Trabajo de Casa Maya corre peligro por carencias administrativas
Mathilde Palomares
Redacción
Ubicada en la colonia Atlacatl, en San Salvador, este recinto de tres pisos, dos oficinas y cinco salones resguardados por una fachada con bella arquitectura, busca un respiro financiero que le permita seguir apoyando a la comunidad que se aloja a su alrededor.
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Foto: Mathilde Palomares |
Entre las proyecciones actuales de Casa Maya están la creación de una biblioteca, un centro de cómputo y un centro de documentación para la investigación. |
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Aníbal Hernández, Coordinador de Casa Maya, señala que atender a las más de 75 personas que reciben los diferentes cursos académicos y vocacionales anualmente, aparte de las más de 250 que llegan a pedir los servicios en épocas de vacaciones (noviembre a enero), requiere de una inversión considerable que la institución ya no puede costear.
Por eso, dice, necesitan apoyo de entidades “bondadosas” para que puedan seguir brindando ayuda a dicha comunidad.
Actualmente laboran permanentemente cinco personas en Casa Maya y dos profesores por hora; al resto se le reconoce salario a partir de la cuota que se les cobra a los asistentes y muchos de estos profesores son voluntarios.
Pero la mayoría de empleados de Casa Maya son municipales y son justamente los fondos provenientes de la comuna de San Salvador los que escasean. Hernández señala que uno de los principales problemas con los recursos es que la misma alcaldía no ha gestionado ni erogado los fondos necesarios.
La Alcaldía Municipal de San Salvador apoya con aproximadamente 2 mil 600 dólares mensuales, con los que se cubren gastos de recursos humanos (los cinco empleados y los dos profesores) y de mantenimiento (ver tabla).
“Hemos tratado de invertir con lo que está al alcance de la municipalidad”, responde Carmen Rodríguez, directora del distrito # 1 de la Alcaldía, al ser cuestionada sobre por qué no se destinan más recursos para la Casa Maya.
En busca de soluciones
Fundada a iniciativa de Marina Ávalos, recién electa concejal de San Salvador para el gobierno municipal de Violeta Menjívar (FMLN), Casa Maya ha funcionado desde 2002 como una entidad auto sostenible que recibe pocos fondos de la alcaldía de San Salvador.
Para corregir las carencias que se han presentado últimamente, se han implementado cuotas “simbólicas” que pagan las personas para entrar a los cursos, pero éstas no son suficientes para comprar los materiales que se necesitan y reconocerles a los profesores sus honorarios.
Asimismo, varias organizaciones no gubernamentales y la empresa privada han ayudado con donaciones puntuales, pero que no exista un plan de ayuda mensual o anual para el desarrollo del centro dificulta mantener “en caja el dinero”, dice Aníbal Hernández.
Casa Maya ha solicitado el apoyo de instituciones de gobierno como la Secretaría de la Juventud y la Secretaría de la Familia, ya que este es un espacio público donde llegan niños, jóvenes y adultos. Hernández dice que aún no hay respuesta.
Según Mauricio Carballo, encargado de protocolo del departamento de Comunicaciones de la Secretaría de la Juventud, no se está trabajando con la Casa Maya “ni está en nuestros planes, porque no forma parte de nuestras labores”.
La voz de los usuarios
Este centro vocacional, que brinda talleres artístico-culturales, clases deportivas (karate para niños y aeróbicos para mujeres) y talleres vocacionales “con visión microempresarial” se ha convertido en un pilar para la comunidad.
“Desde que se abrió, la juventud y nosotras las mujeres sentimos que nos hemos desarrollado”, comenta Carolina Rivera, quien ha recibido talleres de piñatería, cosmetología y floristería desde 2002.
El hijo de Carolina, David, también se ha beneficiado con las actividades que ahí realizan. Hace un año participó en las clases de dibujo y pintura, y este año inició con los talleres de guitarra. “Me gusta lo que me enseñan”, dice.
A David, además de las actividades culturales, la Casa Maya le ha facilitado este año refuerzos académicos en sus estudios con clases guiadas por profesores particulares, incluyendo estudios básicos del idioma inglés, clases de matemática y de lecto-escritura.
Mientras la respuesta llega de alguna de las instituciones a las que se ha solicitado apoyo, Aníbal Hernández manifiesta que el trabajo del centro debe continuar dispuesto al público. “Aunque sea ad honorem , pero tiene que seguir funcionando”, dijo. |