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“Contar la historia tal y como es ya es una novedad”: Rafael Menjívar Ochoa

Teresa Andrade
Redacción

El periodo comprendido entre 1979 y 1981 se caracterizó por un choque de las fuerzas político-militares, que desencadenó un enfrentamiento armado por más de 12 años en El Salvador. Tanto los gobiernos como las organizaciones opositoras han guardado celosamente su documentación y tampoco existen muchos estudios, desde la perspectiva de los participantes, sobre esos años violentos.

Foto: Teresa Andrade

“Tiempos de Locura. El Salvador 1979-1981” La primera edición del libro se agotó en 15 días por lo que hubo necesidad de hacer una segunda edición y en esta ocasión ampliada y corregida.

Los testimonios de los actores principales de la época adquieren una importancia fundamental en esta nueva perspectiva que intenta dar el periodista y novelista Rafael Menjívar Ochoa, en su libro “Tiempos de Locura. El Salvador 1979- 1981”.

En este libro, el autor hace un recuento de las razones por las cuales el FMLN decidió lanzar la “Ofensiva Final” en enero de 1981, expone su interpretación de la situación social y política altamente polarizada del país y habla de cómo había de resolverse en esa época, haciendo un análisis pormenorizado de las fuerzas armadas y los grupos revolucionarios.

“Tiempos de locura” no es una historia típica que comienza con el principio y termina con el final. Es un relato versátil que permite el salto de tiempos mediante recursos narrativos que utiliza su autor, terminando el relato justo donde comienza y, como su mismo autor lo define, “es una de tantas lecturas posibles del periodo más convulsivo en la historia de El Salvador”.

Se acaba de hacer el tiraje de la segunda edición ampliada de su libro. ¿Qué nuevos aportes intenta dar? ¿A qué responde la consulta de nuevas fuentes?

Lo que incorporé en la segunda edición fue la entrevista con gente que participó en la formación del Gobierno desde la iniciativa privada. Se le dio más prioridad a la Conspiración para el Golpe de Estado del 15 de octubre de 1979, que tocaba muy de paso en la primera parte, porque quedaba fuera de período. Entrevisté a Rodrigo Guerra y Guerra, que fue de los conspiradores. Él fue de la gente que escribió la proclama y había dudas con respecto a eso, creo que él las aclaró.

Además, nos dieron acceso al primer diario de Ellacuría, que trata sobre ese período. Hubo algunas observaciones del Coronel Adolfo Majano (de la Primera Junta Revolucionaria de Gobierno) y de Eduardo Sancho (ex comandante del FMLN), que también sirvieron mucho para dar nuevas perspectivas, algunos libros y fuentes nuevas.

¿Qué tanto cambia el contenido de esta edición respecto de la primera?

Básicamente el libro es el mismo, lo que cambia de fondo es muy poco. Nada más hay más información. Hay hechos que yo no me arriesgaba a decir que habían pasado y la nueva información confirmó que sí habían pasado, sobre todo el diario de Ellacuría.

¿Ha recibido críticas al libro?

Sí, de todos. Desde los que dicen que es una porquería hasta los que dicen que es una manera bien interesante de escribir la historia, de ver la historia y que había que probar por ese lado. En general, me parece que todos han sentido sorpresa porque apareciera un libro así y que lo hubiera hecho yo, que no tengo mucho que ver con eso. Mi carrera es sobre todo literaria.

¿Por qué ese gran salto de la novela a un tema más histórico?

No hay un salto. Yo soy periodista desde hace 28 años, a veces lo ejerzo más, a veces lo ejerzo menos, pero siempre estoy metido en el periodismo. Soy periodista.

¿A qué responde el título de “Tiempos de Locura”?

Eran tiempos bastante convulsivos en los que no era precisamente la racionalidad lo que mandaba, aunque había motivos racionales para todo lo que ocurría. Me parece una época en que lo que jugó más fue la emocionalidad y creo que todavía funciona esa parte irracional en las relaciones entre los salvadoreños, no solo entre los sectores políticos, sino también entre individuos.

¿Por qué solo tratar el periodo entre 1979 y 1981?

Es precisamente el inicio de la guerra, aunque en realidad es un proceso que se venía incubando desde siempre, y en especial desde la militarización de la sociedad salvadoreña en 1931; pero en 1979 ya hay una escalada, que solo puede llevar a una guerra imparable.

Entre 1979 y 1981 pasaron muchas cosas. El libro trata sobre 15 meses en los que parecía que todo pasaba al mismo tiempo, y a veces todo pasaba al mismo tiempo. Eran muchas acciones, muchas decisiones, a veces contradictorias, a veces unas provocaban otras con un lapso de segundos, de minutos o de horas.

