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Crucifixión sin Resurrección

Por Manuel Ramírez

Cada día parten centenares de personas ilegalmente hacia los Estados Unidos, estos individuos marchan de su tierra con el sueño de cumplir con todas las necesidades sociales, culturales y económicas que sus seres queridos requieren. Pero excluyen las consecuencias que este viaje puede causar en la familia.

El crecimiento de la familia en lo económico, social y cultural no se da en todos los casos. En relación a lo económico el crecimiento puede ser a corto plazo, ya que en cualquier momento el ilegal en Estados Unidos puede ser deportado. Otro factor podría ser que el emigrante se deje influenciar por una de las culturas liberales estadounidense, es decir, pierda el objetivo o el sueño que lo llevó a emigrar.

Por otra parte, es contradictorio pensar que se da un crecimiento cultural, cuando muchos emigrantes y sus seres queridos pierden su identidad y sus raíces familiares, estos caen en una cultural superficial. Los sentimientos y las relaciones humanas son sustituidos por intereses materialistas. Cuando en el hogar se ausenta la figura materna o paterna se cree que esta puede sustituirse por lo material, peligroso error.

El desmembramiento en la familia crea nuevas conductas perjudiciales, como la inseguridad, la comunicación poco sustanciosa y por último la desconfianza. Un ejemplo es la familia Carranza. El padre, Amilcar Carranza, viajó de manera ilegal hacia los Estados Unidos, pero a los dos años de estar allá dejó de enviar suficiente dinero. A los pocos meses, su esposa, Marta Lazo, recibió la noticia de que él se había acompañado y tenía una nueva vida. La familia es crucificada cuando se rompen los lazos de interacción y pocas logran resucitar.

En consecuencia, cuando una familia pierde su identidad, valores y entra en conflicto, una sociedad también lo hace. Es un efecto dominó. En El Salvador se reza: “La familia es la base fundamental de la sociedad”, entonces la pregunta es ¿por qué el gobierno salvadoreño no protege la base fundamental de la sociedad? Nuestro gobierno es un fiel sustituto de Herodes, este crucifica a sus ciudadanos y los incitan a emprender viajes nocivos que dañan y sacrifican a la familia.

Por ello, es obligación de los gobiernos proporcionar las herramientas necesarias para que sus ciudadanos se superen y así no seguir despedazando a los hogares empobrecidos. Asimismo, es hora que el Estado no siga haciendo el papel de Poncio Pilatos y empiece a velar por los derechos de todos los individuos. Si no queremos una sociedad desmembrada, crucificada y dependiente de la migración, es necesario actuar en base a los derechos que la familia exige para su resurrección.