Historia del estudiante y “muertero”
Diana Maricela Vidal Ruiz
Redacción
Una competencia comienza y no entre atletas ó jugadores sino entre los “muerteros” que laboran en las funerarias.
En medio de sirenas y llantos se encuentra Manuel Pérez, (nombre ficticio) estudiante de IV año de Comunicación Social de la UCA, quien se dedica a preparar muertos.
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Foto: Diana Maricela Vidal Ruiz |
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Después que Manuel Pérez termina el proceso de preparación coloca el cadáver dentro de uno de los ataúdes que se encuentran en la funeraria. |
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Cuando a este joven de 25 años le suena el teléfono celular, puede significar dos cosas: primero que le llaman por trabajos académicos; y segundo, el inicio de una corta jornada laboral.
Manuel se encuentra en uno de los salones de la Universidad recibiendo sus clases de manera normal. De repente siente vibrar su celular. Y esto significa que tiene que dejar sus cuadernos e interrumpir su jornada académica para dedicarse a lo que le que le genera ingresos para estudiar, su trabajo. Desde hace más de un año, Manuel se dedica a la preparación de muertos.
La competencia ha iniciado Manuel tiene que hacerse presente al lugar de los hechos. Sus otros colegas ya están ahí.
“La verdad uno en la calle se la juega por la competencia. A un cadáver llegan a verlo hasta 10 funerarias. En realidad depende de la astucia que como muertero se tenga o de los contactos que uno tenga con la PNC o con el Instituto de Medicina Legal”, comentó Pérez.
Por fin, Pérez logra conseguir los datos del cadáver y un nuevo desafío le espera. Encontrar algún familiar de este y ofrecerle sus servicios al mejor costo. Él trata de hacerlo con cautela ya que no es cosa fácil.
“Como colegas/amigos podemos comer juntos. Pero, a la hora de buscar al familiar del fallecido no somos amigos – si puedo hacerte la cama te la hago”, ultimó Pérez.
Según Pérez, muchas veces las reacciones de los familiares son un poco bruscas. Después de un largo diálogo. Pérez lo consigue y el trabajo es suyo.
Su jornada de trabajo puede llevarle entre tres o cuatro horas, dependiendo del cadáver que le toque preparar.
Proceso de preparación
Este proceso consiste en disecar el cuerpo con formalina, un componente químico que “tuesta” la carne.
“Cuando lo empecé hacer por primera vez sentí un mareo, me senté pero a los tres minutos hice pedacitos los órganos”, argumentó Pérez.
Después de preguntar a los familiares para cuántos días quieren el cadáver, prepara la cantidad de materiales e instrumentos necesarios.
El cuerpo que preparará esta vez corresponde a un joven de 27 años aproximadamente, que murió a causa de tres impactos de bala en una riña entre pandillas.
Como si fuera a operarlo le hace una cortadura desde la traquea hasta el abdomen. Con sus manos cubiertas con guantes comienza a tocar las vísceras.
Pérez toma una actitud pensativa. Al preguntarle que le pasa exclama: “tengo que iniciar (…) lo primero que se extrae son los pulmones, el corazón, los intestinos, la gordura”.
Cada uno de estos órganos los va depositando en una bolsa negra que está en medio de las piernas del cadáver. Pérez resalta que lo más difícil en esa profesión es cuando le toca “ralear” los órganos grandes como: el hígado, el bazo, etcétera, para que disminuya el volumen de estos y poder aplicar la formalina para que surta efecto.
La yugular es el canal que le sirve para aplicar la formalina en el cerebro y la cara. Luego pone algodón en la nariz y en la boca..
Con unos trapos viejos seca la sangre que ha quedado dentro del cuerpo, esparce más formalina sobre el cadáver ya listo y limpio y lo rellena con otros trapos para luego coserlo.
Después de esto sólo le resta maquillarlo, peinarlo, vestirlo, meterlo en un ataúd y entregarlo a sus respectivos familiares.
Para Pérez moverse en este ambiente es hostil. Sin embargo, dos razones lo motivan a involucrarse en este trabajo: siempre le ha gustado el riesgo y lo hace por su situación económica.
Combinar la Universidad con su trabajo no es tarea fácil. En lo que va del año en curso, Pérez ha preparado 40 muertos. Para él preparar un cadáver es algo normal y ha llegado a entender que ese es su trabajo. “Es más si puedo tomo un vaso de café y lo pongo en el pecho del muerto mientras lo preparó”.
Pérez argumenta que al igual que otros trabajos es muy arriesgado y debe tener mucho cuidado, más cuando el muerto es por causa de VIH. Es ahí donde él como otros más se juega la vida. Ya sea por hobbie o por necesidad lo hacen para sobrevivir. “Aunque te diré que no pienso quedarme en esto”, concluyó Pérez. |