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Cuando la palabra de Dios llega a La Lima

Por Illy Palacios
Periodista

Es domingo y oculto entre árboles y precipicios en el caserío La Lima, en Usulután, mujeres y niños se agrupan alrededor de unas sillas. El improvisado culto está por comenzar.

Los niños no ocultan su ansiedad pues desde hace tres años la iglesia Cristiana Misión Mundial Ágape les lleva la Palabra de Dios, comida, zapatos, ropa y la atención que estando a 105 kilómetros de San Salvador no reciben. El camino para llegar es largo, con pendientes y las casas están alejadas, unas de otras.

Foto: Illy Palacios

Para llegar al Caserío La Lima se deben recorrer 6 kilometros en carro, desde el pueblo Mercedes Umaña, siempre en Usulután. Los habitantes del lugar caminan mucho para llegar a sus casas y la escuela. No hay tiendas cerca, lo más cercano es Mercedes Umaña.

Cuatro personas, miembros de la Iglesia Ágape, llegan todos los domingos a ayudar a la gente que vive en esta zona del país. José Henríquez y Helen Ramírez se encargan de los más chicos, mientras el pastor Carlos León da el culto a los mayores y su esposa Aída León ordena, junto a otras pobladoras, el refrigerio que se les dará a todos al finalizar la reunión.

Son las tres de la tarde y el lugar se empieza a llenar. El escenario es un terreno seco de unos 7 metros de ancho por 6 de largo. A la par del escenario hay una colina que sirve a José y Helen para llevar a los niños a su clase de Biblia. Los pequeños inician sus clases, entusiasmados, y los mayores se disponen a escuchar al pastor.

“El objetivo de estas visitas es ayudar a esta gente y que no se queden en lo que en su mismo pueblo les dicen, que conozcan de Dios y como llevar una vida mejor”, explica José, uno de los encargados de darle clases a los niños. Los niveles de vida de estas personas son muy escasos. Los niños andan de arriba para abajo sin ninguna vigilancia de los padres, las mujeres pasan en su casa y tienen prohibido hablar con hombres, mientras los “hombres de la casa”, trabajan todo el día.

No apto para turistas

El camino para La Lima puede resultar o muy cansado o muy peligroso debido a las curvas de la pendiente. Es complicado llegar al lugar.

No hay servicios sanitarios cerca- solo unos cuantos de fosa y cubiertos con techo de cartón sucio- y ningún lugar en donde comprar agua o algo para comer. “En las casas no hay agua, yo voy a unos chorros a traer en mi cántaro”, cuenta Alexis Rodríguez, de 12 años.

Son pocos los pequeños que saben su edad o su nombre completo. “Mi mamá nunca me ha celebrado eso de los cumpleaños y no se cuántos años tengo”, relata Carlos Flores. Los apellidos se mezclan y repiten alrededor de la multitud de niños, casi todos son primos o hermanos.

La escuela más cercana esta al final del caserío, y se recorre aproximadamente 3 kilómetros. “La escuela se llama Guallinac y tiene hasta sexto grado”, relata Elena de 16 años. “La mayoría de niños no tienen un sueño por ser alguien en la vida. Generalmente si se les pregunta ¿qué quieren ser cuando grandes? dicen que ayudar en la tierra a sus padres”, comenta el pastor Carlos León.

Hay niños de 12 años que van a tercer grado y su educación parece casi nula. Helen Ramírez, miembro de la Misión comenta que los padres prefieren que sus hijos trabajen con ellos a que estudien.

Además, la falta de dinero y de un pueblo cercano para abastecerse impide a los pobladores alimentarse correctamente. La desnutrición es enorme es este lugar y no se ven señales de ayuda al sitio, de hecho es un caserío olvidado. “No se aquí nadie viene, es raro ver gente que no sea de aquí”, explica Tomas Guardado, campesino del lugar.

Entusiasmo dominical

“A mi me gusta que ellos vengan porque nos enseñan mucho de la Biblia, pero me gusta que nos regalen comida, porque a veces solo comemos una vez en el día”, cuenta Alexis Rodríguez.

Las personas que ayudan a estos pobladores no reciben una ayuda extra para los gastos de trasporte, alimentos que llevan, ni por las clases que dan. “A uno no le importa ayudar a esta gente, son tan humildes y necesitan tanta atención que con gusto les brindamos nuestra ayuda”, comenta Helen Ramírez.

José Henríquez relata que tratan la manera de conseguir ropa usada para los niños, sobre todo, ya que es usual encontrarlos con la misma ropa todos los domingos.

Henríquez se encarga de los niños y ha improvisado, con unos troncos de árbol y con la ayuda de la gente, las bancas donde los chicos reciben su clase. Gritos y aplausos se escuchan cuando el guía propone ir a jugar pelota a una parte del lugar.

El sol parece haberse ocultado, no se sabe si de asombro o miedo, lo que si es seguro es que las nubes negras empiezan a inundar el cielo. El pastor ha terminado su culto y los niños salen corriendo a hacer una fila para tener un buen refrigerio. La multitud empieza a retirarse y los chicos están felices de terminar su día con un pedazo de pan y soda en sus manos. Solo les queda esperar el siguiente domingo, para tener la atención de unos desconocidos del lugar.

 

 

 

 

 

De acuerdo al reporte de desarrollo de las Naciones Unidas del 2003:

 

43% de los salvadoreños y salvadoreñas viven en condiciones de pobreza. 19% viven en “pobreza absoluta”, es decir, ganan menos de un dólar diario, por lo que son incapaces de cubrir sus necesidades básicas

   
 

Detalles

 

-Los miembros de la iglesia Cristiana Mundial Ágape viajan todos los domingos para ayudar a estos pobladores.

-Son cuatro personas en total y entre ellos llevan comida, refrescos, ropa y material de apoyo para dar sus charlas religiosas.

-A pesar de pertenecer a una iglesia, esta no les brinda ningún tipo de ayuda. Ellos se reunieron y decidieron brindar su ayuda.

-La Misión tiene tres años de colaborar con los habitantes del Caserío La Lima.
   
 
 
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