Remitido en el infierno
Por
Erik Henríquez
Periodista
A sus 26 años, Ronald Martínez dice haber vivido la peor experiencia que un hombre pueda experimentar. Según manifiesta, los siete meses que pasó recluido en el penal de Apanteos le sirvieron para conocer la decadencia que sufren estos lugares.
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Foto: Erik Henríquez |
El joven de 26 años fue remitido por supuesta violación a una menor de edad. |
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P. ¿Cómo definirías tu experiencia dentro de un penal de El Salvador?
R. Mirá, la verdad es algo que te ayuda a darte cuenta de que uno, a veces, deja de ser persona para ser animal. En la cárcel te tratan como eso, como que fueras un cerdo.
P. ¿Por qué decís eso?
R. Porque ahí, uno no tiene derechos. Uno ya no es persona. A veces pasaba semanas sin dormir porque estábamos hasta siete personas y en la celda apenas caben tres. Tenía que dormir parado a veces.
P. ¿Bajo qué cargos estuviste remitido?
R. A mí una bicha me había acusado de que la había violado. Por suerte se fue para el norte y me lograron sacar porque ya no se presentó a las audiencias.
P. ¿Qué fue lo peor que viviste dentro del penal?
R. Todo viejo. Ahí hasta para tomar agua tenés que hacer cola. A veces pasás días completos sin bañarte. O si no, encontrás los sanitarios sucios, llenos de excremento hasta en el suelo porque ya no cabe en la taza. Eso es triste.
P. ¿Hay maltrato por parte de las autoridades?
R. Fijate que no. Los maitros (seguridad) ahí son bien calmados. Lo yuca es las condiciones en las que uno vive ahí. O sea que vos dejás de ser persona para ser animal.
P. ¿Existen modos de entretenerte dentro del penal?
R. Mirá, hay días en que te pasan películas o poder ver televisión. Solo eso. Antes dicen que organizaban eventos deportivos, como intramuros, pero desde una vez que hubo un desorden adentro ya no los hacen.
P. ¿Y qué hacen durante el día?
R. Nada. Fijate que yo tenía miedo de salir de la celda porque el otro problema es que vos no sabes quién te puede joder afuera. Un indito puede ser pero no sabés si anda alguna punta y te puede joder. Ahí la gente así es, si le caiste mal a alguien, te traba y le vale. Tuve suerte de que no estuve con los mareros.
P. ¿Viste a alguien que trataran mejor?
R. Cuando yo estuve ahí, también estaba García Prieto. A ese maitro, dicen que hasta televisión tenía en su celda. Pues sí, como tenía billetes, a él lo trataban mejor. Si yo hasta suerte tuve en salir libre men. Porque él tenía varias comodidades. Le llevaban comida de otro lado, el diario. A mi mamá, a veces le decomisaban la comidita que me llevaba.
P. ¿Alguna vez sufriste algún tipo de maltrato?
R. Sí fijate. Solo una vez que tuve una bronca con un chero, un policía me dio una gran vergueada.
P. ¿Qué es lo más difícil de soportar dentro de un penal?
R. La soledad. Y que a veces ni pisto para un cigarro tenés y talvez deseando uno.
P-¿No recibías visitas?
R. Una vez llegó mi mamá y mi hermana, pero les dije que dejaran de llegar porque unos batos se clavaron con ellas. Me estaban preguntando dónde vivían.
P. ¿Temías por su seguridad?
R. Pues si. Vos no sabes el tipo de gente que llega ahí. Y lo peor es que al rato salen y te pueden buscar. Ahí lo mejor es andar tranquilo y no meterse con nadie.
P. ¿Luego de eso, te siguieron preguntando por ellas?
R. Fijate que gracias a Dios, los pasaron al recinto seis y ya no los vi.
P. ¿Te sentías inseguro dentro del penal?
R. Pues si loco. Ahí toda la mara tiene sus puntas (armas blancas). Si un cabrón te quiere joder te jode y ahí se queda todo. Adentrono hay seguridad.
P. ¿Cómo hacen para conseguir esas armas?
R. Mira. La mara de cualquier cosa hace armas. De puntas de cepillos, de ramas de los palos. Solo les sacan filos y ya con fuerza bien se meten en el cuerpo.
P. ¿Contabas con alguna de ellas?
R. Simón. Tenía un pedazo de lata de gaseosa. Por cualquier cosa.
P. ¿Crees que estar remitido en un penal contribuye a la recuperación de las personas?
R. No. Al contrario. Ahí se aprenden mañas que afuera no se conocen. Como no hay nada bueno que hacer tenés tiempo para aprender cosas.
P. ¿Cómo ves el penal ahora que estás libre?
R. Igual, loco. Esa cosa es el mero infierno. Imaginate un lugar lleno de excremento, te enfermás por oler tanta cochinada. Adentro, no hay ni un lugar limpio, no hay seguridad, te bajan (roban) tus cositas y no podés decir nada. No te digo pues, ahí pareces un cerdo. Porque uno vive todo el tiempo con la cochinada, oliendo solo orines y excremento. |