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Basurero con sensor de movimientos moderniza la forma de tirar la basura

Margarita Salguero
Periodista

Creatividad, innovación y comodidad al momento de lanzar un producto al mercado, son las bases que sienta la carrera de Ingeniería Industrial entre los y las estudiantes de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). La creación de un basurero eléctrico representó para Alicia Jacobo, de 21 años; Ana López, de 21; Verónica Arteaga, de 21; Mónica Alvarado, de 23, y Eillen Lemus, de 24 años, un intento para demostrar que están conduciéndose por esta meta.

Foto: Margarita Salguero

Estudiantes de Ingeniería Industrial, creadoras del basurero eléctrico.

La idea surgió cuando las alumnas cursaban Ingeniería en Manufactura I, el año pasado. Ellas debían proponer un invento de uso doméstico, entonces pensaron en un basurero que funcionara sobre la base de un sensor detector de movimientos. La novedad sería que detectaría a la persona cuando se acercara. Inmediatamente enviaría un mensaje a un circuito, el cual lanzaría un impulso al dispositivo que abre la tapa de manera automática. En el momento que el usuario se aleja, se cierra la tapa. De esta manera, no se utilizan las manos para levantar la tapa ni mucho menos se hace presión con el pié.

“La idea era no usar el pié, porque da pereza; no levantar la tapa, porque te podés ensuciar las manos. Se trata de hacer le más fácil la vida a la gente”, detalla Alvarado.

Las jóvenes crearon este producto con un recipiente de plástico con tapadera. En la parte inferior adaptaron el circuito, el cual era alimentado con corriente eléctrica. También en esa zona instalaron el sensor. Finalmente colocaron un seguro para puerta de vehículo, mecanismo que permitía el impulso de la tapadera.

Si bien el producto no está patentado en el mercado, cada unidad podría tener un costo de 25 a 30 dólares. Éste podría emplearse en centros hospitalarios o en lugares donde se desplazan personas minusválidas, porque el usuario no tiene que tocar el basurero para depositar la basura.

Al respecto, el representante de la Asociación Promotora de la Organización de Discapacitados, Osmín Guevara, opina que en los lugares que se ofrece servicio al público, como bancos, supermercados, existen pocos espacios destinados a personas con discapacidad. “Yo creo que pasarían muchos años para que los empresarios tomaran la decisión de colocar basureros especiales para personas como nosotros, porque no les generaría mucha ganancia, aún si esos basureros nos facilitaran la vida”, criticó Guevara.

Ahora bien, adaptarlo a una demanda como la de nuestro país implicaría ciertas dificultades. En primer lugar por los malos hábitos higiénicos de la población, la cual no se toma el tiempo de buscar un lugar adecuado para depositar la basura.

“Si hablamos de una cultura latina en general, también habría cierta resistencia porque ésta se basa en comprar algo barato y que sirva, y no creo que prefieran comprar un basurero de 30 dólares a uno que les cueste dos dólares”, comenta Eillen Lemus, una de las inventoras.

En este sentido, el mercado de este producto se enfocaría al usuario europeo o a lugares de lujo como hoteles cinco estrellas, porque es en estos lugares donde las personas demuestran actitudes favorables hacia la limpieza y por lo tanto, harían un uso adecuado de este basurero.

La experiencia en este proyecto fue de mucho aprendizaje para las alumnas, porque, como parte de la materia, tuvieron que conocer cómo se patenta un producto. Incluso realizaron un estudio de mercado para conocer el grado de aceptación. Los resultados indicaban reacciones favorables entre empleados oficinas, según lo manifestaron las estudiantes.

Para la realización del proyecto contaron con el apoyo de profesionales en el área y de docentes, quienes le sugerían ideas y les daban ánimos para que sacaran adelante la idea. De hecho, Jaime Morán, uno de los catedráticos que las orientó, planea realizar gestiones para sacar el invento al mercado a través de “Empresarios Juveniles”.

Por su parte, el catedrático de la asignatura Ingeniería de Manufactura I, Carlos Rivas, manifestó que incentivan estos proyectos para generar espacios donde los estudiantes desarrollen su creatividad, creando propuestas interesantes para la vida cotidiana y tener la capacidad de materializar esas ideas. “En su vida laboral, ellos tendrán que estar preparados para gerenciar estos procesos, de convencer a los clientes para que gasten en un determinado producto”, anotó el docente.

La visión de las protagonistas

Las creadoras del invento manifestaron que han aprendido a trabajar en equipo y que han logrado aprender de los errores de los demás. Dicen que lo más importante es continuar estudiando, culminar su carrera y encontrar un buen trabajo donde puedan aplicar sus conocimientos. Arteaga sostuvo que la base es saber ser tolerante con los demás, “saber trabajar en equipo y tener las metas claras”.

Para Eillen Lemus, lo esencial es prepararse académicamente: “Mi meta es graduarme y tal vez continuar los estudios en el extranjero. De ahí todo se lo dejo a Dios, voy tratando de vivir el presente”.

 

 

 

 

 

 

De la mano con la creatividad

 

La demanda del mercado doméstico es siempre el reto de los estudiantes de Ingeniería Industrial, por lo que el año 2006 no fue la excepción para que demostraran sus habilidades en la invención de productos, tales como:

•  Una Lámpara controladora de tiempo con sensores, la cual se encendía cuando se acercaba una persona al lugar donde ésta se ubicaba.

•  Doblador de camisa: Superficie de madera en la que se acomodaba una camisa y facilitaba doblarla.

•  Trapeador con rociador: Facilitaba el trabajo doméstico, porque incluía una manguera en la que se depositaba un líquido limpiador de piso.

•  Sombrilla con lámpara: Esta sería de gran utilidad para las personas cuando llueve, sobre todo en las noches, porque permitiría una mejor visualización del camino.

•  Lustrador de zapatos eléctricos.

•  Alarma de puerta adaptada a una refrigeradora, la cual indicaba si ésta se encontraba mal cerrada.

•  Lámpara 2 en 1: Funcionaba como lámpara de mano y para escritorio.

•  Sistema automatizado de regado: Estante en el que se podían colocar macetas, las cuales eran regadas a determinada hora del día por un sistema adaptado a dicho mueble.

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