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Cendepesca entregará a pescadores los moluscos producidos en laboratorio

Gracia Raquel Rodríguez
Redacción

A finales de abril, El Centro de Desarrollo de Pesca y Acuicultura (Cendepesca) y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (Jica) entregará a los recolectores de moluscos de la Bahía de Jiquilisco, en el departamento de Usulután, las ostras y conchas producidas en el Laboratorio de Reproducción y Criadero de moluscos, ubicado en el caserío La Pirrayita.

En el laboratorio se producen las “semillas” o larvas de curil, los “cascos de burro”, y las ostras locales y del Pacífico, con el fin de adelantar su proceso natural de reproducción y desarrollo. Las larvas son colocadas dentro del “vivero”, y luego de dos meses, son entregadas a los recolectores para que las coloquen en parcelas o cajones de tres metros cuadrados. El control de su crecimiento llevará siete meses.

“Esto nos ayuda bastante porque también aprendemos a cultivar la concha, y así ya no tenemos que sacarla de la Bahía. También la gente (los compradores) las buscan más (las conchas), porque son más grandes que las normales (que no son de vivero)”, comentó Carmen Ramos, de La Pirrayita.

La producción de los moluscos es supervisada por 15 biólogos japoneses, y la de Cendepesca, la supervisa Reyna Pacheco. Ella afirmó que lo que se pretende es beneficiar a las comunidades recolectoras y comerciantes de moluscos, ya que en la actualidad estos se importan de países como Nicaragua y Chile.

En esta etapa, cinco comunidades, conformadas por 30 personas entre hombres, mujeres, niños y niñas que viven de la pesca y recolección de ostras y conchas, participan en el proyecto. Estos pescadores ya aprovechan las ventajas de producir en el laboratorio, porque el proceso natural de reproducción de los moluscos dura tres años. En cambio, con el cultivo, se reduce a siete meses.

Uno de los primeros resultados es obtener mayores ingresos económicos, debido a que los participantes tienen el producto listo para ser comercializado en menos tiempo “Ahora con el laboratorio nos queda más tiempo, y el dinero nos va llegar mas rápido, porque la concha se tarda menos tiempo en crecer”, dijo el curilero Julián Ramírez.

La responsable

Cendepesca se encarga de cultivar la semilla o larva, y cuando esta alcanza su desarrollo, los cultivos son entregados a las comunidades para que vendan los moluscos. “De esta forma estamos contribuyendo con las familias de los recolectores y evitando la explotación infantil”, explicó la encargada del Laboratorio, Teresa Flores, y agregó que “actualmente, alrededor de 300 niños residen en esta zona costera, y la mayoría de ellos se dedica a la extracción de ostras y conchas”.

Sandra, curilera de nueve años que vive en San Islario, contó que sólo en la mañana ayuda a su mamá a sacar la concha, “y en la tarde voy a la escuela, antes iba casi todos los días y estudiaba menos”.

El proyecto además contempla la colocación de 46 arrecifes artificiales, hechos de roca natural, que serán colocados en la zona costera del departamento de La Unión a mediados de este año. Las estructuras permitirán que la concha y la ostra se adhieran en ellos, y se reproduzcan. “Los moluscos, por su naturaleza, necesitan tener un lugar dónde adherirse, para poder llevar a cabo su desarrollo. Con esto también contribuiríamos a un aumento del 60% en la producción de la concha”, explicó la bióloga Pacheco.

Las principales comunidades beneficiadas son: Cooperativa Gaviota, Mancornados, San Islario, El Joval y Puerto Ramírez. Sin embargo, la invitación sigue abierta para todos aquellos que quieran integrarse al proyecto, ya que según Pacheco, la única condición es que los interesados tengan una organización comunitaria.

“A nosotros nos beneficia. Tenemos más ganancia, porque en los mercados la libra de concha se vende por dos dólares, y como aquí el producto es más grande y más limpio, buscamos negociar con la gente de los restaurantes que lo compran a mejor precio”, comentó María López, integrante de la comunidad Las Gaviotas.

El proyecto del laboratorio tiene una duración de tres años, y un costo de 3 millones 800 mil dólares, de los cuales, el Gobierno de Japón cooperó con 3 millones 500 mil. El resto del financiamiento, 300 mil, los aportó el Fideicomiso Pescar, fondo general que el gobierno salvadoreño destina a proyectos relacionados con la industria pesquera del país.