Talticpac, una propuesta de identidad hecha canción
Harold Sánchez
Redacción
Un pequeño soplido y la imaginación de su ejecutante fueron suficientes para que una pieza de barro de no más de diez centímetros de largo, y de aspecto poco potente, hiciera brotar un sonido pocas veces escuchado por oídos de esta generación tan acostumbrada a lo estridente.
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Foto: cortesía de: Benjamín Palomo |
Grupo Talticpac durante una presentación en 2002, en la Universidad de Washington, Estados Unidos. |
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Inmediatamente, por un estrecho pasillo rodeado por cuatro gruesas e inmaculadas paredes, se escucharon pasos apresurados a verificar de dónde provenía este fenómeno sonoro tan resonante e inusual en un recinto universitario salvadoreño.
La respuesta a esta interrogante, una tonada proveniente de un pito-flauta encontrado en tierras salvadoreñas, el cual data de hace más de mil 200 años de antigüedad. Este instrumento fabricado en barro rojizo es capaz de revivir en boca de Benjamín Palomo, director del grupo Talticpac .
“Lo que está arriba del cielo” manifiesta Palomo, que es la traducción más cercana que se le puede dar en lengua nahuatl, al nombre de esta agrupación que lleva ya casi 19 años de brindarle “originalidad” a la música nacional. Esto, con un estilo que según Palomo, considera como una respuesta artística nacional a los cambios culturales que la globalización puede traer para El Salvador.
“Somos un grupo de músicos que hacen música con instrumentos prehispánicos” afirma este sociólogo y catedrático universitario, quien asegura además, dirigirse a toda clase de público, con utilización de la fusión de instrumentos y sonidos, de ayer y hoy.
Inicios turbulentos
Los inicios académicos de este proyecto musical, que hoy posiciona sus discos en tiendas de prestigio internacional como Tower Records , se ubican en una escena de inestabilidad política. Una época plagada de matanzas, injusticias e incomprensión social en donde los arqueólogos autodidactas, Ricardo Funes y Benjamín Palomo, deciden explorar de manera propia los orígenes del nahuatl. El año era 1987.
Poco después, y tras un encuentro entre Funes y Palomo, con Carlos López Guillen, Talticpac surge como un taller de investigadores que estudiaban el idioma nahuatl.
“Cada quien por su lado empezó a poner lo que sabía” recuerda Palomo al relatar aspectos que caracterizaron sus inicios en esta agrupación cultural. En un principio sus esfuerzos se centraron en descifrar la lengua nahuatl, pero más tarde, optaron por fusionar el estudio de las piezas prehispánicas y los sonidos del pueblo, en una sola iniciativa.
Al poco tiempo, la época en la que las fuerzas de izquierda tomaron por asalto la capital de El Salvador, San Salvador, mejor conocida como La Ofensiva del 89 , marcó el amanecer artístico de este grupo musical. Al respecto, Palomo señala: “No íbamos a ser arqueólogos, no íbamos a ser nahuablantes... “. “Había que devolverle el sonido a la madre tierra” completa.
Fue esta misma época la que no sólo los depuró como grupo, sino que también les unió como Manuhuan , hermanos, título con que en nahuatl, denominaron a su primer canción, que narra la impotencia que sentían tras huir de sus hogares por pertenecer a organizaciones opuestas al modo de pensar del gobierno de aquel entonces.
Marca Registrada
Sus Ne'Cuigas o instrumentos musicales, como se les denomina en lengua Nahuatl, se han transformado no sólo en su distintivo, sino también en una marca registrada por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), como medida de seguridad para proteger el producto de toda una vida de búsqueda entre cada ciudad, cantón o casa por la que transitaran.
Diez, quince y hasta veinte colones eran los precios exigidos por vendedores de aquella época (años ochenta) para poder adquirir estas piezas, relata Palomo respecto a los montos pagados para hacerse de parte de su colección que hoy alcanza más de una treintena de ejemplares arqueológicos.
Una vez con los instrumentos adecuados para sus planes, al grupo le nació la necesidad de descubrir lo que después consideraron firmemente como la verdadera música de El Salvador.
Despojándose, en acto detectivesco, de las versiones oficiales acerca de la identidad cultural y de folklore, los miembros de Talticpac descompusieron, pieza por pieza, y nota por nota, partituras de canciones como El Carbonero , de Pancho Lara, entre otras, para buscar los sonidos puros de esta tierra, como parte de su investigación.
Esta disección les llevó a cuestionar la autenticidad de los ritmos del segundo himno salvadoreño, ubicándolos dentro de las características de un Vals (ritmo tres por cuatro) más que de una música folklórica. Esto, contrariando al Ministerio de Turismo, que afirma que son el anonimato y surgimiento del colectivo, explicaciones que según Palomo, demuestran la falta de sustento de la teoría bajo la cual se considera a El Carbonero como algo folklórico.
Hecho esto, la fase siguiente les remontó hasta la época de La Colonia , espacio temporal en donde el grupo pierde las pistas para poder seguir haciendo un viaje más atrás en el tiempo, y se comienzan las suposiciones. En esta etapa de la agrupación musical, “Piteros y tamboreros” son cuestionados por ellos acerca de cómo aprendieron esta música carente de letra o partitura conservables.
