Muchos ruidos, pocas voces
Carlos Araujo
Periodista
Las luces del Parque Libertad aún están encendidas. Una veintena de personas se desplazan por las aceras. Pocas unidades del trasporte público circulan en los alrededores, y un autobús que había permanecido estacionado hace sonar su bocina, como un tren que anuncia su partida o un despertador que avisa que el día llegó.
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Foto: Carlos Araujo |
Quienes se dedican al comercio informal en el Centro Histórico se ven expuestos a los efectos nocivos de la contaminación sonora. |
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Son las cinco y media de la mañana en el Centro Histórico de San Salvador, en cuestión de minutos el lugar se irá llenando de ruidos, que no dejarán la ciudad hasta que la noche llegue.
Los primeros ruidos en aparecer son los del trasporte colectivo, buses, microbuses y pequeños “camioncitos”. Entrada la mañana aparecen los altos parlantes de vendedores de Cds piratas, algún almacén que intenta llamar la atención de los transeúntes, y los gritos de vendedores ambulantes. La contaminación sonora que se acumula en un área de veinticinco cuadras es con seguridad una de las más grandes del país, y de las más nocivas para quienes transitan y trabajan en el lugar.
Antonio Peraza es un guarda de seguridad, que vigila los locales de un pequeño centro comercial a dos cuadras de catedral, realiza turnos de 24 horas cada dos días, expuesto al ruido. Para él de los más incomodo de su trabajo son “el ruido, los pitos que dan”, asegura que al terminar su trabajo llega a su casa tenso y nervioso.
En un estudio realizado por el Dr. Daniel Bernabeu en España se afirma que uno de los efectos de la contaminación sonora es en los estados de ánimo, generando estrés, agresividad, irritabilidad, entre otros.
Pero el ruido no solo afecta los estados de ánimo, también repercute en el organismo. La exposición prolongada a ruidos intensos causa la perdida de la capacidad auditiva y esto es irrecuperable. Esta podría ser la experiencia de Herbert Sibrian, un vendedor de Cds que asegura ya estar acostumbrado al sonido intenso de sus parlantes, y que esto no le afecta, sin embargo a pesar de bajar el volumen de su equipo al hablar eleva la voz, casi grita.
Lo mismo sucede con otros vendedores de música que se encuentran en el Centro Histórico, todos afirman estar ya acostumbrados al ruido, pero con dificultad entienden, a pesar de reducir el volumen de sus equipos, cuando se les habla en un tono poco más elevado del normal.
En una intercepción frente al Palacio Nacional, una hilera de buses hacen sonar sus bocinas, a fin de abrirse espacio en el tráfico, a pocos metros un niño intenta estudiar al mismo tiempo que atiende su venta de dulces y cigarros. Es sabido que el ruido impide la concentración y dificulta los procesos de aprendizaje,
Ester Cornejo, facilitadora de una fundación dedicada a la formación de mujeres en diferentes campos y que se encuentra en el Centro Histórico, afirma que el ruido afecta su trabajo: “es difícil concentrarse uno esta repitiendo por ejemplo a las alumnas una y otra vez, personalmente afecta mi salud, me duelen mis oídos, mi garganta.”
Muy a pesar de la ordenanza municipal sobre el ruido, el problema parece no tener solución, y por el contrario parece incrementarse, ya que algunos almacenes y supermercados están optando por poner equipos de sonido en las afueras de sus establecimiento, esto aumenta la contaminación y muy a pesar de que todos somos afectados, pareciera que no se realizan esfuerzo por reducirlos. El ruido aumenta y con el los efectos que produce.
El próximo 12 de abril es el día internacional contra el ruido y hasta ahora no parece que alguna institución realice alguna acción o quizá el ruido no permite escuchar estas iniciativas. |