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La prueba Elisa: “una oportunidad para seguir viviendo”

Edson Flores
Redacción

Juan Carlos, nombre ficticio, es uno de los más de 12 mil privados de libertad que cumplen condena penitenciaria en uno de los reclusorios de nuestro país; su condena no pasa de los 20 años, pero quiere asegurarse de tener un poco más de vida para contarlo.

Foto: Edson Flores

En la red de centros penales, a nivel nacional, la población asciende a 12,869 privados de libertad, a quienes se les está beneficiando con este programa.

Él forma parte del grupo de “valientes” que se sometió a la prueba para detectar si es portador del VIH. Estas pruebas, como muchas otras, forman parte del programa Intervenciones en ITS/VIH/SIDA en los centros penales del país.

El objetivo principal del programa es la conformación de grupos multidisciplinarios a nivel local , donde se encuentra el penal: SIBASI, autoridades del centro penal, hospitales, etc.; para poder abordar a las personas privadas de libertad a que se realicen la prueba de VIH.

Prueba tras prueba

En la actualidad, 12,869 son las personas que se encuentran privados de libertad en la red de centros penales del país, de los que el 28% se encuentra cumpliendo una condena y el 72% son procesados.

Según la coordinadora del programa, Dra. Ana Leticia Parada, “lo más que se hacen el examen de la población reclusa son el 50 o 60%. Aproximadamente se llevan unas 2500 pruebas realizadas”.

El total parcial de las pruebas se han realizado en 14 de los 19 centros de la red carcelaria a nivel nacional. Además, se han llevado a cabo otras pruebas en centros de readaptación del ISNA y diversos nosocomios.

En algunos centros se han registrado aproximadamente de 2 a 4 casos, existiendo siempre excepciones en que se dan o más casos o no se da ninguno. Este fenómeno de cantidad de casos se explica porque: “no sabemos si los que no se hacen la prueba están contagiados”, afirma la encargada del programa.

La meta es que a mediano plazo se hayan cubierto cinco penales más obteniendo, si se toma en cuenta las cifras anteriores, un total de entre 4000 y 5000 pruebas.

De acuerdo a la Dra. Parada, de las pruebas realizadas, 20 han salido positivas, lo que significaría para los reclusos 20 personas que tienen la oportunidad de seguir viviendo.

Esperanza detrás de las rejas

“… Independientemente de las circunstancias, sean negativas o positivas, me interesaría vivir, someterse a una situación que nos hace perseverar, querer seguir viviendo, la vida es bonita”, es lo que comenta Juan Carlos, mientras se le realizaba la prueba dentro del penal de Apanteos, ubicado en el departamento de Santa Ana.

Como muchos otros reclusos, la importancia de saber a tiempo lo que significa padecer esta enfermedad es de vital importancia porque, tal como asegura la coordinadora del programa, “una vez sale la prueba reactiva, se lleva al laboratorio y se confirma. Luego, el establecimiento de salud de la zona se pone en contacto con el penal y se le da un seguimiento psicológico; habrá que tomarle otras pruebas al paciente, ponerlo en control por si va o no a necesitar el tratamiento, dependiendo cómo esta la carga viral”.

Muchos de los privados de libertad se niegan ha realizarse la prueba, y ante tal negativa se llevan a cabo “procesos de sensibilización y motivación a través de charlas…, ha habido lugares en donde se han negado a hacerse la prueba o no les interesa y nos ha tocado entrar a las celdas a decirles y motivarlos”, afirma la Dra. Parada; además, agrega que la prueba no es obligatoria.

La práctica de estas pruebas, la consejería y el medicamento ayudarían a mejorar y mantener la esperanza de vida de estas personas.

El Salvador es el primero

El salvador es el único en llevar a cabo este programa para beneficiar a la población reclusa. Está patrocinado por varias entidades tanto nacionales (MSPAS, Ministerio de Gobernación, organismos internacionales, las localidades, etc.), como internacionales, con el motivo de que se le brinde, a este sector de la población, una mejor atención médica.

A raíz de la falta de asistencia médica permanente dentro de los penales, algunos presidiarios miran con buenos ojos las acciones del programa y, como afirma un recluso que no quiso ser identificado, “ha sido algo beneficioso porque no todo el tiempo tenemos el acceso a saber cómo estamos de salud. Los tratamientos acá son un poco precoces, deplorables, muchas veces no nos dan el tratamiento que necesitamos”.

El virus, según la experta, “no lo contraen ahí, la mayoría ya lo han llevado, hay otros de los que se supo que en sus estilos de vida tienen relaciones sexuales con hombres, los homosexuales…”.

También agrega, aunque no esté totalmente comprobado, que la elaboración de tatuajes es otro de los factores de contagio, sin olvidar también “lo del uso de la droga inyectada y el compartir la jeringa”. Por temor a estar contagiados, la doctora explica que “unos dicen que sí y otros que no”, a la hora de realizarse la prueba.

La manifestación de esta enfermedad en los centros penales, aunque solamente es una hipótesis, se debe al hacinamiento en que estas personas viven. La falta de recursos humanos, económicos, tiempo, etc.; son otros detonantes, según la experta del programa, para que se propague esta enfermedad.

Desde 1984

Datos del Ministerio de Salud muestran que la tasa de infección por VIH va en franco ascenso, lo que significa un incremento en el nivel de riesgo.

Desde que se reportó el primer caso, en 1984, hasta en julio del año pasado, el país ha acumulado un total de 15,609 casos de VIH/SIDA. De estos, 8,461 son VIH (+) y 7,148 corresponden a SIDA.

Los casos imperan en el sexo masculino, con 9,931 (64%), y 5,678 (36%) casos en las mujeres. Del total de casos, la mayoría se presenta en el departamento de San Salvador.

Confirmación y tratamiento rápido

Con las nuevas tecnologías, en menos de dos minutos una persona puede conocer si está o no infectado con el VIH, y con esto se puede prolongar su tiempo de vida con el tratamiento adecuado.

Este segmento de personas, antes olvidado, espera ser atendido; y con esto, tener la oportunidad de recibir la atención médica preventiva adecuada.