Editorial
Quería cubrir la guerra
Como es lógico me quedé callada. Después de la pregunta del tamaño del mar que Michelle García, periodista estadounidense, había hecho a la clase me sentí aliviada de no tener que responderla en voz alta.
Sin embargo, esa pregunta –incómoda e indiscreta- me persiguió el resto del día. ¿Por qué quiero ser periodista? ¿Por qué, un día, hace muchos años, decidí que lo mío era ser periodista?
Recordé de inmediato que al principio mi propósito no era ser periodista. Lo que más quería era escribir, inventar mundos, crear historias, jugar con los personajes y que, claro, aquello nunca terminara. En otras palabras, quería prolongar mi infancia. La felicidad que al inicio de la adolescencia presientes que se te va a escapar.
Entonces me pregunté: “¿En qué profesión podré escribir a mi antojo?”. Y el periodismo saltó a la vista. No me lo pensé dos veces.
La segunda razón –más romántica que la anterior- fue que quería cubrir la guerra. No me preguntes porqué pero ese ir y venir de las manifestaciones con sus consecuentes balaceras que escuchaba y veía desde el baño de mi casa me provocaban un efecto tal que todo lo que deseaba era salir corriendo a la calle y ver lo que pasaba. Sin saberlo quería ser periodista.
Yo quería estar presente, observar, cuestionar, investigar, analizar, palpar, sentir, oler, llorar, correr, trepar, gritar, reflexionar, reir, relatar, interpretar, fijar, informar y después de hacer todo eso quería ponerlo por escrito, como para que no fuera a desaparecer jamás.
Es una pasión, casi una obsesión y una locura en los tiempos que corren. Como dijo Michelle, te enfrentas a un sinfín de problemas, desde la mala paga hasta las amenazas; a sacrificios como trabajar fines de semana y carecer de horario. Pero sabes que es lo tuyo, intuyes que eso te hace feliz. Si es así has encontrado tu lugar, tu vocación.
Yo no quería salvar al mundo ni denunciar sus males. Simplemente quería estar allí, donde la historia, la pequeña y escondida, la importante y trascendental, ocurriera. Ser testigo de la realidad.
No logré llegar a la guerra y para cuando comencé a reportear encontré un país todavía muy parecido al que vemos hoy: caótico, incierto pero lleno de vida y sobretodo de historias que contar.
Si has escogido ser periodista debes hacerte la misma pregunta antes que otros, el tiempo o las circunstancias de la vida la contesten por ti. Una vez lo hayas hecho no mires hacia atrás y ama tu oficio.
Esa es la primera verdad que debes descubrir. |
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