¿Cree que es aquí entonces donde se cuaja ese proceso que se venía dando desde muchos años atrás?

Es un proceso muy largo. Lo que pasa es que en esos meses es cuando cuaja todo y sobre todo se cuaja la emocionalidad, como que agarró un punto de no retorno y mas bien agarró una sola dirección, a pesar de que tanto las organizaciones de izquierda como de derecha tenían sus propias ideas y su propio modo de funcionar emocionalmente. Todo es un proceso y todavía lo estamos viviendo.

¿Cuál fue el objetivo de hacer este libro?

A mí me lo encargó FLACSO como una investigación que tratara sobre este período en específico. Me dieron carta blanca para hacer lo que yo quisiera o creyera conveniente. La condición era que se tratara de un relato ágil y fácil de leer. La idea fue ir armando el relato según sus propias necesidades. En este caso empiezo por el final, por el fracaso de la “Ofensiva Final” de 1981, pero eso me da la oportunidad para moverme en el tiempo como quiero y moverme entre los antecedentes. Toda la historia está contada desde el primer capítulo y el resto es como un desarrollo de eso.

¿Cómo está construido este relato?

Usé un esquema literario. Los hechos históricos son ciertos, por lo menos son verificables; en la investigación hay un trabajo académico riguroso, también de interpretación y ubicación; el lenguaje es periodístico, es decir, muy ágil; y la estructura es mas bien una estructura narrativa, más cercana a la novela que lo que se ha usado en la historia. Yo creo que era mi modo particular de contar esas cosas; si hubiera sido otra cosa tendría otra forma, tendría otros recursos.

¿Cuál es el hallazgo novedoso que encontró?

Todos los periodistas y muchos historiadores siempre andan buscando la “verdadera historia”, y en realidad no siempre hay “verdadera historia”, no siempre hay lado oscuro. Creo que contar la historia tal y como es ya es una novedad, por lo menos en el caso salvadoreño.

Otra fue -y creo que lo más importante del libro- que encontré cosas sobre el papel del ejército en la historia de El Salvador. Creo que nosotros, los civiles, lo que hemos hecho es tratar de adivinar qué pasaba, pero a nadie se le ocurrió preguntarles a los militares cómo funcionaban y creo que eso es una novedad. No es que fueran buenos o malos, es que eran diferentes a lo que todos creyeron. Contar las cosas como fueron, según la documentación y según testigos, creo que es parte del valor de este libro, si alguno tiene.

¿Qué dificultades encontró en el camino para la construcción de esta nueva perspectiva?

Ninguna. Que me dieran información mala o que tuviera que verificar cosas, pues eso es lo de siempre, toda información siempre hay que verificarla. Conseguí la documentación que se pudo y con eso trabajaba. Cuando apareció el libro me dieron nueva información, algunas veces fue la misma gente a la que se la había pedido y que no me la había querido dar. Con los puntos ciegos, de algún modo, era bien fácil llegar a conclusiones, triangulando información; pero problemas, no. Quizás hubiera querido tener un poco más de tiempo para hacerlo, solo tuve siete meses y yo pedía al menos un año.

Tratándose de puntos neurálgicos que aún mueven pasiones en algunos salvadoreños. ¿Cómo fue su trato con los entrevistados? ¿Cómo logró manejar eso?

Platicando. Lo que pasa es que muchos periodistas llegan y confrontan a su entrevistado y tratan de sacarle “la verdadera historia”, muchos periodistas preguntan lo que ellos quieren saber, no lo que la persona tiene que decir. En general me encontré con mucha franqueza, es gente que está orgullosa de lo que hizo, que cree que lo que hizo es correcto, y sus puntos de vista políticos no han cambiado desde esa época. Fue una entrevista respetuosa pero con conocimiento de causa. Ellos hicieron la historia, yo nada más soy periodista.

¿Cuál cree que es su aporte al país?

Poner temas sobre la mesa, de los que se ha hablado, sobre todo, de manera ideológica, no académica, no histórica, no periodística. Decir cosas que no se habían dicho y ponerlas como puntos de discusión. Además es el primer libro que se escribe sobre esto de manera más o menos estructurada, no ideológica, no política. Pienso que es el primer aporte, no digo que sea el mejor, sino que es el primero nada más.

Había gente que no conocía información que estaba ahí, gente de derecha que no sabía que así funcionaba la izquierda, y gente de izquierda que no sabía que así funcionaba el ejército, y gente del ejército que no sabía que así funcionaba la Democracia Cristiana. Había mucho desconocimiento de gente que estaba en guerra o alianzas y realmente no se conocían. Entonces esta recopilación de información ayudó mucho a la gente de ese período a entender lo que estaba ocurriendo y lo que ocurre actualmente.