que tenía amistades que me hicieron fácil la estadía. Eso no se lo puedo decir porque son cosas que, no vaya ser, me sirva de ellos todavía. Pero en general sufrí porque no estaba con mis hijos, y ya tenía nietos y los extrañaba. Pero más que todo porque era yo quien ayudaba más en lo económico.

¿Cuáles han sido los mayores problemas a los que se ha enfrentado durante estos 35 años?

Quizás a los fronterizos. Es que desde hace unos 15 años esto está más estricto. Mi ventaja es que ya nos conocen (a los coyotes y polleros) y con una “rajadita” allí está todo.

¿Qué rutas existen y cuáles son menos peligrosas?

Menos peligrosa ninguna, porque yo siempre he dicho que si uno tiene mala suerte donde quiera lo agarran. Pero por lo general la más peligrosa es la de Tapachula porque allí hay más retenes. La del Pacífico, que es la de Acapulco, lo malo es que se da más vuelta, lo que implica más dinero, y lo bueno es que no hay muchos retenes.

Desde que inició, ¿Qué cambios ha habido y cómo ha hecho para enfrentarse a ellos?

El cambio que más se ha visto es en cuanto al dinero. Antes cobraba lo mucho diez mil colones. Ahora, si usted quiere ir bien cómodo, págueme unos $7 mil, pero eso sí, va bien atendido. Yo no los llevo a dormir al desierto, ni a comer en la calle o bañarse en los ríos; ya tengo mis hoteles y casas familiares donde les doy tres tiempos de comida, cama y hasta oportunidad de hacer dos llamadas. También los llevo directito en carro. Si quieren ir menos cómodos buscan a otros porque conozco quienes cobran hasta $4 mil 500 pero durmiendo en la calle, caminando tres días en el desierto. Y hay quien cobra $6 mil y sólo camina medio día para pasar la frontera. Es cuestión de la bolsa.

¿Conoce de leyes migratorias? ¿Sabe cómo enfrentarlas?

Conozco lo suficiente, pero quizás a mí lo que me ayuda es que estoy segura de lo que hago: por dónde paso, con quién hablo, si no le estuviera contando cosas que a casi nadie le cuento.

Al inicio me mencionaba a los “polleros”, ¿Qué hacen?

Los “polleros” son los que me ayudan. Es que esto no lo hago sólo yo. Yo lo más que me estoy con la gente son cuatro a cinco días. Ellos son los que van adelante localizando los retenes y me avisan a mí - o a quien va a cargo - para que se vaya por otro lado o vaya pensando que va a decir. Los que trabajan conmigo son cuatro, porque yo llego lo mucho hasta México. La cosa es así: Llego a la frontera México con Guatemala y le doy las personas a un mexicano, después éste camina con ellos hasta Tapachula y se los da a otro mexicano, que los lleva a la frontera de Estados Unidos con México. Éste se los da a otro y pasa la frontera y ya de allí está el último, que los lleva al estado que quieran, pero es otro pisto. Si quiere ir a Los Ángeles tiene que dar $300 más y si es a Houston, $600.

¿Cómo hace el coyote para regresar?

Yo tengo pasada para todo, más que todo por mi edad. Los “polleros”, igual. Es que aquí es cuestión de pisto, más que todo.

¿Qué factores motivan a las personas a irse?

Son dos cosas siempre: Lo económico y la familia. Hay quienes están bien económicamente aquí pero tiene familias allá que les mandan remesas, y se van porque se sienten solas.

¿Los motivos siguen siendo los mismos o han surgido otros?

La verdad es que lo económico siempre ha molestado pero es que antes se daba más que todo, porque se empezó a devaluar la moneda. Yo me acuerdo que también se mandaban los dólares, pero mucho cobraban aquí por cambiarlo. A veces salía mejor llevarse a la gente (familia) y era menos peligroso. Pero otra cosa fue la guerra, allí sí que se empezó a ver la cosa seria. Sin mentirle, allí fue cuando quizás empezamos a hacer pisto.