Dulcerías tradicionales se resisten a desaparecer
Por Martha Rivas
Periodista
La melcocha, el chilacayote y el dulce de camote son dulces que forman parte de nuestra cultura. La industrialización y el encarecimiento de la materia prima para su fabricación amenazan su supervivencia.
La señora Juana Flores de 50 años de edad, a desarrollado en sus 30 años de experiencia como vendedora de dulces, simpatía y amabilidad al atender a sus clientes. Comercializa sus productos en el Mercado de Artesanías y Dulces de Santa Ana. Afirma que se sostiene con lo vendido en las ferias en las que participa y por medio de pedidos que le hacen sus clientes.
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Foto:Martha Rivas |
Juana Flores, elaboradora de dulces tradicionales, Mercado de artesanías y dulces de Santa Ana. |
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Sin usar productos químicos más que el color que sirve para diferenciarlos, los dulces artesanales están casi por desaparecer debido a las pocas ganancias que obtienen quienes los hacen.
Gracias a su espíritu emprendedor, doña Juana mantiene en el paladar de nacionales y salvadoreños en el extranjero el rico sabor de una variedad de dulces .
“Las Fiestas Julias son la mejor temporada que hay en el año, a veces se venden hasta 40 o 50 dólares al día, después, esto queda calmadito”, explicó ella.
Doña Juana se defiende con los pedidos que la gente que viaja a Estados Unidos le hace; en ocasiones estos llegan a alcanzar los 30 o 40 dólares: También le vende a gente que lo comercializa en San Salvador.
El director de Fomento de la Actividad Artesanal, Eduardo Saravia, señaló que: “Cuando la industria del dulce entra al país a partir de los años 60, los dulces artesanales bajaron su producción.”
En la actualidad solamente se pueden encontrar este tipo de dulces en los puestos de calle que se instalan en las principales ferias y fiestas patronales o en la casa de algún elaborador de confites de pueblo.
El primer Mercado del Dulce
Con el fin de promover la industria local y atraer el turismo, el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) y la alcaldía de Santa Ana, crearon hace cinco años el denominado Mercado de artesanías y dulces.
Pero la iniciativa, con el paso de los años, comenzó a decaer y de los 17 productores que reunía, en la actualidad solamente tres mantienen funcionando sus puestos.
Doña Juana atribuye el fracaso de la iniciativa a muchos factores al señalar que: “Unos ya se jubilaron, otros cambiaron de oficio, algunos ya murieron y otros se han ido para Estados Unidos. El conservar esta tradición es muy difícil porque los jóvenes de ahora ya no quieren dedicarse a este oficio, la elaboración de dulces”.
La tradición del dulce todavía se conserva pero cada vez menos ya que es más complicado hacer el dulce artesanal que el industrial, porque se prepara en peroles al fuego con leña y los dulceros están expuestos a altas temperaturas que con el paso del tiempo les causa artrítis.
El encarecimiento de la vida es identificado por doña Juana como el principal problema que afecta a los dulceros en nuestros días, ya que causa un aumento en el precio del producto. Los altos intereses en los préstamos y la falta de capacitación a los productores en nuevas técnicas de manejo de fondos y de empacado del producto son otros de los problemas mencionados.
“La venta del dulce es rentable porque de esto he vivido y pagado todos mis gastos. En una ocasión para las fiestas de agosto en San Salvador me quedaron de ganancia como 5 mil colones, pero ya esos tiempos ya pasaron ahora le queda poquito de ganancia a uno”, comentó Doña Juana
El sabor agridulce de la exportación
En El Salvador no existe un ente especializado para atender al sector del dulce artesanal. Asociaciones como la Cámara Salvadoreña de Artesanos (CASART), atienden a un pequeño grupo de elaboradores de dulces.
Según la licenciada Maribel Henríquez de CASART, solamente el 10 por ciento de los artesanos asociados se encuentran en capacidad para exportar, ya que se encuentran en la categoría de microempresa de acumulación simple.
El "Libro Blanco" de la microempresa que la mayoría de asociaciones que trabajan con microempresarios utilizan para calificar sus asociados divide a este tipo de empresas en: microempresa de subsistencia que son aquellas cuyas ventas mensuales alcancen el equivalente de 11.9 salarios mínimos urbanos; y la microempresa de acumulación simple, con ventas mensuales hasta el equivalente de 23.8 salarios mínimos.
También figura la microempresa de acumulación ampliada, que son las que en sus ventas mensuales alcanzan el equivalente a 39.7 salarios mínimos.
“En mi opinión, lo que más necesitan los artesanos del dulce es capacitación en técnicas de embalaje, para hacer sus productos más presentables y atractivos al público”, comentó la licenciada Henríquez.
Doña Juana y un pequeño grupo de dulceros, comenta que ya ha hecho el intento de exportar su producto, pero que las asociaciones que los atienden les dicen que son muy pocos para cumplir un pedido internacional. “Nos dicen que si fuésemos diez ya nos apoyaran”, afirmó.
El caso de la Asociación Cooperativa de Productores de Panela, (ACOPANELA) ubicada en el departamento de San Vicente es diferente, desde hace un año se encuentran exportando panela granulada hacia los Estados Unidos.
“En nuestro primer año exportamos 150 quintales de panela granulada. Para este año, ya hemos completado un pedido de 500 quintales y se está preparando un segundo pedido,” explicó el Gerente de Comercialización de ACOPANELA, Leonel Reyes.
Reyes comentó que antes de exportar pasaron por un proceso de preparación y análisis de su producto para alcanzar las normas de calidad establecidas dentro del mercado de Estados Unidos. Su producto cuenta ahora con el debido registro sanitario, código de barras, empaque adecuado y es una marca registrada.
La cooperativa produce además: panela, panela saborizada, azúcar granulada, batidos tradicionales, batidos gourmet que contienen cerezas y mieles saborizadas. |