A falta de pruebas
Lo más primitivo que ellos pudieron descubrir les conduce al año de 1988, y a creer que don Macario Pérez, pitero y tamborero de Cacaopera, Morazán, ya fallecido en el campo de damnificados de Mesa Grande, es la clave para estar seguros de que así debió haber sido la música salvadoreña originalmente tocada antes de la llegada de los españoles a tierras americanas.
“Él nos pareció que era una de las músicas más primitivistas” apunta Palomo al marcar el final de esta búsqueda emprendida por ellos, hace más de 18 años.
Para no quedarse en la incertidumbre, todos los integrantes de Talticpac optaron por tocar cada instrumento recogido de la tierra o comprado en tiendas de antigüedades para observar hasta dónde podían llegar las capacidades sonoras de estos artefactos. Satisfechos, todos acordaron en señalar que ese debía haber sido el verdadero sonido prehispánico.
Surgen las dudas
Para la coordinadora de investigaciones artísticas de CONCULTURA y musicóloga, Marta Rosales, la idea de considerar que la música actualmente tocada por Talticpac, con la utilización de instrumentos prehispánicos, sea igual a la que se escuchaba en épocas remotas, no es algo que sea avalado por la ciencia.
Rosales opina que esta aseveración por parte de Palomo carece respaldo científico, en la medida en que, para la investigadora de CONCULTURA, esta agrupación musical ha recurrido a las suposiciones para rellenar los vacíos dejados por la falta de partituras o grabaciones en donde se sugiriera un modo específico de melodía.
Otro punto en que difieren, Benjamín Palomo, de Marta Rosales, es lo que para cada cual es identidad cultural.
Para Benjamín Palomo, que cataloga a los indígenas como los “verdaderos” promotores de la cultura salvadoreña, el término identidad cultural reúne aspectos como lo artístico y lo religioso, que según él, son un legado de una raza previa. Además, señala que en el caso de la identidad cultural de cada salvadoreño, siempre existe una tendencia a regresar hacia esa identidad que le antecede.
Según este sociólogo, esta identidad nos relaciona irremediablemente con una identidad histórica no sólo oficial, sino también con lo que da en llamar “antihistoria”, o negación de todo lo que deberíamos conocer y que está escondido en nuestros genes.
“Lo popular, la mayoría, la gran masa” son términos que según Palomo dan origen al proceso de la creación de la identidad cultural salvadoreña. Para él, es desde aquí desde donde se gesta, por apropiación, la identidad cultural actual. Pero también es desde aquí, donde según él, se da el menosprecio por lo propio, por lo antiguo.
Contrario a lo antes planteado, Rosales señala que no sólo es desde las mayorías, el lugar desde dónde se gesta la identidad cultural. Para ella, es también desde cada clase social, sea alta o baja, el lugar desde donde surge un proceso de apropiación o rechazo de elementos propios de culturas distintas a la propia, o incluso de la misma cultura.
Otro punto que agrega Rosales al respecto, es que la identidad cultural no es algo que debe ser rescatado; pues por su naturaleza dinámica, la identidad se nutre constantemente de apropiaciones individuales y colectivas. También señala que otra de las fuentes desde donde se nutre la identidad cultural son las tradiciones, las costumbres y elementos heredados; sin caer en la categorización de lo positivo o lo negativo.
“La identidad no es algo que vamos a rescatar o a recuperar” afirma Rosales, a la vez que señala que lo rescatable son elementos de culturas pasadas que se pierden o destruyen con el paso del tiempo.
“La identidad no es algo que se pierde, es algo que se transforma” enfatiza Rosales al respecto, mientras que Palomo afirma que el rescate de estos los indígenas es el rescate mismo de la identidad cultural salvadoreña.
Larga trayectoria
Esta agrupación se compone actualmente por su director, Benjamín Palomo, en la guitarra, bajo, percusión y flautas prehispánicas; su hermano biológico, Orlando Palomo, bajos, requinto y percusión menor; Carlos Sánchez, baterías y percusión. Por último, también lo compone Mauricio López Guillén, en las flautas prehispánicas, voces y percusión.
Su producción musical comprende: Talticpac de El Salvador , Flautas Mayas Ahora y una producción aún en grabación, con la colaboración de algunos integrantes del grupo musical Yolocamba Ita .
Portugal, Estados Unidos y Honduras, son algunos de los países visitados, y que forman parte del historial musical de esta agrupación, que a través de varias giras por suelo nacional y extranjero, ha fusionado guitarras eléctricas, afinadores electrónicos, y micrófonos de alta sensibilidad, con la potencia que sólo el barro, la madera y la naturaleza pueden ofrecer.
Hoy, tanto don Macario Pérez, como su música, sólo quedan en el recuerdo de algunos cuantos que le escucharon repetir melodías, pasadas de generación en generación, para acompañar algunas de las celebraciones de la zona rural de El Salvador. Mientras que en manos de Talticpac , Teponahuastes , Pitos-flautas y Tambores de barro deleitan a niños, adultos y ancianos, negándose a permanecer inmóviles dentro de elegantes vitrinas de museos de historia. |